Vuestros cuentos 

RELATO DE UN BESO DE VERANO

Enviado por piojodelrojo  

El mar me anticipa, y en unos metros ya había besado sus pies, sus muslos, tambien habia rodeado sus caderas con fuerza, y con algo de debilidad seguía besando el resto de su bronceado cuerpo semidesnudo…
Entre toda esa corriente natural, que seguía conquistando el terreno de su cuerpo en forma ascendente, poco a poco y con la ayuda del descuido de las olas, logré anclarme a centímetros de su mirada, aguachenta, nublada…
fueron 5 segundos los que necesité para recobrar el aire que la corriente me había quitado, 5 segundos para que mis manos reaccionaran y rozaran sus brazos, ya cenizas, pero todavía abrasadores, fueron otros tantos segundos más para que pudiera sentir sus manos sobre mis hombros. El peso de nuestra respiración pareciera haber alisado el mar… y el tiempo, la temperatura y el aire se detuvieron. Los segundos ya no contaban, toda el agua en su cuerpo olvidó su curso y quedó imantada a su piel, adoptándola como su nuevo mar. Mis manos ya estaban sumergidas en su cintura, sus pechos marcaban como un hierro candente mi piel… ya nada podía detenernos, me incliné suavemente con los ojos abiertos y apunté mis labios al centro de los suyos, no hubo acierto, el beso comenzó casi al limite con su mejilla izquierda, pero rápidamente corregí o corregimos al unísono la dirección de nuestras bocas. Sentí una suave presión de la totalidad de sus labios sobre los míos, ella con los ojos cerrados se dejó llevar, brevemente intento dibujar, rozando con más destreza que ligereza, las fronteras de sus besos, jugando con las gotas de agua que todavía quedaban estancadas en su pronunciado labio superior... pero no aguanto... no soporto más el frío lejos de la profundidad de su boca y me vuelco con tal fuerza que las gotas de agua que aún quedaban en nuestros rostros se esparcen a varios metros, fue una explosión de ansiedad, y no tardo mucho en darme cuenta que me está devolviendo el beso con las mismas ansias. La falta de aire hace que nos separemos, ella se siente tan débil después, que se apoya en mi pecho para no hundirse en el océano.

- Todavía seguís con esa loca idea de irte? - Le susurro, mientras dejo caer su cabeza en mi hombro -. No es justo.
- La vida no es justa... - sentenció -

Victor Peralta

100.00%

votos positivos

Votos totales: 5

Comparte:

..No sé

Enviado por alheli  

La niña tomo su diadema y desde los reflejos del sol en su cabellos, se irguieron orejitas blancas con rosa, peluditas se doblaban alegres o tristes sin depender del corazón.
Sus zapatos rojos con la sangre de la caoba, con la sombra enmarcando el vuelo amplio de su vestido, se cerro el armario.
Afuera el tocador empalidecia lleno de una humareda de polvoretes. Mañana nacería un crisantemo rojo en la catedral de España,
Y el rosal lloraba ya sin espinas
La niña ya no estaba, y afuera la fiesta de té.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Hilo Rojo

Enviado por arrigo  

Hilo Rojo, decían que la persona correcta me uniría, a pesar de la distancia, el tiempo, aunque nuestros caminos fueran distintos, ese hilo volvería unirnos.

Nos dejamos de ver, fueron muchas lunas sin ti, te extraño, le hacías falta a mi vida, que puedo decir, no estaba el amor de mi vida, pero pasó el tiempo, transcurrió, siempre volvimos.

Solamente queda decir, que el amor verdadero existe, llega. Solamente debes esperar a la persona correcta.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Regalo en G bemol

Enviado por alheli  

La sombra de sus jóvenes manos sobre las hojas de papel, y arrancó una de todo un legajo. Color lavanda tonos en menta. Sobre ambas dormirán los grumos de tinta negra. Tejido rosa paseándose por el vórtice del escritorio, su mejilla adormecida entre sus dedos y los codos pinchándose en la madera barnizada. Entonces recordaba...y retomaba a aquel bolígrafo que se le resbalaba, y se revolvía entre aquel vacío de corteza machacada, lisa y grumosa. Y entonces escribía, de su sentimiento saltaba un signo de exclamación con un corazón en lugar de un punto. Y seguía, trabándose a veces, y temblando sus labios dudaba en escribir después. Y volvíase ante la pila de papeles, suspirando volvía a detenerse.

Al final poco antes de que pasase ese atardecer, la carta sería envuelta. Un sello barato ordenado por línea express, apresaría por unos días las líneas y su emoción. La cera una vez goteante vuelta a secarse, terminaría rompiéndose. Y un joven hallaría junto a la letra. El clarinete que había deseado.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Cortahilos en venta

Enviado por alheli  

...Y no sabiendo como dárselo la hizo sentar sobre unos rollos descoloridos en franela, apoyados sobre una mesa. No sé decidía, miraba las letras del titulo grabadas doradas sobre la tapa, más aún dudaba. Y la beso, inclinando un poco su rostro, alzando un poco la mirada, le alcanzo el rostro y la beso. Acaso fue por el miedo de no saber que decir después que sus labios se detuvieron, metidos en un sentimiento confuso. Ella se aparto, cayendo sus cabellos hasta tocarlo, y de un salto descendió de esa montaña de telas. Con en libro en su mano y la otra sobre el yelmo de su alma, obscurecieron sus labios diciendo: No vengas.

