32 Cuentos breves 

UN TESTIGO DE JEHOVÁ SE...

Enviado por gabl  


Un testigo de Jehová se sienta junto a un maracucho en un vuelo.
El maracucho pide un Whisky con soda.
La azafata le pregunta al testigo de Jehová si quiere beber algo:
- Prefiero ser raptado y violado salvajemente por una docena de prostitutas de Babilonia antes que una gota de alcohol toque mis labios.
El maracucho devuelve el Whisky y dice:
-Yo también. No sabía que se podía elegir esa verga!
Gustavo Adolfo Mendoza Rincón

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DOS ANCIANOS ESTABAN EN EL...

Enviado por gabl  

Dos ancianos estaban en el Asilo sentados bajo un árbol conversando, uno se voltea y le dice al otro:
-Jaime tengo 83 años y estoy lleno de achaques y dolores-.
Yo sé que tú tienes más o menos mi edad
¿Cómo te sientes? -
"Yo me siento como un recién nacido"
¿como un bebé?
-Así es, sin pelos, sin dientes, y acabo de hacerme pipí en los pantalones.
gbl
30/10/2017
Anónimo

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Fleming y la penicilina

Enviado por miigueloso02  

Ese día en clase de ciencias tocaba hablar de grandes descubrimientos. A Carlos le encantaba conocer historias sobre inventos y hallazgos que habían cambiado el mundo, así que estaba muy contento e impaciente por saber de quién o qué iban a hablar. Ese día, la profesora empezó la clase con una pregunta:

-¿Habéis escuchado alguna vez la palabra penicilina? Seguro que sí. ¿Sabéis para qué se usa o quién la descubrió? ¿Y que hay personas que son alérgicas como otras lo son a la leche? Ahora lo vamos a ver porque es muy interesante.

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Inevitable final

Enviado por dudu  

Estaba acostado, con los ojos cerrados, todos me pedían que no lo hiciera pero lo hice; al parecer no tenía que morir.

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CON TRISTEZA

Con tristeza, el camaleón se dio cuenta que para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.

Autor del

cuento

: Alejandro Jodorowsky

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Silencio

Enviado por gabl  

Silencio.
(No lo tomo como cuento mas bien una reflexión)

Mi mente es un caos, no logra ordenar ideas, ni coordinar pensamientos. Ando deambulando sin sentido, errante entre palabras inconclusas que no forman alguna oración o frase, que me permita escribir una línea que le diga a tus ojos la pena que consume mis días.
Estoy perdido en al abecedario como niño deletreando sus primeras sílabas.
La escritura como expresión de mi dolor angustioso no fluye como la tinta de la pluma del poeta. Queda en el aire la inspiración que motiva a plasmar sobre el papel la prosa alegre o llena de nostalgia.
Pero mi mano temblorosa no obedece a los impulsos que le ordena mi yo interior a trazar rasgos que expresen lo que mi voz calla. Hay silencio en mis manos, en mi mente nublada.
Pensativo elevo mi vista al firmamento, al azul infinito manchado de escasas y pálidas nubes que semejan ovejas en pastoreo.
El cielo es cómplice de la incapacidad mental que atormenta la razón e impide que la palabra escrita se manifieste oralmente o que sea el eco del sonido que el corazón emite sin ser escuchado.
¡Cuánto silencio hay en mí alrededor!
gbl
07/04/2017
Derechos Reservados de Autor.

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DISCUSIÓN

Dos monjes tenían una discusión a la orilla del río. El maestro, que en ese momento pasaba, se acercó a ellos y les preguntó sobre que se trataba su debate. "Estábamos mirado aquél árbol, y dije que las hojas se movían, pero mi compañero dice que es el viento el que se mueve", dijo uno de los monjes.
El maestro miró al árbol, luego a sus discípulos y les dijo, "es su mente la que se mueve".

Autor del

cuento

: Cuento tradicional budista zen

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PERCHERO

Odiaba al perchero: de él todavía colgaban la bufanda y el sombrero que ella no quiso llevarse. De vez en cuando lo abrazaba.

