29 Cuentos breves 

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SE VENDE

Se vende: zapatos de bebé, sin usar.

Autor del cuento: Ernest Hemingway

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PRESIONES

- Maestro, mis amigos me dicen que está bien que viva preocupado, presionado, porque eso me alienta a hacer cosas, a buscar derroteros, a construir. Tú me dices que no es así. ¿Cómo es, al fin?
- Hijo, el argumento de tus amigos equivale a que te digan que es bueno que te persiga un rinoceronte porque te motiva a moverte. Mejor construye tu vida con la mente serena y sin miedo ni presiones, como te lo digo yo.

Autor del cuento: Cuento zen

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UN TESTIGO DE JEHOVÁ SE...

Enviado por gabl  


Un testigo de Jehová se sienta junto a un maracucho en un vuelo.
El maracucho pide un Whisky con soda.
La azafata le pregunta al testigo de Jehová si quiere beber algo:
- Prefiero ser raptado y violado salvajemente por una docena de prostitutas de Babilonia antes que una gota de alcohol toque mis labios.
El maracucho devuelve el Whisky y dice:
-Yo también. No sabía que se podía elegir esa verga!
Gustavo Adolfo Mendoza Rincón

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Inevitable final

Enviado por dudu  

Estaba acostado, con los ojos cerrados, todos me pedían que no lo hiciera pero lo hice; al parecer no tenía que morir.

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Palabras

Enviado por gabl  

Cuando mi voz se apague, con ella se irán las palabras que no quieres escuchar. Las palabras punzantes, de reclamo. Las que hablan de amor, de ternura, las palabras que se pronuncian muy quedamente para no romper el silencio cuando se reflexiona en busca del significado de las mismas.
Con ellas se irá el alma y quedará el eco retumbando entre paredes frías, sin vida, sin ondas sonoras que rebotar que regresen a tu sistema auditivo.
Serán las últimas palabras que perturbarán tu sentido del oído y cesarán las quejas y lamentos lastimosos que mortifican tu paz interior.

gbl
27/11/2017
Derechos Reservados de Autor

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EL RAYO QUE CAYÓ DOS VECES EN EL MISMO SITIO

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

Autor del cuento: Augusto Monterroso

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PERCHERO

Odiaba al perchero: de él todavía colgaban la bufanda y el sombrero que ella no quiso llevarse. De vez en cuando lo abrazaba.

Autor del cuento: Mirco Ferri

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DISCUSIÓN

Dos monjes tenían una discusión a la orilla del río. El maestro, que en ese momento pasaba, se acercó a ellos y les preguntó sobre que se trataba su debate. "Estábamos mirado aquél árbol, y dije que las hojas se movían, pero mi compañero dice que es el viento el que se mueve", dijo uno de los monjes.
El maestro miró al árbol, luego a sus discípulos y les dijo, "es su mente la que se mueve".

Autor del cuento: Cuento tradicional budista zen

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PUNTOS SUSPENSIVOS

Él le había puesto tres puntos suspensivos a la historia... Ella borró dos.

Autor del cuento: Mónica Lira

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El canto del autillo en la buhardilla

Enviado por jrma  

“El canto del autillo en la buhardilla”

Los troncos de los árboles, ya muertos, les sirven de mansión a los mochuelos que habitan lo profundo de los bosques. El cárabo es más tímido, si acaso, pues vuela sigiloso, entre los robles, cazando ratoncillos y batracios. En cambio, la lechuza y el autillo no temen instalarse en las buhardillas, de las casonas viejas de la aldea.

El mes de abril, que suele ser lluvioso, también tiene sus tardes encendidas de sol y luz, de magia entre los árboles. Mas, al llegar el brillo del ocaso, se escuchan los autillos en los parques, que llaman al amor en plena noche. Los más supersticiosos tienen miedo, y dicen que convoca al aquelarre de brujas en los montes colindantes.

De niño, en la buhardilla de la abuela, sentí la voz crispada del autillo, su grito lastimero, para algunos. Jamás pensé que fuera una criatura maligna cuyo grito desgarrado, volara, amenazante, con la brisa. Tal vez, al ser un niño, imaginaba que su llamada dulce, vivaracha, tenía el colorido de otros trinos.

Los niños tienen grandes cualidades para formar su imagen de las cosas, a costa de ignorar tantos secretos. Y quiso mi inocencia caprichosa pensar que era el autillo, entre las sombras, como el cuclillo, oculto en la hojarasca. Difícil es, no en vano, ver cuclillos, por más que en primavera se les oye cantar entre las densas arboledas.

