47 Cuentos para reflexionar 

EL NIÑO Y LOS DULCES

Un niño metió su mano en un recipiente lleno de dulces. Y tomó lo más que pudo, pero cuando trató de sacar la mano, el cuello del recipiente no le permitió hacerlo.
Como tampoco quería perder aquellos dulces, lloraba amargamente su desilusión.
Un amigo que estaba cerca le dijo: - Confórmate solamente con la mitad y podrás sacar la mano con los dulces-.

Moraleja: Nunca trates de abarcar más de lo debido, pues te frenarás.

Autor del

cuento

: Esopo

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MI HIJO ESTÁ CONMIGO

Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él. Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.

Pasaron unos días. El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio.
Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos de su hijo. Unos días más tarde, el niño logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.
-¿Quién es? -preguntó el padre.
-Soy tu hijo -contestó el niño.
-No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo ha muerto.
-No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
-Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
-Padre, escúchame; soy yo.
-¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. ¡Vete!

Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.

Reflexión: El apego, ¿te deja ver?, ¿te deja oír?, ¿te deja comprender? El apego te aferra a lo irreal e ilusorio y cierra tus oídos a lo Real y Trascendente.

Autor del

cuento

: Cuento tradicional de la India

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LA PALOMA SEDIENTA

Una paloma, incómoda por la molesta sed, vio una charca de agua pintada sobre un rótulo. Pero sin darse cuenta de que sólo era un dibujo, voló hacia ella a toda velocidad e inevitablemente chocó contra el rótulo, hiriéndose lastimosamente.
Habiéndose quebrado las alas por el golpe, cayó a tierra donde fue capturada por uno de los transeúntes.

Moraleja: No dejes que el fervor, entusiasmo o necesidad nublen tu discreción.

Autor del

cuento

: Esopo

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El niño que pudo hacerlo

Enviado por dreamerinflight  

EL NIÑO QUE PUDO HACERLO...

Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.

Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.

A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.

Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.

Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.


Autor anónimo.

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Mi Historia

Enviado por g_astorga  

PRÓLOGO
A lo largo de mi vida, la mayor parte de ella lo que más he recibido ha sido odio, maldad y arrogancia, muy pocas veces he recibido ese cariño que tanto queremos desde pequeños. Soy una persona que, a base de dolor, ha aprendido a mirar a las personas a través de los ojos, sin dejarse llevar por su aspecto y apariencias; y sinceramente me he llevado demasiadas decepciones, esta forma de ver a las personas te hace tener en cuenta todo lo bueno de ellas, pero también lo malo. Por eso mismo soy tan frio y cerrado en ocasiones, yo siempre he sido una persona muy cariñosa pero esa parte de mi está dormida y congelada en mi interior, muchas veces intento volver a despertar esa parte de mí, pero de nada sirve si falta esa llama que derrita el hielo.

