37 Cuentos para reflexionar 

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EL AVARO Y EL ORO

Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio.
Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba. Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela.
El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y jalándose sus cabellos se lamentaba amargamente.
Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole:
- Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco. Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo el que aquello sea o no sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.

Moraleja: Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparentan

Autor del cuento: Esopo

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LOS CIEGOS Y EL ELEFANTE

Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta cuando llegaron un buen número de ascetas de diferentes escuelas metafísicas y tendencias filosóficas.
Algunos sostenían que el mundo es eterno, y otros, que no lo es; unos que el mundo es finito, y otros, infinito; unos que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son diferentes; unos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que no. Y así cada uno sostenía sus puntos de vista, entregándose a prolongadas polémicas. Todo ello fue oído por un grupo de monjes del Buda, que relataron luego el incidente al maestro y le pidieron aclaración. El Buda les pidió que se sentaran tranquilamente a su lado, y habló así:
-Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un maharajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Sabathi y pidió que los pusieran ante un elefante y que contasen, al ir tocando al elefante, qué les parecía. Unos dijeron, tras tocar la cabeza: “Un elefante se parece a un cacharro”; los que tocaron la oreja, aseguraron: “Se parece a un cesto de aventar”; los que tocaron el colmillo: “Es como una reja de arado”; los que palparon el cuerpo: “Es un granero”. Y así, cada uno convencido de lo que declaraba, comenzaron a querellarse entre ellos.

El Buda hizo una pausa y rompió el silencio para concluir:
-Monjes, así son esos ascetas disidentes: ciegos, desconocedores de la verdad, que, sin embargo, sostienen sus creencias.

Reflexión: La visión parcial entraña más desconocimiento que conocimiento.

Autor del cuento: Cuento tradicional de la India

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EL PASTOR Y EL JOVEN LOBO

Encontró un pastor un joven lobo y se lo llevó. Enseguida le enseñó como robar ovejas de los rebaños vecinos. Y el lobo, ya crecido y
demostrándose como un excelente alumno, dijo al pastor:
- Puesto que me has enseñado muy bien a robar, pon buena atención en tu vigilancia, o perderás parte de tu rebaño también.

Moraleja: Quien enseña a hacer el mal, tiene que cuidarse de sus propios discípulos.

Autor del cuento: Esopo

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Dama de Negro

Enviado por gabl  

Relato.

"Dama de Negro"

Él no lloraba, solo ahogaba sus lágrimas enjugadas de dolor. Ese mismo dolor que le oprimía el pecho y no lo dejaba respirar. No dormía y sus ojos enrojecidos asomaban el sufrimiento que vivía.
Hubo un tiempo que escribía versos arrancados de la misma vida, heredados del diario transitar de los amoríos fugaces sin pasión y amor real.
Hoy está desolado como el desierto de arenas amarillas, sumido en recuerdos que amargan su existencia. La confusión mental no lo deja ordenar su pensamiento.
Despertó perdido en el tiempo. Bebió agua fresca a la vez que lavó su cara y mojó el cabello encanecido por el cambio causado por el amor perdido. Su único amor que se fue una mañana y se perdió en las horas de espera.
Trascurrieron varios años y una tarde que presagiaba lluvia, caminaba sin prisa cuesta arriba, por su frente como cascada en verano se deslizaban gotas de sudor que bañaban sus ojos obligándolo a cerrarlos y pasar su dedo índice por los párpados para secar el líquido que se acumulaba.
Lo trajo a la realidad una voz femenina que pronunció su nombre; ¡Armando!, ¿eres tú?
Giró su rostro buscando a la mujer. Ante él se plantó una dama vestida de negro adornaba su cuello un collar de finas perlas blancas. De sus labios destacaba el rojo intenso que resaltaba el rostro maquillado.
Él reconoció a esa mujer, y solo dijo, ¡no soy Armando!
“No puede ser, eres igual al Armando que creí reconocer”
-Lo siento Señora, tal vez me confundió.
-Y discúlpeme, debo llegar a mi casa.
“Déjame ayudarte con esas bolsas”
-No se preocupe, falta poco por andar.
¿Seguro que no eres Armando?
-No señora, está equivocada.
Retomó sus pasos al compás que le marcaba su corazón acelerado. Disimuladamente volvió la vista atrás y vio a la mujer, recostada en el auto, no lo perdía de vista.
Se alejó de ella. Y sus recuerdos retomaron su mente confundida. Pero esta vez rechazó envolverse en el amor que se fue una mañana perdiéndose en las horas de espera.