Autor del

cuento

: Mirco Ferri

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UN MILAGRO

Le habían asegurado que la Sagrada Imagen retornaría el movimiento al brazo paralizado y la señora tenía mucha fe. ¡Lo que consigue la fe! La señora entró temblando en la misteriosa cueva y fue tan intensa su emoción que enmudeció para siempre. Del brazo no curó porque era incurable.

Autor del

cuento

: Llorenç Villalonga

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MANOLO...EN LA PLAZA ESPAÑA

Enviado por carisima  

Parecía una caricatura que camina sobre la superficie lunar, por la imagen que devolvían de mi figura las grandes vidrieras, reflejando una enorme mochila sobre la espalda, llena de regalos y recuerdos para entregar a mis amigos al retorno de aquel viaje.
Caminando por las calles de La Gran Vía con un listado de tantísimos encargos escritos en el celular, consultado cada vez que algo llamaba mi atención. De tanta compra y esparcimiento, ignoro cuantas horas llevaba a ese ritmo rápido y agitado.
Llego un momento en el que no sabía dónde estaba, desorientada y sin norte. Sin embargo seguía caminando, al paso de calles diferentes no concurridas en contraste con las que transite horas anteriores. Buscaba un lugar apacible donde descansar un momento. Cruce una avenida y encontré al frente una plaza o parque de gran extensión. Dude primero, en acercarme porque unos gitanos mojaban sus ropas en las aguas de la fuente.
Hice a un lado los reparos, era más el cansancio que medir los peligros.
Bordeando la presencia de los gitanos, descubrí al fin los asientos de la plazuela, había varios vacíos y en particular uno de ellos estaba ocupado a un costado, por una persona de la tercera edad. Me pareció adecuado, sentarme al otro extremo- En caso de peligro habría un testigo.
Descargue el equipaje, lo coloque al medio del asiento y saque el bebedor de agua que tenía en la mochila, prendí un cigarro y me regale tiempo de descanso. No me interesaba, quien estaba sentado a mi lado, solo quería consultar el “google maps”, para averiguar la ubicación y cómo llegar al hotel.
Percibía la mirada del señor que se encontraba sentado al otro extremo del asiento y no obstante me sabia observada, continuaba consultando mi celular.
- Sois de Madrid? , me preguntó.
No quise contestarle, para no iniciar conversación, el hombre insistió.
Lo mire, insegura de la respuesta, le dije a secas “no”
- De donde entonces, insistió
- Soy turista, respondí a secas.
Mi compañero de asiento en la plazuela era un anciano.
De pronto vi su figura, delante mío, con una lata de Coca Ligth.
- Toma te invito, no te ofendas.
Deje el celular encima de mis piernas y recibí la bebida. Observe el envase con disimulo, tantas historias que escuche en mi país, sobre bebidas adulteradas, con droga y pastillas, que era prudente y necesario inspeccionar primero, - sí, estaba sellado-, el detalle despejo la desconfianza. Y dentro de mi garganta casi sin voz le dije, “Gracias”
El anciano, estaba vestido con una polera a rayas y unos jeans antiguos y despintados, su cabeza coronada de pelo cano y la cara raída de caminos profundos, resecos de los años.
Con paso lento, tardo unos segundos en volver a sentarse, la cuenta de los años estaba reflejada en la pesadez de sus movimientos, tomo asiento.
Un silencio rodeaba nuestro ambiente de descanso. No expreso nada más.
Aquel silencio, extrañamente me empezó a inquietar, porque no me habla, fui descortés o quizás se sintió ofendido, estará enfermo?, me preguntaba. Ya no podía, mas permanecer callada, inicie la conversación.
Le pregunte su nombre, detalles de su vida, porque estaba sentado en la plazuela, cuál era la razón de invitarme un refresco, lo cuestione sin darle opción a que Manolo, como se llamaba, pudiera indagar nada de mi vida, el solo sabía que yo era una turista y era suficiente, por seguridad.