No es raro en la niñez ser tan curioso, pues es, en esta edad, cada detalle como un descubrimiento inesperado. Por eso pregunté a la vieja anciana, de rostro bello y pelo blanquecino, pendiente del fogón en la cocina. Y dijo que era el pájaro del agua, criatura singular que, cada noche, las lluvias prevenía en su llamada. Y cuántas veces, siempre fantasioso, tomaba, en la mesilla de mi tío, cuartillas de papel, y dibujaba siluetas del autillo y la lechuza. Y viendo ya cercanos esos meses que llegan calurosos, en verano, por la ventana abierta, los buscaba. Mis ojos exploraban en la sombra los vuelos que rizaban en la nada sus grandes alas ricas en sigilo.

La anciana falleció dejando un hueco que no podré llenar en muchos años, y no podré volver a la buhardilla: sus dueños la arreglaron y vendieron a nuevos propietarios que no quieren amar el canto viejo del autillo. Mas, al llegar abril, siempre lo escucho, y anima en mi a ese niño que otras veces hurgaba en los misterios de la sombra.

El mundo cambia, y cambian los lugares, y pueblos de otras épocas lejanas se fueron transformando lentamente. Las villas de los viejos pescadores también han alterado su apariencia, tomando un aire acaso más urbano. Y es fácil recordar esas fachadas antiguas y las calles empedradas que fueron dando paso a otros ambientes.

No son las mismas ya, tras tantos años, las vistas de rincones apartados donde se admiran altos edificios. Pero, según nos vamos, caminando, sin prisa, a las afueras, ese tiempo parece conservarse en el entorno. Los campos, las colinas, el arroyo, los densos eucaliptos en el monte se pueden contemplar igual que entonces.

Llegado junio, en días despejados, es grato deambular cuando oscurece, mirar el sol, hundido en la distancia. Es bello deleitarse con nostalgias de tiempos que, si no fueron mejores, tal vez imaginamos más felices. Es la niñez que vuelve, es el momento de revivir al niño que no existe, pues lo hemos encerrado en lo profundo.

Y, tras ponerse el sol, con sus dorados, sentado sobre un banco en San Antonio, descubro las estrellas en la altura. No hay duda de que es todo un espectáculo, cuando la brisa baña ese montículo, borrando los rigores de la tarde. Y, entonces, encendiendo el cigarrillo, regreso por veredas que la luna me deja adivinar entre la sombra.

En la estación existe un parque humilde, sereno, con sus sauces melancólicos, que lloran desde el brillo de la aurora. Allí se escucha el canto del autillo, quimérico y extraño, casi mágico, y entonces el recuerdo se hace intenso. La brisa ha refrescado el aire puro, y el grillo, en su concierto interminable, le da acompañamiento al viejo autillo.

Llamando a los amores, el reclamo de la rapaz nocturna nos sugiere los sueños de las noches de la infancia. Poblado de dragones y de gárgolas, el mundo era tal vez más sugerente, mirado con los ojos de un chicuelo. También el mar, entonces, era abismo de rémoras, marrajos y piratas y las mansiones eran un castillo.

Después se esconderá el viejo mochuelo, y el canto de los cárabos del monte se irá apagando allá, en lo más profundo. La Fuente de los Ángeles murmura, risueña en primavera, mientras canta feliz, entre las ramas, un jilguero. La calma llena el aire, y el paisaje se admira con el alba que despierta con claras llamaradas de alegría.

Al fin se pueden ver, en cualquier parte, cuando el hurón se esconde y los raposos, el pardo de la piel de los tritones. No suelen esconderse en lo profundo del manantial alegre y vivaracho, donde los capturaban los muchachos. También, de niño, yo jugué a cazarlos en los abrevaderos de las bestias y en las corrientes claras de las fuentes.

El canto del autillo se ha perdido, pero es posible ver, y las urracas, los cuervos y arrendajos recortan con sus alas cada soplo. El aire se hace amigo del cuclillo, del raro picachuelo y sus colores, bajo la vigilancia de la aurora. También acechan, rápido, el cernícalo y, fuerte, el poderoso ratonero, desde el tendido eléctrico, en los campos.

Pasaron esos años tan idílicos de casas encantadas, de misterios, de juegos infantiles en el patio. Y entonces era bello el sol al alba, la lluvia en los cristales y los charcos formados en la vieja carretera. El universo entero se enseñaba cuajado de sutiles maravillas en los lugares más insospechados.

El canto del autillo en la buhardilla, la luz de las estrellas en los cielos y el ruido de los grillos son promesa. Y el tiempo transcurrido se ha perdido, mas vuelve a suscitar, en la memoria, vivencias que conserva el alma vieja. Herido ya el espíritu cansado por una juventud tan agitada, la infancia sigue viva, sin embargo.