gbl
8/9/2016
Derechos Reservados de Autor

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BUSCANDO LA LLAVE

Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.
- ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta -.
- Sí, estoy buscando mi llave.

El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.
-¿Qué estáis haciendo? - les pregunta.
- Estamos buscando la llave de Nasrudín.
Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar.

Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta:
- Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
- No, dice Nasrudín
- ¿dónde la perdiste, pues?
- Allí, en mi casa.
- Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
- Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.

Moraleja: Moraleja: Buscar una solución irracional e imposible a veces resulta más tentador que buscar la verdadera solución porque es más fácil, pero no sirve para nada.

Autor del cuento: Cuento tradicional sufí

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EL ASNO QUE CARGABA UNA IMAGEN

Una vez le correspondió a un asno cargar una imagen de un dios por las calles de una ciudad para ser llevada a un templo. Y por donde él
pasaba, la multitud se postraba ante la imagen.
El asno, pensando que se postraban en respeto hacia él, se erguía orgullosamente, dándose aires y negándose a dar un paso más.
El conductor, viendo su decidida parada, lanzó su látigo sobre sus espaldas y le dijo:
- ¡Oh, cabeza hueca, todavía no ha llegado la hora en que los hombres adoren a los asnos!

Moraleja: Nunca tomes como tuyos los méritos ajenos.

Autor del cuento: Esopo

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LA TORTUGA Y EL ÁGUILA

Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a las aves marinas de su triste destino, y de que nadie le había querido enseñar a volar.
Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su lamento y le preguntó con qué le pagaba si ella la alzaba y la llevaba por los aires.
- Te daré – dijo – todas las riquezas del Mar Rojo.
- Entonces te enseñaré al volar – replicó el águila.
Y tomándola por los pies la llevó casi hasta las nubes, y soltándola de pronto, la dejó ir, cayendo la pobre tortuga en una soberbia montaña, haciéndose añicos su coraza. Al verse moribunda, la tortuga exclamó:
- Renegué de mi suerte natural. ¿Qué tengo yo que ver con vientos y nubes, cuando con dificultad apenas me muevo sobre la tierra?

Moraleja: Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos, fácilmente llegaríamos a la desgracia.

Autor del cuento: Esopo

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UN YOGUI AL BORDE DEL CAMINO

Era un yogui errante que había obtenido un gran progreso interior.
Se sentó a la orilla de un camino y, de manera natural, entró en éxtasis.
Estaba en tan elevado estado de consciencia que se encontraba ausente de todo lo circundante. Poco después pasó por el lugar un ladrón y, al verlo, se dijo: “Este hombre, no me cabe duda, debe ser un ladrón que, tras haber pasado toda la noche robando, ahora se ha quedado dormido. Voy a irme a toda velocidad no vaya a ser que venga un policía a prenderle a él y también me coja a mí”. Y huyó corriendo. No mucho después, fue un borracho el que pasó por el lugar.

Iba dando tumbos y apenas podía tenerse en pie. Miró al hombre sentado al borde del camino y pensó: “Éste está realmente como una cuba. Ha bebido tanto que no puede ni moverse”.
Y, tambaleándose, se alejó. Por último, pasó un genuino buscador espiritual y, al contemplar al yogui, se sentó a su lado, se inclinó y besó sus pies.

Reflexión: Así como cada uno proyecta lo que lleva dentro, así el sabio reconoce al sabio.