Mi Historia
Hubo un tiempo, en mi infancia, en que buscaba el cariño de la gente como el que busca migajas de pan en el suelo para sobrevivir, estaba desesperado; no sabía qué hacer con todo ese sentimiento de soledad, de maltrato y de desprecio que sentía, con el tiempo aprendí que el único que podía hacerme feliz era yo mismo, a pesar de todo lo malo que me rodeaba sabía que tenía ese brillo y esa energía para salir de esa situación; al final lo conseguí, pero sabía que faltaban partes de mí, me volví frio y solitario, empecé a coger el gusto a estar solo, habiendo estado media vida de esa manera a pesar de no haberlo querido; también aprendí a ser fuerte y luchar por lo que uno quiere, por reflejar esas ganas de vivir y ser libre, cosa que nunca había podido sentir, quien se imagina a un niño que no es libre, que no puede jugar con sus amigos; que en vez de ello se pasa los días en su habitación por miedo a que le hicieran más daño. Esta falta de cariño ha hecho que me conozca a mí mismo desde pequeño, es algo a lo que todos tenemos miedo ya que, cuando lo hacemos, se traspasa esa línea entre infancia y adolescencia; para mí esa línea se quedó atrás con tan solo 8 años. Lo único que me hacía sentir más vivo era mi hermano, mi tía, un MP2 del cual no me despegaba, una bici y mis únicos dos amigos, Curro y Franco, del cual hace años que no se nada. Para entonces fue cuando empecé a descubrirme; con mi tía siempre iba a la playa, donde me dejaba su pequeña cámara de fotos y hacíamos fotos hasta que se iba la luz del sol; el sol... Cuanta vida me daba, poco a poco me fue gustando más ver esos atardeceres dorados y rosados desde la playa, sabía que llevaba algo en mi interior que me dejaba atontado mirando el sol hasta que me picaban y lloraban los ojos. En cuanto a ese MP2 que tenía, aún no existía el MP3, solo tenía capacidad para 20 canciones, las cuales escuchaba en bucle constantemente, algunas hacían que se me erizase la piel y me pusiese a llorar como cual niño feliz, como si en ese momento pudiese sentir paz y tranquilidad, otras hacían que me diesen ganas de salir de casa sin importar lo que había ahí fuera, pero también habían otras que me hacían recordar esa soledad y esa falta de cariño, lloraba y le pegaba a la almohada sin saber motivo alguno de por qué tenía que estar así. Gracias a la música, la cual escucho día a día, aprendí a sacar mis propias reflexiones y pensar sobre el sentido de las cosas; me tumbaba en la cama y ponía todo en bucle, cerraba los ojos y al rato de empezar a escuchar, empezaba a nadar en un mar lleno de preguntas, de las cuales a algunas les encontraba respuestas y a otras muchas no; era feliz preguntándome todo aquello, me hacía abrir los ojos y pensar todo con mucha más templanza. Cuando no estaba en casa me dedicaba a coger la bici por mi plaza y a pasar tiempo con mis dos únicos amigos de verdad, aquellos que siempre estuvieron, más tarde hablaré de ellos. Cuando estaba con la bici sentía esa velocidad y esa fuerza emocional de pedalear, me relajaba bastante, era similar a cuando escuchaba música, me hacía pensar. Cuantas veces me caería saltando ese bordillo de en frente de mi portal... Y cuantas veces me volví a levantar para aprender a hacerlo, era especial para mí.
Cuando pasaba tiempo con Curro y Franco, nos dedicábamos a jugar al futbol en la plaza, o más bien a empeñar los balones siempre en el primer piso de cada bloque, pero bueno nunca vine a hablar de mis cualidades como futbolista... El grupo entre Curro y Franco era distinto, a veces estábamos los tres juntos pero la mayoría de las veces cada uno de ellos tenía su grupo de amigos, El grupo de amigos de Curro no me gustaba nada, él estaba en el mismo colegio que yo, ese era mi infierno, allí empezó todo. Los amigos de Curro estaban en ese mismo colegio, algunos eran gente con la que no tenía relación alguna, otros eran gente que no me hacía nada, pero la gran mayoría me humillaban y me trataban como cual perro abandonado; Curro era el único que me quería y me respetaba.
Cuando estaba con Franco siempre estábamos con los niños de la plaza, él era mi vecino; sinceramente, con ellos me lo pasaba mejor ya que no me trataban mal, había gente de todas las edades; lo que más me gustaba era cuando jugábamos al poli-ladrón, tenía un sitio secreto en el cual nunca me pillaban, era genial, hacía un poco de trampas a veces, pero eso nadie lo sabe.

Ese era mi pequeño mundo, viéndolo de esa manera todo parecía más bonito y pacífico, cada vez que salía del colegio salía sin ganas de vivir, desmotivado y sin fuerzas; pero haciendo todo aquello me volvía el niño más feliz del mundo. A veces me venía abajo y todo aquello se desmoronaba, había días en que me temblaban las piernas y me encontraba mal porque no quería ir al colegio, otro simplemente hacía como que lo estaba para poder evitar todo aquello, tenía miedo, la verdad. Nunca fui un buen estudiante, pero siempre he querido saberlo todo y aprender de cada cosa que viese, cuando descubrí internet fue mi gran fuente de conocimientos, cada cosa que veía quería saber cómo funcionaba o que hacía: la nevera, la bici, el ordenador, la televisión, la cual era de rayos catódicos aún; quería saberlo todo... Y me encantaba.

