37 Cuentos breves 

¿Cuánto amor?

Enviado por livan23l  

Viajó un chico desde los rincones más escondidos para visitar al sabio más instruido, le vio a los ojos y con inquietud persistente preguntó al viejo:
-Señor... ¿Cuánto amor hay que tener por una persona para volverse loco?
-Siento decepcionarte chico, pues ningún cuerdo haría esa pregunta.

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la flor magica

Enviado por jportillo2020  

la flor era blanca
olorosa y sabrosa al paladar
un niño se la comio
y se convirtio en un pitoncito
era tan hermoso como aquella flor
florecio callo y murio

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Final sin anuncios

Enviado por antoni0_g  

Ha sido mi último y también la primera gloria el haber rosado tus mejillas con mis labios; un segmento de victoria haber dejado un trozo de amor en el destello de tu rostro.
Si vieras cuán feliz he sido un instante, en ese lapso corto e infinito de tiempo al cobijarme en tus abrazos; no se repetirá jamás pero tampoco morirá.

-Nos volveremos a ver pronto-

Fue nuestra despedida inesperada, un final sin recovecos , sin anuncios, solo terminó el encuentro.

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Confesión

Enviado por alheli  

Y bajo sus párpados protegidos por suaves pestañas se percibia un brillo lejano de altivez...Que bien era y hasta posible que se hubiese algo así como enamorado. Ya la sola idea de haber gustado por su enmarcamiento e intermedio de cuadro. Le parecía pues todo tan lindo, tan puro, tan natural que le inspiraba a pena suya, sentimientos muy contrarios. Hallando que el muchacho en cuestión le aturdía hasta marearle...Y bajo sus párpados protegidos por suaves pestañas se percibia un brillo lejano de altive

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Paseo

Enviado por alheli  

Era linda, era como un juego sin final y bellos gráficos, y coqueteaba en semejanza al sol acariciando vidrios y ciudades. Tenía la costumbre de dejar trocitos de corazón a cada esquina, como si se tratase de pétalos de rosa, migajas que entorpecen el andar. Iba, con su blonda melena en los juegos del viento, apuntando según el tiempo. A todas las horas de un reloj.
Balanceabase, un amor pasaba y otro. Y adelante más andamios. Se abrió el archivo, ruborizandola. Lo había sentido al percibir sus labios de suave púrpura apagado.

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..No sé

Enviado por alheli  

La niña tomo su diadema y desde los reflejos del sol en su cabellos, se irguieron orejitas blancas con rosa, peluditas se doblaban alegres o tristes sin depender del corazón.
Sus zapatos rojos con la sangre de la caoba, con la sombra enmarcando el vuelo amplio de su vestido, se cerro el armario.
Afuera el tocador empalidecia lleno de una humareda de polvoretes. Mañana nacería un crisantemo rojo en la catedral de España,
Y el rosal lloraba ya sin espinas
La niña ya no estaba, y afuera la fiesta de té.

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Coqueta

Enviado por aoac  

Coqueta.

Le puso por nombre a mi calle la calle del beso.
José Mercé.

… sentado en el exterior del bar La Antártida cualquier aventura es sembrar Quijotes. El Diablo hace jugadas y otro responde. Entonces llegan señales. Como esas dos hembras que caminan por la Calle Lealas. Primero miro la más alta. Quien agradece a su vaquero el poco esfuerzo que hace para detallar sus nalgas. Redondas. Sensuales. Sexuales… ¡Ella lo sabe!
Y con el pretexto del pelo ladea su cabeza, me sonríe. En segundos el Diablo prepara una jugada…
--¿Cómo se llama? --pregunto.
--¿Quién? ¿Yo? --y su rostro se marchitan cuando aclaro…
--Tú no. La otra.
--¡Ahhh! Ella es María.
Al escuchar su nombre, la otra; pícara, voltea su rostro. Ilumina el mío. Extiende sus brazos. Nada me salva de su inocente sonrisa.
Por eso no hago resistencia. Despacio la saco del cochecito de paseo. Y en el mismo centro de mi mejilla, con sólo nueve meses de nacida, un alma de Dios me premia con un afortunado beso.


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Coqueta

Enviado por aoac  

Le puso por nombre a mi calle la calle del beso.
José Mercé.

… sentado en el exterior del bar La Antártida cualquier aventura es sembrar Quijotes. El Diablo hace jugadas y otro responde. Entonces llegan señales. Como esas dos hembras que caminan por la Calle Lealas. Primero miro la más alta. Quien agradece a su vaquero el poco esfuerzo que hace para detallar sus nalgas. Redondas. Sensuales. Sexuales… ¡Ella lo sabe!
Y con el pretexto del pelo ladea su cabeza, me sonríe. En segundos el Diablo prepara una jugada…
--¿Cómo se llama?--pregunto.
--¿Quién? ¿Yooooo?--y su rostro se marchitan cuando aclaro…
--Tú no. La otra.
--¡Ahhh! Ella es María.
Al escuchar su nombre, la otra; pícara, voltea su rostro. Ilumina el mío. Extiende sus brazos. Nada me salva de su inocente sonrisa. Por eso no hago resistencia. Despacio la saco del cochecito de paseo. Y en el mismo centro de mi mejilla, con sólo nueve meses de nacida, un alma de Dios me premia con un afortunado beso.


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CON TRISTEZA

Con tristeza, el camaleón se dio cuenta que para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.

Autor del

cuento

: Alejandro Jodorowsky

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Inevitable final

Enviado por dudu  

Estaba acostado, con los ojos cerrados, todos me pedían que no lo hiciera pero lo hice; al parecer no tenía que morir.

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