24 Cuentos de miedo 

Las ratas del cementerio

Enviado por dach2901  

El viejo Masson, quien custodiaba uno de los cementerios de mayor antigüedad en Salem, sostenía una lucha constante con las ratas. Generaciones antes, había llegado al cementerio una colonia de ratas desde los muelles. Y cuando Mason ocupó su cargo, luego de que el guardián anterior desapareciese inexplicablemente, tomó la decisión de exterminarlas. Al inicio esparcía veneno y trampas alrededor de sus madrigueras; después, trató de aniquilarlas a tiros, más todo fue en vano. Las ratas continuaban en el lugar.
Sus hambrientas hordas se extendían, invadiendo el cementerio. Eran enormes, incluso para ser de la especie mus decumanus, de la cual se sabe, llega a medir hasta treinta y cinco centímetros sin incluir la cola, gris y pelada. Masson se había topado con varias del tamaño de un gato y, cada vez que los sepultureros encontraban otra madriguera, asombrados confirmaban que entre aquellas cavernas putrefactas cabía a la perfección el cuerpo de un ser humano. Aparentemente, los barcos que solían atracar en los decadentes muelles de Salem durante el pasado, debían haber transportado cargamentos demasiado insólitos.
En ocasiones, Masson se quedaba impactado por las descomunales proporciones que tenían estos nidos. Lo hacían acordarse de cuentos fantásticos que había escuchado al llegar al viejo y encantado pueblo de Salem. Eran cuentos que advertían de una vida embrionaria que sobrevivía a la muerta, ocultándose en rincones ignorados bajo tierra.Atrás habían quedado los tiempos en los que Cotton Mather aniquilaba a los cultos oscuros y las ceremonias orgiásticas que se ofrecían a Hécate y a la espeluznante Magna Mater. No obstante, aun prevalecían de pie las casonas macabras con tus áticos retorcidos, de fachadas caídas y carcomidas, en cuyos sótanos, de acuerdo con los rumores, todavía habitaban secretos abominables y ritos en contra de la ley y la lógica. Mientras agitaban sus cabellos blancos, los ancianos juraban que, en los panteones ancestrales de Salem, vivían bajo el suelo cosas que eran mucho peores que las ratas y los gusanos.

Los roedores provocaban en Masson tanta repulsión como respeto. Estaba consciente del peligro que encerraban sus dientes afilados y relucientes. Más no entendía el pavor que las casas abandonadas e invadidas por las ratas, despertaban en los viejos. Había oído rumores acerca de criaturas horribles que habitaban en las profundidades y que, gracias al poder que poseían sobre las ratas, habían formado grandes ejércitos.

De acuerdo con lo que decían los ancianos, las ratas llevaban un mensaje entre nuestro mundo y esas cuevas de las profundidades. Todavía se hablaba sobre cadáveres robados de sus tumbas para preparar banquetes bajo tierra. El cuento del flautista de Hamelin era en realidad una leyenda, que de modo metafórico, encubría algo horrible y pagano; según ellos, los infiernos más oscuros habían expulsado seres repugnantes de sus entrañas, que jamás habían nacido.

Masson ignoraba todas estas habladurías. siempre se apartaba de los vecinos y, en realidad, se esforzaba porque nadie descubriera el problema de las ratas. Pues de haberse conocido sin duda habrían llevado a cabo investigaciones, y abierto muchos sepulcros. Entonces encontrarían los féretros agujereados y los huecos por los que culpaban a las ratas. Pero además encontrarían algunos cadáveres con partes faltantes, poniendo a Masson en una situación delicada.

Los dientes postizos solían fabricarse con oro y no se extraían al morir. La ropa, obviamente, es distinta, ya que le funeraria solía brindar un simple traje de paño, por lo cual puede reconocerse a pesar del tiempo. El oro no.

Masson también hacía negocios con ciertos estudiantes de medicina y médicos sin moral, que requerían cuerpos sin importar de donde vinieran. Hasta entonces se las había ingeniado para evitar que investigaran. Negaba rotundamente la presencia de las ratas, incluso cuando ellas le habían quitado su botín. No le interesaba lo que ocurriera con los cadáveres tras robarles, pero las ratas los arrastraban completos por una abertura que ellas mismas abrían en el ataúd. El tamaño de dichos orificios era impactante.