De tanta pregunta, la conversación se hizo amena y además directa, no era necesario que me preguntara sobre mi vida, sola yo le contaba todo lo que me parecía importante, en el intercambio nuestras miradas se encontraban y poco a poco iba adentrándome en aquellos ojos envejecidos, que me hacían descubrir otro mundo, no conocido.
Manolo era un hombre de edad avanzada, tenía 81 años, había ejercido como profesor de lenguaje durante toda su vida, hace 5 años que había perdido a su esposa.
- Ella se fue y aun no hay todavía una forma de volverla a encontrar, hasta que Dios lo disponga.
La confesión me rasgo el corazón. Retire la mochila que nos separaba y me acerque un poco para continuar con la charla. Tienes hijos? fue una forma de desviar la conversación, para que no sufriera.
- Si, dos mujeres, ambas partieron con sus familias, no viven cerca. Voy a pasar el invierno todos los años, alternando para estar con cada una y mis nietos.
Vivía solo en una casa, que pago durante toda su vida con gran esfuerzo.
- Construimos juntos nuestra casa y cuando estaba como queríamos, las hijas se casaron, nos quedamos solos. Carmen se enfermó de cáncer y durante 6 años la lleve a quimioterapias al servicio médico, hasta que un día me dijo que se cansó y se fue…-
- Manolo, por qué no te vas a vivir con una de ellas? Le pregunte.
- Los abuelos tenemos nuestras manías, todos los días me levanto al alba a prender una vela a Carmen que me alumbra, vengo a la plazuela donde tomaba el fresco de la tarde, para olvidarse de los dolores. Donde viven mis hijas, no tengo esos recuerdos. Me encuentro con Carmen cada tarde aquí en Plaza España.
Quede tan atribulada de sentimientos como la mochila, llena de suvenires, ya no entraba nada, ni una sola palabra más, pero tampoco quería retirarme.
Me hice eco de esa nostalgia serena y resignada, no podía articular palabras de aliento. Vinieron a la mente tantas personas conocidas y solitarias, seguramente sienten lo mismo que Manolo, escudriñando sombras en recuerdos que no dejan que el tiempo les quite el color, se resisten y esperan.
En otro tono de voz, le pregunte su dirección. Saco de su bolsillo un lapicero y un celular antiguo con teclado muy grande, especial para ancianos.
- No te preocupes le dije, apunto en mi celular.
Me miro y abrió sus ojos claros, casi transparentes. - Ya anotaste? me pregunto- . Mientras continuaba pulsando el teclado, tomando nota de algunos detalles para algún día, escribir sobre este encuentro. Manolo observaba.
- Este lapicero, fue un regalo del Director de la Escuela donde trabaje 40 años, quiero que lo conserves.
No merecía tan preciado artículo, me quede en silencio.
- Toma no dudes, es solo porque quiero que sepas que hace 5 años, no había conversado con nadie y quiero agradecerte por escuchar a este abuelo toda una tarde. Que Dios bendiga toda tu vida, dijo con la voz entrecortada.
Busque en la mochila un Rosario Católico, que todos los días me acompaña y en esta ocasión, antes de llegar a Madrid, en la ruta turística, había conocido la gruta de la Virgen de Lourdes y encontrado una pieza muy singular; un rosario engarzado en perlas rosadas, tan hermoso y delicado, como la maravillosa experiencia de crecimiento que me regalo la vida al conocer a Manolo.
Sin dudarlo lo escondí en mi mano sudorosa. Espere que me alcanzara el lapicero y salte para abrazarlo por única y última vez. Luego de unos instantes de cálido acercamiento, que me inspira a calificar el abrazo al alma desnuda y nostálgica de Manolo. Humedecí su ropa con mis lágrimas y coloque el objeto en el bolsillo de su polo, sabía que la probabilidad de no volverlo a encontrar era la más cierta.
En esa despedida, me dijo casi sin voz, me case con Carmen en la Gruta de Lourdes, si vuelves a Madrid, estaré aquí en el mismo asiento de la Plaza España.