Conforme iban pasando los años me hacía más mayor, en mi situación nada había cambiado excepto yo; para entonces tenía entre 10 y 13 años. Aprendí a acostumbrarme a la soledad, el colegio ya no se me hacía tan duro, aprendí a no escuchar lo que me decían y poco a poco, combatir a mis agresores, aunque todo me viniese demasiado grande y me metiesen una paliza, mis padres nunca han sabido nada de mi situación, se intuían que me trataban mal, pero no hasta qué punto, nunca he llegado a decirle todo esto a nadie, ni mi mejor amigo, ni mis padres, ni nadie... Ni siquiera mi perro al cual le contaba todas mis tonterías como si me fuese a entender. Es algo que siempre ha sido mío.
Para esa edad fui desarrollando mis cualidades, me encantaba coger la bici, montaba en ella casi todos los días. Por fin obtuve mi primer MP3, el cual le quité a mi hermano; no paraba de escuchar música, cada día descubría nuevas canciones en el ordenador y las iba guardando en el MP3, Siempre se me dio muy bien la informática, era algo que me gustaba mucho también; en cuanto a la música, escucha a de todo y siempre lo he hecho, para entonces no existía el reggaetón de ahora el cual en muchas ocasiones es machista y despreciable, por lo tanto, para quien me conozca hoy día, escuchaba mucho reggaetón, cosa que ahora no puedo ni soportarlo.

Para esa fecha fue cuando más solo estuve, pero más feliz que antes, a pesar de que me diesen bajones como un castillo. Franco se fue a vivir a Argentina, por lo cual solo salía con Curro, nos encantaba tomar helados hasta reventar y dolernos la barriga, íbamos a jugar al futbol, en resumen, nos lo pasábamos muy bien. Pero no siempre estaba con él, el resto del tiempo lo pasaba solo; al principio no sabía qué hacer, ya que Franco se había ido; fui adquiriendo hábitos como la lectura, me encantaba ese libro el cual se llamaba "He jugado con lobos”, me ponía a aullar como uno de ellos. Muchas veces soñaba con perderme en la naturaleza, con llegar a un sitio lleno de árboles y plantas y no saber volver, tener que buscarme mi propia salida; con acariciar, cuidar o salvar a cualquier animal que viese, todo eso me encantaba, pero solo soñaba con ello... Por ahora.
Cada vez montaba mejor en bici, ya no me cansaba al darme los paseos que me daba, sentía la necesidad de irme cada vez más lejos pero aún era demasiado pequeño para hacerlo, eso no quita que en ocasiones me escapase y lo hiciese, me encantaba.
Ya me iba yo solo a ver el atardecer, era mi momento de paz, cuando estaba mal era lo que más me despejaba, aunque mis padres se creían que estaba con Curro ya que no me dejaban irme solo a ningún lado.