Lo más curioso era como los roedeores perforaban las cajas por alguno de los extremos, nunca en los costados. Como si actuaran bajo los órdenes de algo más inteligente.

En aquel instante se hallaba delante de una tumba abierta. Apenas había retirado los últimos restos de tierra, añadiéndolos al montículo al lado de sus pies. Una llovizna helada y constante no había parado de caer hacía semanas, transformando el cementerio en un lodazal, en el que las lápidas nadaban como piedras irregulares. Las ratas habían regresado a sus nidos, no había quedado una sola. Empero, la cara huesuda de Masson mostraba preocupación. Acababa de levantar la tapa de un féretro de roble. Lo habían sepultado días atrás, sin que él se animara a desenterrarlo antes. Sus parientes aun acudían a llorarlo, sin importar que lloviera. Pero siendo tan tarde y de noche, era improbable que llegaran, sin importar que tan grande fuera su dolor.

Con este pensamiento, Masson se tranquilizó, incorporándose y abandonando su pala.

Desde el monte que albergaba el cementerio, las luces de Salem tintineaban entre la lluvia. Tomó la linterna y se agachó para comprobar los cierres del ataúd. Entonces se quedó paralizado. Había escuchado un murmullo frenético bajo sus pies, como si algo se revolviera bajo la tierra. Por un instante experimentó un miedo supersticioso, que no tardó en volverse cólera al entender lo que aquellos sonidos significaban. ¡Las ratas le habían ganado de nuevo!

Furioso, rompió los candados del féretro, metió la pala y haciendo palanca, logró levantar la tapa. Encendió su luz y la dirigió al interior. Estaba vacío. Masson notó como algo se movía con sigilo en la cabecera y la alumbró. Aquel rincón de la caja había sido agujereado y el hoyo se abría ante lo que parecía ser un pasadizo, por él vio desaparecer un pie rígido, envuelto en su respectivo zapato. Las ratas le habían ganado únicamente por unos minutos.

Se inclinó y tiró del zapato con fuerza. Al caer dentro del ataúd, la linterna se apagó con violencia. Sintió como el zapato se le escurría de las manos de golpe, bajo el eco de unos chillidos frenéticos y agudos. Masson tomó la linterna y la dirigió hacia el orificio.

Era muy grande. Debía ser así pues de otro modo, no habrían podido robar al muerto. Trató de imaginar el tamaño que tendrían esas ratas, si eran capaces de llevarse un cuerpo humano. Le alivió saber que tenía su revólver cargado, a la mano.

Si hubiera sido el cuerpo de una persona cualquiera, Masson se lo habría dejado a esas alimañas antes de entrar por ese claustrofóbico túnel; no obstante, al pensar en el costoso alfiler de corbata, con una perla auténtica, y en los gemelos de sus muñecas. No lo pensó. Se colocó la linterna en el cinturón y avanzó por la madriguera. Era muy angosta. Delante de él veía como las suelas de los zapatos se alejaban en dirección el fondo de la galería. Intentó seguirlas lo más rápido que le fue posible, pero en instantes se sentía incapaz de seguir, oprimido por las paredes subterráneas.

El hedor del cuerpo había impregnado el aire, impidiéndole respirar. Fue ahí cuando se dijo que, si no lograba alcanzarlo, volvería. El terror sacudía su imaginación pero la codicia lo impulsaba a seguir adelante. Así que siguió, pasando de largo por otros túneles. Los muros del pasadizo estaban pegajosos y húmedos. en un par de ocasiones escuchó como la tierra se desprendía tras él, haciéndole mirar sobre el hombre. No pudo ver nada hasta que alzó la linterna. El lodo había obstruido el pasaje casi por completo.

La peligrosa situación hizo latir su corazón con fuerza, revelándole una verdad espantosa. No quería pensar en un hundimiento. Optó por dejar de lado su objetivo, aun cuando casi alcanzaba el cuerpo y a los temibles seres que lo transportaban.

Sin embargo había otro detalle, uno en el que no había pensado: la madriguera era demasiado angosta como para que pudiera darse vuelta.

Sintió pánico y entonces se acordó del túnel lateral por el que acababa de pasar, retrocediendo con dificultad hasta ahí. Metió las piernas y consiguió darse vuelta. Se arrastró con desesperación a la salida, ignorando el dolor de sus rodillas. Entonces sintió una punzada en su pierna. Unos dientes afilados traspasaban su carne. Pataleó com frenesí para escapar de sus atacantes y escuchó un chillido intenso, seguido por el murmullo apresurado se patas que emprendían la huida.