Autor del cuento: Cuento tradicional de la India

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MI HIJO ESTÁ CONMIGO

Era un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre sólo vivía para él. Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.

Pasaron unos días. El hombre regresó a su hogar y se encontró con la casa derruida por el incendio.
Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su amado hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos de su hijo. Unos días más tarde, el niño logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.
-¿Quién es? -preguntó el padre.
-Soy tu hijo -contestó el niño.
-No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo ha muerto.
-No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
-Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
-Padre, escúchame; soy yo.
-¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. ¡Vete!

Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.

Reflexión: El apego, ¿te deja ver?, ¿te deja oír?, ¿te deja comprender? El apego te aferra a lo irreal e ilusorio y cierra tus oídos a lo Real y Trascendente.

Autor del cuento: Cuento tradicional de la India

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El rey sabio

Enviado por miigueloso02  

Hace muchos, muchos años en una ciudad de Irán llamada Wirani, hubo un rey que gobernaba con firmeza su territorio. Había acumulado tanto poder que nadie se atrevía a cuestionar ninguna de sus decisiones: si ordenaba alguna cosa, todo el mundo obedecía sin rechistar ¡Llevarle la contraria podía tener consecuencias muy desagradables!


Podría decirse que todos le temían, pero como además era un hombre sabio, en el fondo le respetaban y valoraban su manera de hacer las cosas.

En Wirani solo había un pozo pero era muy grande y servía para abastecer a todos los habitantes de la ciudad. Cada día centenares de personas acudían a él y llenaban sus tinajas para poder beber y asearse. De la misma manera, los sirvientes del rey recogían allí el preciado líquido para llevar a palacio. Así pues, el pobre y el rico, el rey y el aldeano, disfrutaban de la misma agua.

Sucedió que una noche de verano, mientras todos dormían, una horripilante bruja se dirigió sigilosamente al pozo. Lo tocó y comenzó a reírse mostrando sus escasos dientes negros e impregnando el aire de un aliento que olía a pedo de mofeta ¡Estaba a punto de llevar a cabo una de sus maquiavélicas artimañas y eso le divertía mucho!

– ¡Ja, ja, ja! ¡Estos pueblerinos se van a enterar de quién soy yo!

Debajo de la falda llevaba una bolsita, y dentro de ella, había un pequeño frasco que contenía un líquido amarillento y pegajoso. Lo cogió, desenroscó el pequeño tapón, y dejó caer unas gotas en el interior del pozo mientras susurraba:

– Soy una bruja y como bruja me comporto ¡Quien beba de esta agua se volverá completamente loco!

Dicho esto, desapareció en la oscuridad de la noche dejando una pequeña nebulosa de humo como único rastro.

Unas horas después los primeros rayos del sol anunciaron la llegada del nuevo día. Como siempre, se escucharon los cantos del gallo y la ciudad se llenó del ajetreo diario.

¡Esa mañana el calor era sofocante! Todos los habitantes de Wirani, sudando como pollos, corrieron a buscar agua del pozo para aplacar la sed y darse un baño de agua fría. Curiosamente, nadie se dio cuenta de que el agua no era exactamente la misma y algunos hasta exclamaban:

– ¡Qué delicia!… ¡El agua del pozo está hoy más rica que nunca!

Todos la saborearon excepto el rey, que casualmente se encontraba de viaje fuera de la ciudad.

Pasó el caluroso día, pasó la noche, y el nuevo amanecer llegó como siempre, pero lo cierto es que ya nada era igual en la ciudad ¡Todo el mundo había cambiado! Por culpa del hechizo de la bruja, hombres, mujeres, niños y ancianos, se levantaron nerviosos y haciendo cosas disparatadas. Unos deliraban y decían cosas sin sentido; otros comenzaron a sufrir alucinaciones y a ver cosas raras por todas partes.

No había duda… ¡Todos sin excepción habían perdido el juicio!

El rey, ya de regreso, fue convenientemente informado de lo que estaba sucediendo y salió a dar un paseo para comprobarlo con sus propios ojos. Los ciudadanos se arremolinaron en torno a él, y al ver que no se comportaba como ellos, empezaron a pensar que se había vuelto loco de remate.