Un par de años más tarde, con 13-14 años fue cuando llegué a dar un gran paso para conocerme, esos grandes pilares de hábitos: la bicicleta, la música, el sol… supe unir todo aquello y formar mi propio castillo, a parte descubrí varios grandes hábitos, de los cuales hoy día, uno de ellos es mi gran sueño.
Empecé a escribir mis primeras canciones, bueno más bien palabras bonitas sin rima alguna. Obtuve mi primer móvil, con el cual lo único que quería de él era la cámara, me daban igual las redes sociales, conocí gente nueva, fui haciendo amistades, mis primeros amigos, de los cuales solo unos pocos siguen en mi vida, aprendí a ver las intenciones de cada persona, pero en especial el valor de sus palabras a través de la mirada y sus actos, este niño tuvo que aprender a desconfiar de los demás para que no le volviesen a utilizar, años atrás daba todo su amor y de nada le servía.
Entre esa edad y los 16 años, pasaron muchas cosas. Lo más importante de esa edad fue que aprendí a juntar poco a poco mis hábitos, me encantaba salir a correr con la música y al atardecer, pararme a hacer fotos con ese móvil que tenía, aunque tenía una cámara de 2Mpx para mí era mágico; no tengo palabras para describirlo, pero poder guardar ese momento del día que tanto me gustaba me parecía impresionante. Más adelante hacía lo mismo, pero con la bicicleta, me iba a donde nadie me pudiese encontrar, tenía mi sitio secreto, donde podía estar pensando todo el tiempo que quisiese sobre mis cosas. Ese sitio estaba y está rodeado de naturaleza, estaba escondido entre la desembocadura de un rio, era un mirador en una playa desierta, en el lado que no estaba la playa había un sendero, por el cual llegaba, que cruzaba todo el río, estaba rodeado de animales, árboles y plantas; a día de hoy sigo yendo allí.
Para esa edad conocí a una chica que era como mi novia, aunque no podíamos llamarlo así, ni siquiera nos besábamos, éramos los dos muy tímidos e inexpertos, ahora que lo pienso fueron muy graciosos esos momentos.
Para entonces tuve muchos problemas con mi familia, me iba muy mal en los estudios, y sabía que no me entendían, eso hizo que me agobiase más y me fuese cada vez peor; ellos, aunque sean mis padres, son muy distintos a mí, pero son mis padres.
También se juntaron las mentiras y decepciones de personas, los problemas dentro del instituto, a pesar de haberme acostumbrado a ello y luchar poco a poco porque me respetasen, con todos los problemas juntos me vine a bajo, y me hundí, llegué a tocar fondo como cuando era solo un crío, solo que ahí tenía mucha más carga encima. Ahí fue cuando me volví frio, empecé a desconfiar de mucha gente, hice amistades poco recomendables y quise salir de esa situación por la fuerza, me volví rebelde, todo ese dolor que tenía guardado desde pequeño se convirtió en maldad, y era mucho el que llevaba. Me escapaba de casa, otras veces me echaban, llegué a dormir en la playa en ocasiones.
Sabía que ese camino no me llevaría a ningún lugar, poco a poco fui madurando y viendo todo lo malo que debía expulsar de mi vida, o simplemente cambiarlo; esos años fueron una montaña rusa de subidas y bajones.
A los 17 tuve mi primera novia de verdad, era la primera vez en mi vida que sentía amor de verdad por parte de alguien; dejé de ser tímido y por fin pude sacar todo ese amor que llevaba dentro, estábamos enamorados y todo parecía perfecto, pero éramos completamente inexpertos, aunque no lo supiésemos, no sabríamos como llevarlo, hasta que pasó, estábamos demasiado enganchados, y nada acabó bien, fueron un par de meses en los que se me volvió a acumular todo, parece ser que los problemas no saben llamar a la puerta de tu casa y venir solos, fue una etapa muy dura, todos los problemas juntos. Incluido mi primer desamor, aún era un “crio”, era algo nuevo para mí y no sabía cómo llevarlo, volvía a tener miedo.
Pasó más de un año hasta que llegué a entender todo lo que me pasaba y terminé de solucionar mis problemas; me cambié se instituto, así no seguirían tratándome de esa manera, aun así seguía teniendo problemas con algunas personas pero ya no tenía importancia; también aprendí a convivir con mis padres, aunque esa bola de problemas en mi infancia se hizo demasiado grande y costó ocultarla, hoy día pienso si debería haberles contado todo desde un principio, pero no nos entendíamos, también pienso que si no fuese por todo aquello no sería ahora como soy, me quiero a mi mismo así. En cuanto a mi primer desamor, supe como canalizar ese dolor y lo escribí en canciones, las cuales fueron mis primeras con sentido rítmico, pero sobre todo lírico; aprendí a sacar todo ese sentimiento y se me notaba.
Tuve que aprender a desprenderme, quererme a mí mismo antes que a nadie más, a no dejarme llevar por las palabras, si no por actos, dejarme de ilusiones y abrir los ojos, a querer la vida únicamente con lo que salga de mis manos, así no volverían a utilizarme, aprendí a perdonar a mis agresores, a las mentiras de todo aquel que estaba en mi camino, todo eso hizo que aprendiese a valorar aquellas cosas que no vemos; por fin aprendí a perdonar de verdad, sin dejarme llevar por sentimientos, pero claramente aprendí a diferenciar más que nunca y saber en quien confiar.
A pesar de todo lo bueno que aprendí siempre hay algo malo, a causa de todo ese tiempo sin querer contacto con nadie, retrayéndome hacia mi interior; volví a ser tímido, me volví aún más tímido de lo que ya era de pequeño. Dejé de ser cariñoso, hoy día quiero volver a serlo y dejar esa timidez atrás de nuevo, pero siento que falta esa llama para volver a descongelar aquello que se quedó helado en su momento, siempre intento quitarme esta parte de mí, trato de reunir todo mi valor para hacerlo, pero inconscientemente digo y hago todo aquello que no quiero hacer o decir. Me he vuelto una persona difícil, me he pasado más de 3 años sin encontrar a una persona con la que me volviese a sentir cómodo, y ahora que la encuentro, siento que estoy perdiendo esta batalla contra ese yo tímido y asustadizo. Algún día podré volver a sacar esa esencia que tengo en mi interior desde pequeño, quizás todo eso que llevo dentro se haya quedado ahí por miedo, suena cobarde ¿Verdad? Son cosas que no sé cómo controlar, ahora soy feliz, pero desearía con toda mi alma poder volver a sacar esta parte de mí, y no por la felicidad de lo que pueda recibir, para mí la felicidad está en regalar, en ver sonreír a otras personas a causa de tus actos, en poder compartir momentos, sueños y metas con alguien, es cierto que me encanta hacer aquellas cosas que me gustan yo solo, pero me gustaría poder compartir esas experiencias con alguien.
Dejando a un lado esta parte tímida de mí, hoy día me encanta la naturaleza, ya ha dejado de ser un sueño aquello de perderse y no saber cómo volver, hoy día me encanta dejarme llevar, irme a lugares desconocidos y guiarme por mi instinto, al final siempre acabo sabiendo volver, y no solo físicamente, muchas veces me he perdido emocionalmente, como ya has podido comprobar, pero todo aquello ha hecho que pueda encontrarme a mí mismo y saber quién soy y cuáles son mis objetivos.
Aquello que tanto me gustaba de pequeño, el sol, la naturaleza, la fotografía, la música, la bicicleta… se ha convertido en mi día a día y sé que nunca voy a perder esa esencia a pesar de todo lo malo, porque todo esto es aquello que me ha hecho sobrevivir, y por fin, vivir.