Dirigió la linterna hacia atrás y se estremeció de terror: varias ratas lo observaban con atención, sos ojos malévolos relucían ante la luz. Estaban deformes y eran del tamaño de gatos. Tras ellas, una silueta oscura se desvaneció en la penumbra, pero eso no le impidió sentir miedo ante sus descomunales proporciones. La luz detuvo a los roedores por un instante, antes de que volvieran a acercarse con cautela, con los dientes pintados de escarlata.

Masson sacó su pistola con dificultad y apuntó. No se encontraba en una buena posición. Tuvo cuidado de apuntar hacia las zonas húmedas del túnel para no lastimarse. El impacto lo ensordeció unos momentos. Luego, en cuanto el humo se disipó, verificó que las ratas no estaban. Guardó el arma y volvió a reptar con rapidez por el pasadizo. Más no tardó en volver a escuchar como las alimañas corrían, abalanzándose sobre él. Invadieron sus piernas, mordiendo y chillando con locura. Masson gritó al tiempo que cogía la pistola. No se disparó de milagro. Sin embargo, las ratas no retrocedieron tanto esta vez.

Él aprovechó para arrastrarse tan rápido como podía. preparado para abrir fuego ante el siguiente ataque. Escuchó el movimiento de sus patas e iluminó nuevamente con la linterna. Una gran rata grisácea se detuvo para mirarlo, moviendo sus bigotes y balanceando su repugnante cola, de lado a lado. Le disparó y se retiró corriendo.

Siguió reptando. Se había parado a descansar un segundo, al lado de la entrada de otro un túnel, cuando se percató de un bulto extraño bajo la tierra húmeda, a pocos pasos de él. Pensó que era un montículo que se había desprendido del techo, hasta que vio que se trataba de otro cuerpo humano. Una momia seca y arriada, que se movía hacia él.

Bajo la luz de la linterna, contempló su cara horrible a pocos centímetros de la suya. Era un rostro descarnado, el semblante de un cadáver que había estado enterrado largos años, reanimado por aquellas criaturas infernales. Sus ojos estaban hinchados y vidriosos, expresando su ceguera. Al encontrarse con Masson, el cuerpo emitió un gemido lastimero a través de sus labios podridos, que formaron una mueca hambrienta. A Masson se le heló la sangre. Cuando aquel cuerpo estaba por alcanzarlo, se introdujo a toda prisa por el túnel lateral.

Escuchó que arañaban la tierra bajo sus pies y el gruñido perplejo de la rata que lo seguía. Masson miró hacia atrás, gritó e intento escapar aterrorizado a través de la madriguera. Se arrastraba torpemente, mientras las piedras le abrían heridas en rodillas y manos. El lodo le cubría los ojos, más no se atrevió a parar un solo segundo. Siguió corriendo a gatas, gimiendo, rezando y dejando escapar maldiciones.

Las ratas chillaron victoriosas y se le fueron encima con miradas voraces. Masson por poco y se rindió ante sus dientes, pero una vez más consiguió liberarse de ellas. Lleno de pánico, se sacudió, gritó y disparó hasta quedarse sin municiones. Había ahuyentado a las ratas.

Entonces vio que se encontraba debajo de una gran piedra, que enclavada sobre el túnel, presionaba dolorosamente su espalda. Vio que se movía y tuvo una idea: ¡si lograba hacer caer, bloquearía el túnel!

La tierra estaba mojada. Se incorporó y empezó a remover el barro que sostenía la roca. Las ratas se acercaban, podía ver como brillaban sus ojos ante el destello de la linterna. Continuó cavando, desesperado. La piedra estaba cediendo. Le dio un tiró y la arrancó de sus cimientos. Las ratas estaban cerca… era el enorme roedor con el que se había topado antes. Gris, asqueroso, avanzaba exhibiendo sus dientes deformes. Masson volvió a tirar de la roca y sintió como resbalaba. Entonces volvió a arrastrarse por el túnel, mientras la piedra se derrumbaba a sus espaldas, provocando un inesperado chillido de agonía.