Completamente trastornados salieron corriendo en tropel hacia la plaza principal para decirse unos a otros:

– ¿Os habéis dado cuenta de que nuestro rey está rarísimo? ¡Yo creo que se ha vuelto majareta!

– ¡Sí, sí, está como una cabra!

– ¡Tenemos que expulsarlo y que gobierne otro!

Imagínate un montón de personas fuera de control, totalmente enloquecidas, que de repente se convencen de que las chifladas no son ellas, sino su rey. Tanto revuelo se formó que el monarca puso el grito en el cielo.

– ¡¿Pero qué demonios está pasando?! ¡Todos mis súbditos han perdido el seso y piensan que el que está loco soy yo! ¡Maldita sea!

A pesar de la difícil papeleta a la que tenía que enfrentarse, decidió mantener la calma y reflexionar. Rápidamente, ató cabos y sacó una conclusión que dio en el clavo:

– Ha tenido que ser por el agua del pozo… ¡Es la única explicación posible! Sí, está claro que todos han bebido menos yo y por eso me he salvado… ¡Apuesto el pescuezo a que esto es cosa de la malvada bruja!

Mientras cavilaba, vio de reojo a un alfarero que llevaba una jarra de barro en la mano.

– ¡Caballero, présteme la jarra!

– ¡Aquí tiene, majestad, toda suya!

El monarca la agarró por el asa, apartó a la gente a codazos y dando grandes zancadas se plantó frente al pozo de agua sin ningún tipo de temor. Los habitantes de Wirani se apelotonaron tras él conteniendo la respiración.

– Así que pensáis que el loco soy yo ¿verdad? ¡Pues muy bien, ahora mismo voy a poner solución a esta desquiciante situación!

El rey metió la jarra en el pozo y bebió unos cuantos sorbos del agua embrujada. En cuestión de segundos, tal como había sentenciado la bruja, enloqueció como los demás.

Y… ¿sabes qué pasó? Pues que los perturbados ciudadanos comenzaron a aplaudir porque pensaron que al fin el rey ya era como ellos, es decir… ¡que había recobrado la razón!

(c) CRISTINA RODRÍGUEZ LOMBA

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EL HOMBRE ECUÁNIME

Era un hombre querido por todos.
Vivía en un pueblo en el interior de la India, había enviudado y tenía un hijo. Poseía un caballo, y un día, al despertarse por la mañana y acudir al establo para dar de comer al animal, comprobó que se había escapado. La noticia corrió por el pueblo y vinieron a verlo los vecinos para decirle:
-¡Qué mala suerte has tenido!
Para un caballo que poseías y se ha marchado.
-Sí, sí, así es; se ha marchado -dijo el hombre.

Transcurrieron unos días, y una soleada mañana, cuando el hombre salía de su casa, se encontró con que en la puerta no sólo estaba su caballo, sino que había traído otro con él. Vinieron a verlo los vecinos y le dijeron:
-¡Qué buena suerte la tuya! No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes dos.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre.

Al disponer de dos caballos, ahora podía salir a montar con su hijo. A menudo padre e hijo galopaban uno junto al otro. Pero he aquí que un día el hijo se cayó del caballo y se fracturó una pierna. Cuando los vecinos vinieron a ver al hombre, comentaron:
-¡Qué mala suerte, verdadera mala suerte! Si no hubiera venido ese segundo caballo, tu hijo estaría bien.
-Sí, sí, así es -dijo el hombre tranquilamente.

Pasaron un par de semanas. Estalló la guerra. Todos los jóvenes del pueblo fueron movilizados, menos el muchacho que tenía la pierna fracturada. Los vecinos vinieron a visitar al hombre, y exclamaron:
-¡Qué buena suerte la tuya! Tu hijo se ha librado de la guerra.
-Sí, sí, así es -repuso serenamente el hombre ecuánime.