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EL SEMIDIOS

Un hombre tenía en su casa un semidiós, al que ofrecía ricos sacrificios. Como no cesaba de gastar en estos sacrificios sumas considerables, el semidiós se le apareció por la noche y le dijo:
- Amigo mío, deja ya de dilapidar tu riqueza, porque si te gastas todo y luego te ves pobre, me echarás a mí la culpa.

Moraleja: Si gastas tus riquezas en cosas innecesarias, no le eches luego la culpa de tus problemas a nadie más.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL HOMBRE ECUÁNIME

Era un hombre querido por todos.
Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!
Para un caballo que poseías y se ha marchado.
-Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.

Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:
-¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre.

Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
-¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.

Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:
-¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.
-Sí, sí, así es -repuso serenamente el hombre ecuánime.

Reflexión: Para el que sabe ver el curso de la existencia fenoménica, no hay mayor bien que la firmeza de la mente y de ánimo.

Autor del

cuento

: Cuento tradicional de la India

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EL AVARO Y EL ORO

Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio.
Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela.
El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y jalándose sus cabellos se lamentaba amargamente.
Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole:
- Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo el que aquello sea o no sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.

Moraleja: Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparentan

Autor del

cuento

: Esopo

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NI TÚ NI YO SOMOS LOS MISMOS

El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.
Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
-¿No estás enfadado, señor?
-No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
-¿Por qué?
Y el Buda dijo:
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

Reflexión: Para el que sabe ver, todo es transitorio: para el que sabe amar, todo es perdonable.

Autor del

cuento

: Cuento tradicional de la India

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EL LORO QUE PIDE LIBERTAD

Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso té de Cachemira.
Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
-¡Libertad, libertad, libertad!

No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”.

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: “!Libertad, libertad!” Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”

Reflexión: Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla.

Autor del

cuento

: Cuento tradicional de la India

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EL NÁUFRAGO Y EL MAR

Arrojado un náufrago en la orilla, se durmió de fatiga; mas no tardó en despertarse, y al ver al mar, le recriminó por seducir a los hombres con su apariencia tranquila para luego, una vez que los ha embarcado sobre sus aguas, enfurecerse y hacerles perecer.
Tomó el mar la forma de una mujer y le dijo:
- No es a mí sino a los vientos a quienes debes dirigir tus reproches, amigo mío; porque yo soy tal como me ves ahora! y son los vientos los que, lanzándose sobre mí de repente, me encrespan y enfurecen.