Se quedo el atolondrado, mirando las sobras de su huida, Sin pensar hacerlo, habían sido sus ojos de un café muy dulce y sus pestañas rizadas alcanzaban casi aquellas mejillas apenas empolvadas. La había visto tan linda allí sentada y lo había confundido cuando con gracia monísima lo miro sin protesta, sin que la línea de sus cejas mostrase sorpresa. Y era tan profunda la llave hasta su sonrisa y tan obscura su mirada que todo sentimiento se ocultaba en ella.

Allá en una habitación de conchas rosas, el espejo danzaba por el aire para atrás y para adelante, asintiendo en constante inquietud a aquello que ella estaba pensando. Y ella viendolo se asusto, pues en ese momento pensaba en nada.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Oh mamma

Enviado por alheli  

La casa abandonada. Pedazos de aluminio envueltos en aceite salado. El día no siempre es joven, a veces tampoco duerme. Si mi madre supiese más palabras acaso la habría entendido acaso su biblia alguna vez se hubiese convertido en la mía. Cree que estoy perdida. Cada uno suponiendo las lineas, se extiende la calle para poder caminar sobre ella. Y con todo si ambos saltamos, los cuadros vacíos en el crucigrama no dejan de estorbarnos. La primera en decirle.. Libros como tablas que se amontonan con líneas de dramas falseados. Yo también le habría dicho que no, no conozco su pasado y sigo pretendiendo el mío. Zapatos negros que no eran mentira. Era un juego, como cualquier cosa seria. Las letras dejan su blanco en mis manos y el teclado se cierra. Notas abriéndose cual puertas; dejo a mi soledad ser perseguida. La plaza dejo de ser real cuando le asigne un signo y su zodiaco vino luego a buscarlo. Un querer que tornase en tatuaje luego de que las hojas naranjas ya lo han enterrado. Los pequeños metales en que resguarde la memoria. Me ha vuelto a querer, me trata como pequeña y con las mismas palabras que antier, ¿Donde lo habrá comprado? Farmacias y solo conejos de dos tonos. El cariño en latitas de ciruela cocida. Cerezas rodeando el talle rosado.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Cuatro años

Enviado por alheli  

Dos cadenas para cada luz. De la luz, su sombra. Son diferentes. Un oso, pequeño, con cuatro circulitos como huellas; se refugia abrazando el cono maderil. Farol de tela. Iglú que abriga dos luciérnagas. Hoy esperé por la tarde, y así como ayer de la tarde vino otra tarde. El nissan gris no estaba. Blancas y suaves azules las ligeras telas de cortina. Castaño ventilador sobre el fondo de lejano y abrigador verde.

El cachorro negro y blanco no salto hasta mí. Solo ladró, luego me miró, y luego calló. Me agrada, tenemos semejanza, viniendo a refugiarnos en la casa que no es nuestra. No puedo estar segura, por ello le sigo queriendo. Me pregunto quién habrá dividido el día y las horas. Cuando me levanto, el aliento cálido de mi colcha verde, me recuerda quien fui ayer. Y entonces me parece que cada noche es un siesta, un relevo de la luz. Y no otro día.

50.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

Cadenas en la plaza

Enviado por alheli  

Las nubes se desdoblaban como cartas, formando distintas barajas entre las alturas del cielo. Puede que la oración tuviese más palabras pero "déjame" estaba entre ellas. Su cuello sobre la almohadilla, se sintió triste por su dolor, recordó las pequeñas gotas que el atardecer le había ocultado cuando no había llegado. Estaba en su pena y no pudo hablar. Un cumplido que se rasgo con la nota de cuerdas por la estática rojiza. Moneda de centavo que resonó en el fondo maderil de la pequeña inolvidable. No la abrazaba por temor a molestarla, y temiendo caer destrozada sobre él, ella tampoco se acerco.

Amistades que apretaban distancias, las piedras se unían formando un solo escalón. Más para la jovencita hubiese deseado estar atada a él, pues aún así estaría lejos. En el reloj falso de las noches, cada lámpara impera en su compás. Luz de corazones de gises sobre el verde y el gris.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Ayer

Enviado por alheli  

Estaba mi hermana contandome un historia...de pronto en el momento más desgarrador en que se separan los amantes ella se detuvo. Yo le urgía entonces preguntando
-¿Y que sucedió?
-Su madre se lo llevo y ella no pudiendo arrancarselo del alma, fue y se arrojo a las vías del tren encontrando su muerte. El mismo tren que se llevo por quien se ahogaba su corazón, llevo con ella...¿No es hermoso?Yo quisiera tener una muerte así, pero soy muy desafortunada, morir en las vías de nuestra estación de metro tan mugre y de anaranjado chillón...no saldría poesía de esa muerte ni aún a medianoche y sin embargo sí que sería triste.
...Mi hermana...rezo todas las noches por que no se enamore.

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Cuento

Enviado por alheli  

El hombre quería vivir la vida
y lo quería tanto y tan fuerte
que lanzo su voz para quejarse
de la única manera en que sabía quejarse: olvidando
Y olvidó...
...Su hogar, su mujer

100.00%

votos positivos

Votos totales: 1

Comparte:

Desde el 1 hasta el 10 de un total de 323 Cuentos

Añade tus comentarios