Reflexión: Para el que sabe ver el curso de la existencia fenoménica, no hay mayor bien que la firmeza de la mente y de ánimo.

Autor del cuento: Cuento tradicional de la India

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Reflexión para un hijo

Enviado por gabl  

Hijo, permite usar tu espacio para manifestar lo que siente una persona cuando es relegada a un segundo plano. Y le pierden el respeto, las personas parecieran miopes pasan por su lado e ignoran verlas, dejamos de ser útiles pero necesarias a la hora de aportar dinero, y nuestro talento, nuestras opiniones carecen de validez, somos obsoletos, nos convertimos en inservibles y objetos inútiles.
Caminamos lento por la vida los años no pasan en vano. Pero mantenemos la capacidad de discernir activa, pero no es tomada en cuenta. La llamada tercera edad está compuesta por personas consideradas que ya dieron todo lo que tenían que dar. Pero quienes manejan las finanzas mundiales, las grandes corporaciones, las naciones progresistas, en manos de quienes están? la mayoría de los gobiernos de los más importantes países quienes las rigen?
La ciencia, quienes están al frente de las investigaciones científicas, de los avances y descubrimientos de fármacos que curaran en muchos de los casos enfermedades y endemias, virus, etc., y frenaran el avance de otras mortales.
A quien se acude en busca de un consejo?
Al viejo...a la solución de problemas que puedan comprometer la paz mundial...
¿Entonces, cuánto vale el viejo?
Por eso estoy feliz de ser viejo.
Y aquí sentado en mi mecedora veo pasar la vida de los demás, veo como mueren jóvenes que no aportaron nada a la vida.
Jóvenes que dejaron semilla, germinadas en el vientre de la mujer que se quedó sin padre para sus hijos.
Y así como mueren los jóvenes moriremos los viejos pero en paz, sin la agonía de la muerte violenta y
dejaremos un futuro labrado, encaminado al éxito de los descendientes que vivirán en la rectitud y el estudio.
Y sacarán al país adelante.

gbl
26/11/2014
Derechos Reservados de Autor




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Humildad

Enviado por gabl  

No puedes hacer valer tus razones sin haber analizado las mías. No siempre, por más inteligente que seas tendrás la última palabra.
Sé humilde, conoce tus propias limitaciones y debilidades, y solo de esta manera podrás actuar de acuerdo a ese conocimiento.
La vida es un búmeran, ella te devuelve lo bueno y lo malo que hayas dado. Te premia o te castiga por tus acciones. Aprende el arte de escuchar y serás escuchado. Aleja de ti la vanidad y el egoísmo, practica la bondad y brinda amor a tus semejantes. Nutre tu alma con la pureza que Dios te brinda en cada amanecer.

gbl
27/02/2018
Derechos Reservados de Autor

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Concentración

Enviado por Albertosacris  

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando dio en el centro de la diana en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro...

- "Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!".

Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo.

- "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme.

Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro.

- "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente, que te hace errar el tiro".

(Cuento tradicional oriental)

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Reflexión de Vida

Enviado por gabl  

Las horas se vuelven frágiles cuando el pensamiento vaga entre desgastadas neuronas.

Cuando no hay coincidencias entre el ayer y el presente, cuando los recuerdos se evaporan como agua hirviendo, o se derriten como hielo expuesto a la intemperie.

Duelen los años vividos y forman parte de la historia de cada ser humano. No hay tiempo para enmendar errores, para revivir el ayer y que se convierta en el quehacer de hoy.

Tiempo pasado, irrecuperable. Pesa la conciencia, sobrevienen los remordimientos. No hay tiempo del perdón. Consiente o involuntariamente el daño causado no se puede resarcir.

Queda aprender de las experiencias propias o ajenas y tomar de ellas lo positivo. Aun así cuesta recobrar la confianza, elevar la autoestima y equilibrar los actos en la balanza de la vida.

gbl
20/11/2017
Derechos Reservados de Autor

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NI TÚ NI YO SOMOS LOS MISMOS

El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.

Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente.
Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
-¿No estás enfadado, señor?
-No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
-¿Por qué?
Y el Buda dijo:
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.

Reflexión: Para el que sabe ver, todo es transitorio: para el que sabe amar, todo es perdonable.

Autor del cuento: Cuento tradicional de la India

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EL MERCADER DE SAL Y EL ASNO

Llevó un mercader a su asno a la costa para comprar sal.
En el camino de regreso a su pueblo pasaban por un río, en el cual, en un hueco, el asno resbaló mojando su carga. Cuando se levantó sintió aliviado su peso considerablemente, pues bastante de la sal se había diluido.
Retornó el mercader de nuevo a la costa y cargó más sal que la vez anterior.
Cuando llegaron otra vez al río y el asno se tiró de propósito en el mismo hoyo en que había caído antes, y levantándose de nuevo con mucho menos peso, se enorgullecía triunfantemente de haber obtenido lo que buscó.
Notó el comerciante el truco del asno, y por tercera vez regreso a la costa, donde esta vez compró una carga de esponjas en vez de sal.
Y el asno, tratando de jugar de nuevo a lo mismo, se tiro en el hueco del río, pero esta vez las esponjas se llenaron de agua y aumentaron terriblemente su peso.
Y así el truco le rebotó al asno, teniendo que cargar ahora en su espalda más del doble de peso.

Moraleja: Tratar de evitar el deber haciendo trucos, sólo nos dañara a nosotros mismos.

Autor del cuento: Esopo

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EL SEMIDIOS

Un hombre tenía en su casa un semidiós, al que ofrecía ricos sacrificios. Como no cesaba de gastar en estos sacrificios sumas considerables, el semidiós se le apareció por la noche y le dijo:
- Amigo mío, deja ya de dilapidar tu riqueza, porque si te gastas todo y luego te ves pobre, me echarás a mí la culpa.

Moraleja: Si gastas tus riquezas en cosas innecesarias, no le eches luego la culpa de tus problemas a nadie más.

Autor del cuento: Esopo

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LA VIÑA Y LA CABRA

Una viña se encontraba exuberante en los días de la cosecha con hojas y uvas. Una cabra que pasaba por ahí mordisqueó sus zarcillos y tiernas hojas. La viña le reclamó:
- ¿Por qué me maltratas sin causa y comes mis hojas? ¿No ves que hay zacate suficiente? Pero no tendré que esperar demasiado por mi venganza, pues si sigues comiendo mis hojas y me maltratas hasta la raíz, yo proveeré el vino que echarán sobre ti cuando seas la víctima del sacrificio.

Moraleja: Los maltratos hechos con intención, tarde o temprano regresan a quien los hizo, muchas veces bajo otra vestidura.

Autor del cuento: Esopo

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EL GRANO DE MOSTAZA

Una mujer, deshecha en lágrimas, se acercó hasta el Buda y, con voz angustiada y entrecortada, le explicó:
-Señor, una serpiente venenosa ha picado a mi hijo y va a morir. Dicen los médicos que nada puede hacerse ya.
-Buena mujer, ve a ese pueblo cercano y toma un grano de mostaza negra de aquella casa en la que no haya habido ninguna muerte. Si me lo traes, curaré a tu hijo.

La mujer fue de casa en casa, inquiriendo si había habido alguna muerte, y comprobó que no había ni una sola casa donde no se hubiera producido alguna. Así que no pudo pedir el grano de mostaza y llevárselo al Buda.

Al regresar, dijo:
-Señor, no he encontrado ni una sola casa en la que no hubiera habido alguna muerte.
Y, con infinita ternura, el Buda dijo:
-¿Te das cuenta, buena mujer? Es inevitable. Anda, ve junto a tu hijo y, cuando muera, entierra su cadáver.

Reflexión: Todo lo compuesto, se descompone: todo lo que nace, muere. Acepta lo inevitable con ecuanimidad.

Autor del cuento: Cuento tradicional de la India

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