Moraleja: Nunca hagamos responsable de una injusticia a su ejecutor cuando actúa por orden de otros, sino a quienes tienen autoridad sobre él.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA TORTUGA Y EL ÁGUILA

Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a las aves marinas de su triste destino, y de que nadie le había querido enseñar a volar.
Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su lamento y le preguntó con qué le pagaba si ella la alzaba y la llevaba por los aires.
- Te daré – dijo – todas las riquezas del Mar Rojo.
- Entonces te enseñaré al volar – replicó el águila.
Y tomándola por los pies la llevó casi hasta las nubes, y soltándola de pronto, la dejó ir, cayendo la pobre tortuga en una soberbia montaña, haciéndose añicos su coraza. Al verse moribunda, la tortuga exclamó:
- Renegué de mi suerte natural. ¿Qué tengo yo que ver con vientos y nubes, cuando con dificultad apenas me muevo sobre la tierra?

Moraleja: Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos, fácilmente llegaríamos a la desgracia.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL MERCADER DE SAL Y EL ASNO

Llevó un mercader a su asno a la costa para comprar sal.
En el camino de regreso a su pueblo pasaban por un río, en el cual, en un hueco, el asno resbaló mojando su carga. Cuando se levantó sintió aliviado su peso considerablemente, pues bastante de la sal se había diluido.
Retornó el mercader de nuevo a la costa y cargó más sal que la vez anterior.
Cuando llegaron otra vez al río y el asno se tiró de propósito en el mismo hoyo en que había caído antes, y levantándose de nuevo con mucho menos peso, se enorgullecía triunfantemente de haber obtenido lo que buscó.
Notó el comerciante el truco del asno, y por tercera vez regreso a la costa, donde esta vez compró una carga de esponjas en vez de sal.
Y el asno, tratando de jugar de nuevo a lo mismo, se tiro en el hueco del río, pero esta vez las esponjas se llenaron de agua y aumentaron terriblemente su peso.
Y así el truco le rebotó al asno, teniendo que cargar ahora en su espalda más del doble de peso.

Moraleja: Tratar de evitar el deber haciendo trucos, sólo nos dañara a nosotros mismos.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA VIÑA Y LA CABRA

Una viña se encontraba exuberante en los días de la cosecha con hojas y uvas. Una cabra que pasaba por ahí mordisqueó sus zarcillos y tiernas hojas. La viña le reclamó:
- ¿Por qué me maltratas sin causa y comes mis hojas? ¿No ves que hay zacate suficiente? Pero no tendré que esperar demasiado por mi venganza, pues si sigues comiendo mis hojas y me maltratas hasta la raíz, yo proveeré el vino que echarán sobre ti cuando seas la víctima del sacrificio.

Moraleja: Los maltratos hechos con intención, tarde o temprano regresan a quien los hizo, muchas veces bajo otra vestidura.

Autor del

cuento

: Esopo

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LAS PALOMAS, EL MILANO Y EL HALCÓN

Unas palomas, aterrorizadas por la presencia de un milano, llamaron al halcón para que las defendiera.
Inmediatamente él aceptó.
Cuando ya ellas lo habían admitido dentro de su palomar, se dieron cuenta que hacía mucho más estragos y matanzas en un día, que lo que haría un milano en un año.

Moraleja: Evita los remedios que son peores que la enfermedad.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL ASNO, EL GALLO Y EL LEÓN

Estaban un gallo y un asno en un pastizal cuando llegó un hambriento león. Y ya iba el león a tirarse encima del asno, cuando el gallo, cuyo cantar se dice que aterroriza a los leones, gritó fuertemente, haciendo salir corriendo al león tan rápido como pudo.
El asno al ver el impacto que un simple canto del gallo realizaba, se llenó de coraje para atacar al león, y corrió tras de él con ese
propósito. No había recorrido mayor distancia cuando el león se volvió, lo atrapó y lo seccionó en pedazos.

Moraleja: Ten siempre presente que las cualidades de tu prójimo no son necesariamente las tuyas.