2005 © José Ramón Muñiz Álvarez: “Los arqueros del alba”

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CON TRISTEZA

Con tristeza, el camaleón se dio cuenta que para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.

Autor del cuento: Alejandro Jodorowsky

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Silencio

Enviado por gabl  

Silencio.
(No lo tomo como cuento mas bien una reflexión)

Mi mente es un caos, no logra ordenar ideas, ni coordinar pensamientos. Ando deambulando sin sentido, errante entre palabras inconclusas que no forman alguna oración o frase, que me permita escribir una línea que le diga a tus ojos la pena que consume mis días.
Estoy perdido en al abecedario como niño deletreando sus primeras sílabas.
La escritura como expresión de mi dolor angustioso no fluye como la tinta de la pluma del poeta. Queda en el aire la inspiración que motiva a plasmar sobre el papel la prosa alegre o llena de nostalgia.
Pero mi mano temblorosa no obedece a los impulsos que le ordena mi yo interior a trazar rasgos que expresen lo que mi voz calla. Hay silencio en mis manos, en mi mente nublada.
Pensativo elevo mi vista al firmamento, al azul infinito manchado de escasas y pálidas nubes que semejan ovejas en pastoreo.
El cielo es cómplice de la incapacidad mental que atormenta la razón e impide que la palabra escrita se manifieste oralmente o que sea el eco del sonido que el corazón emite sin ser escuchado.
¡Cuánto silencio hay en mí alrededor!
gbl
07/04/2017
Derechos Reservados de Autor.

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LA ALONDRA MOÑUDA

Una alondra moñuda cayó en una trampa y se dijo suspirando:
- ¡Desgraciada alondra! A nadie has robado ni oro ni plata, ni cosa valiosa alguna; pero llevarse un insignificante granito de trigo ajeno será la causa de tu muerte.

Moraleja: Nunca te expongas a un gran peligro por un mezquino beneficio.

Autor del cuento: Esopo

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Te amo.

Enviado por gabl  


Te escribo esta líneas por que debes saber que;

Te amo, porque me enamoré sin conocerte.
Por el eco de tu voz en mi oído que cautivó sentidos,
opacados y vivos a la espera del sonido que los despertara
del letargo silencioso y olvidado.

Te amo,
porque me enamoré al sentir tu calidez al estrechar la mano
temblorosa que tímidamente entregaste a mí, sonrojada y susurrando pronunciaste tu nombre.
Inaudible, por lo qué pregunté:
¿Cómo te llamas?
¿Rosario?-no señor- María de Jesús.

Te amo,
por tus nombres, benditos e inmaculados.
Seguramente Dios te trajo al camino de mi vida entregada a placeres mundanos.
Envuelta en el pecado carnal desenfrenado Y hoy, reacciono ante tu presencia angelical como un mortal arrepentido pidiendo perdón.
Por eso simplemente ¡Te amo!

gbl
28/11/2016
Derechos Reservados de Autor

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CONSEJO

- Maestro, noto que mi actitud individualista me crea problemas, el grupo se resiste a aceptarme. ¿Qué puedo hacer?
- Hijo, todo depende de adonde quieres volar. Los cóndores vuelan solos y los pavos en bandada, pero los pavos van de árbol en árbol mientras los cóndores de montaña en montaña. Tu problema no es que el grupo no te acepte sino que como cóndor te estás juntando con pavos. Busca a tu tribu y serás feliz.

Autor del cuento: Cuento zen

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DOS ANCIANOS ESTABAN EN EL...

Enviado por gabl  

Dos ancianos estaban en el Asilo sentados bajo un árbol conversando, uno se voltea y le dice al otro:
-Jaime tengo 83 años y estoy lleno de achaques y dolores-.
Yo sé que tú tienes más o menos mi edad
¿Cómo te sientes? -
"Yo me siento como un recién nacido"
¿como un bebé?
-Así es, sin pelos, sin dientes, y acabo de hacerme pipí en los pantalones.
gbl
30/10/2017
Anónimo

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CRUCE

Cruzaba la calle cuando comprendió que no le importaba llegar al otro lado.

Autor del cuento: Arturo Pérez-Reverte

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RECUERDO

El cambió su perfume. Ella ya no podría recordarlo al respirar.

Autor del cuento: Isabel Paz

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El panadero

Enviado por gabl  



Un hombre le dice a su amigo:
—¿Te puedo pedir un favor?

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NO OLVIDEN

"No olviden asustar a los niños nuevos" -Le dijo la pequeña niña a los monstruos del armario, antes de mudarse de casa.

Autor del cuento: Estefanía Cabrera

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