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Palabras

Enviado por gabl  

Cuando mi voz se apague, con ella se irán las palabras que no quieres escuchar. Las palabras punzantes, de reclamo. Las que hablan de amor, de ternura, las palabras que se pronuncian muy quedamente para no romper el silencio cuando se reflexiona en busca del significado de las mismas.
Con ellas se irá el alma y quedará el eco retumbando entre paredes frías, sin vida, sin ondas sonoras que rebotar que regresen a tu sistema auditivo.
Serán las últimas palabras que perturbarán tu sentido del oído y cesarán las quejas y lamentos lastimosos que mortifican tu paz interior.

gbl
27/11/2017
Derechos Reservados de Autor

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El leñador honrado

Enviado por mitristeza  

Érase una vez, un leñador humilde y bueno, que después de trabajar todo el día en el campo, regresaba a casa a reunirse con los suyos. Por el camino, se dispuso a cruzar un puente pequeño, cuando de repente, se cayó su hacha en el río.

“¿Cómo haré ahora para trabajar y poder dar de comer a mis hijos?” exclamaba angustiado y preocupado el leñador. Entonces, ante los ojos del pobre hambre apareció desde el fondo del río una ninfa hermosa y centelleante. “No te lamentes buen hombre. Traeré devuelta tu hacha en este instante” le dijo la criatura mágica al leñador, y se sumergió rápidamente en las aguas del río.

Poco después, la ninfa reapareció con un hacha de oro para mostrarle al leñador, pero este contestó que esa no era su hacha. Nuevamente, la ninfa se sumergió en el río y trajo un hacha de plata entre sus manos. “No. Esa tampoco es mi hacha” dijo el leñador con voz penosa.

Al tercer intento de la ninfa, apareció con un hacha de hierro. “¡Esa sí es mi hacha! Muchas gracias” gritó el leñador con profunda alegría. Pero la ninfa quiso premiarlo por no haber dicho mentiras, y le dijo “Te regalaré además las dos hachas de oro y de plata por haber sido tan honrado”.

Ya ven amiguitos, siempre es bueno decir la verdad, pues en este mundo solo ganan los honestos y humildes de corazón.

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EL MUNDO

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.

Autor del

cuento

: Augusto Monterroso

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ENCUENTROS

Él nunca decía cuándo iba a volver. Ella no sabía a qué hora preparar el corazón.

Autor del

cuento

: Rosa Salgado Suárez

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EL CAMELLO BAILARÍN

Obligado por su dueño a bailar, un camello comentó:
- ¡Que cosa! No sólo carezco de gracia andando, sino que bailando soy peor aun.

Moraleja: Usa siempre cada cosa para el propósito con el que fue creado.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL RAYO QUE CAYÓ DOS VECES EN EL MISMO SITIO

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

Autor del

cuento

: Augusto Monterroso

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PRESIONES

- Maestro, mis amigos me dicen que está bien que viva preocupado, presionado, porque eso me alienta a hacer cosas, a buscar derroteros, a construir. Tú me dices que no es así. ¿Cómo es, al fin?
- Hijo, el argumento de tus amigos equivale a que te digan que es bueno que te persiga un rinoceronte porque te motiva a moverte. Mejor construye tu vida con la mente serena y sin miedo ni presiones, como te lo digo yo.

Autor del

cuento

: Cuento zen

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SE VENDE

Se vende: zapatos de bebé, sin usar.

Autor del

cuento

: Ernest Hemingway

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Te amo.

Enviado por gabl  


Te escribo esta líneas por que debes saber que;

Te amo, porque me enamoré sin conocerte.
Por el eco de tu voz en mi oído que cautivó sentidos,
opacados y vivos a la espera del sonido que los despertara
del letargo silencioso y olvidado.

Te amo,
porque me enamoré al sentir tu calidez al estrechar la mano
temblorosa que tímidamente entregaste a mí, sonrojada y susurrando pronunciaste tu nombre.
Inaudible, por lo qué pregunté:
¿Cómo te llamas?
¿Rosario?-no señor- María de Jesús.

Te amo,
por tus nombres, benditos e inmaculados.
Seguramente Dios te trajo al camino de mi vida entregada a placeres mundanos.
Envuelta en el pecado carnal desenfrenado Y hoy, reacciono ante tu presencia angelical como un mortal arrepentido pidiendo perdón.
Por eso simplemente ¡Te amo!

gbl
28/11/2016
Derechos Reservados de Autor

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RECUERDO

El cambió su perfume. Ella ya no podría recordarlo al respirar.

Autor del

cuento

: Isabel Paz

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