Autor del

cuento

: Esopo

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BUSCANDO LA LLAVE

Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.
- ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta -.
- Sí, estoy buscando mi llave.

El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.
-¿Qué estáis haciendo? - les pregunta.
- Estamos buscando la llave de Nasrudín.
Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar.

Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta:
- Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
- No, dice Nasrudín
- ¿dónde la perdiste, pues?
- Allí, en mi casa.
- Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
- Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.

Moraleja: Moraleja: Buscar una solución irracional e imposible a veces resulta más tentador que buscar la verdadera solución porque es más fácil, pero no sirve para nada.

Autor del

cuento

: Cuento tradicional sufí

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Reflexión para un hijo

Enviado por gabl  

Hijo, permite usar tu espacio para manifestar lo que siente una persona cuando es relegada a un segundo plano. Y le pierden el respeto, las personas parecieran miopes pasan por su lado e ignoran verlas, dejamos de ser útiles pero necesarias a la hora de aportar dinero, y nuestro talento, nuestras opiniones carecen de validez, somos obsoletos, nos convertimos en inservibles y objetos inútiles.
Caminamos lento por la vida los años no pasan en vano. Pero mantenemos la capacidad de discernir activa, pero no es tomada en cuenta. La llamada tercera edad está compuesta por personas consideradas que ya dieron todo lo que tenían que dar. Pero quienes manejan las finanzas mundiales, las grandes corporaciones, las naciones progresistas, en manos de quienes están? la mayoría de los gobiernos de los más importantes países quienes las rigen?
La ciencia, quienes están al frente de las investigaciones científicas, de los avances y descubrimientos de fármacos que curaran en muchos de los casos enfermedades y endemias, virus, etc., y frenaran el avance de otras mortales.
A quien se acude en busca de un consejo?
Al viejo...a la solución de problemas que puedan comprometer la paz mundial...
¿Entonces, cuánto vale el viejo?
Por eso estoy feliz de ser viejo.
Y aquí sentado en mi mecedora veo pasar la vida de los demás, veo como mueren jóvenes que no aportaron nada a la vida.
Jóvenes que dejaron semilla, germinadas en el vientre de la mujer que se quedó sin padre para sus hijos.
Y así como mueren los jóvenes moriremos los viejos pero en paz, sin la agonía de la muerte violenta y
dejaremos un futuro labrado, encaminado al éxito de los descendientes que vivirán en la rectitud y el estudio.
Y sacarán al país adelante.

gbl
26/11/2014
Derechos Reservados de Autor




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SÓLO SE NECESITA MIEDO

Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba.

El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo:
-¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar!
El asceta dijo:
-Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra.
!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo!
-¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra?
Y el asceta repuso:
-Sólo se necesita miedo.

Reflexión: Caminar hacia la Verdad es más difícil que hacerlo por el filo de la navaja, por eso sólo algunos se comprometen con la Búsqueda.

Autor del

cuento

: Cuento tradicional de la India

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LOS DOS SASTRES

Dos sastres trabajaban el uno frente al otro desde hacía muchos años. Cortaban y cosían incansablemente, hablando de vez en cuando de distintas cosas.
Uno de dijo al otro:

-¿Irás de vacaciones este año?

-No -contestó el segundo tras un momento de reflexión.

Regresaron a su silencio. Más tarde, el segundo sastre dijo de repente:

-Fui de vacaciones hace veinte años.

-¿Fuiste de vacaciones hace veinte años? -preguntó el primero, muy sorprendido.

-Sí.

Entonces el primer sastre, que no recordaba ninguna ausencia de su compañero, le dijo:

-¿Y adónde fuiste?

-A la India.

-¿A la India?

-Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.

-¿Fuiste a cazar el tigre de Bengala? ¿Tú?

Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente:

-Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos y el tigre se me echó encima y me devoró.

-¿Te devoró? -preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.

-Me devoró... por completo, hasta el último pedazo de carne.

-Pero bueno, ¿qué me cuentas? ¡Ningún tigre te devoró! ¡Sigues vivo!

Entonces el segundo sastre retomó el hilo, retomó la aguja y le dijo al primero:

-¿A esto le llamas vida?

Autor del

cuento

: Anónimo

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