Algunos terrones húmedos le cubrieron las piernas. Más adelante, otro desprendimiento capturó sus pies, del cual logró salir con esfuerzo. ¡El túnel completo se estaba desplomando!

Jadeando con pavos, reptaba mientras la tierra caía. El pasadizo se fue haciendo más estrecho hasta llegar a un punto en el que no podía mover las manos ni las piernas para continuar. Masson se retorció igual que un gusano, hasta notar un trozo de raso debajo de sus dedos y toparse con algo que le impidió avanzar. Movió sus piernas y verificó que no se habían quedado atrapadas en la tierra. Se encontraba boca abajo. Al intentar erguirse, vio que el techo del túnel estaba por tocar su espalda. El terror lo inundó. Al escapar de aquella criatura ciega y horrible, se había metido en un túnel adyacente y sin saluda. ¡Estaba en un ataúd! ¡Un ataúd vacío, al que había accedido por el orificio que las ratas le habían hecho por el extremo!

Trató de colocarse boca arriba sin éxito. La tapa del féretro le obligaba a permanecer inmóvil. Inspiró e intentó empujarla. Era inútil y aun cuando consiguiera salir del ataúd, ¿cómo podría salir a través del metro y medio de tierra que lo cubría?

Casi no podía respirar. Sentía un calor asfixiante y el hedor era insoportable. En un arrebato de pánico, arañó el forro hasta desgarrarlo. Intentó inútilmente cavar con sus pies en la tierra que lo mantenía prisionero. Si pudiera cambiar su postura, podría cavar con sus uñas una abertura hacia el aire…

Una cruel agonía le penetró el corazón, sentía como el pulso se le escapaba por los globos oculares. Sentía su cabeza hinchada, como si le fuera a estallar. Y entonces escuchó los chillidos de triunfo de las ratas. Gritó, enloquecido, más no consiguió apartarlas esta vez. Por breves segundos se retorció con histeria dentro de su angosto encierro y entonces, se tranquilizó, exhausto por la falta de oxígeno.

Cerró sus párpados, sacó la lengua ennegrecida y se abandonó a la oscuridad de la muerte, mientras los chillidos dementes de las ratas resonaban en sus oídos.

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PAPÁ

Enviado por dach2901  

Mi nombre es jeyzon … pero mi padre suele llamarme jey, mi vida siempre ha sido un mar de problemas y dificultades, mi madre murió minutos después de darme a luz .. Las personas suelen decirme que lo sienten mucho, sin embargo no creo que sea así ¿Cómo alguien es capaz de sentir el dolor encerrado en tu interior?, bueno no en el mío. A decir verdad la muerte de mi madre nunca me a hecho sentir dolor, quizás en algún momento algo de tristeza pero no dolor. En fin…. Mi padre y yo hemos estado solos desde entonces, con mi padre a mi lado no necesito a nadie más él ha sido esa fortaleza que yo he necesitado para seguir, y a pesar de que siempre hemos tenido dificultades juntos podíamos superar cualquier cosa amaba vivir con papa, amaba todo lo que hacíamos como ir al futbol , al cine, e incluso solo sentarme a su lado a charlar sobre nuestras vidas … era todo increíble pero justo cuando piensas que todo seguirá una buena trayectoria , algo tiene que desviarte …



A mi padre como a cualquier otro hombre le gustaban las chicas, no chicas chicas exactamente, chicas de su edad. Siempre supuse que tendría alguna novia, sin embargo nunca pensé que fuera a tomarse enserio alguna de esas vagas relaciones. Una tarde como de costumbre escuche el auto de papa estacionarse al frente de la casa decidí solo esperarlo mientras miraba cómodamente la televisión con las piernas entrelazadas sobre la mesa, estaba muy relajado, era como si supiese que entraría por la puerta y me dijera – ¡hey campeón como estas!- como solía hacerlo siempre. Sin embargo mi tranquilidad se desvaneció rápidamente al verlo entrar acompañado de una chica, más que verlo entrar con esa chica lo que más me tenía sorprendido era lo joven que lucía aquella mujer y valla que era realmente hermosa. Pero a pesar de la sorpresa sencillamente salude y subí a mi habitación, era todo tan extraño porque papa había traído aquella chica a casa ..¿ por qué tenía que ser tan joven ? pero lo que más me inquietaba era el por qué no me había comentado nada, entonces lo supuse .. Aquella chica debía estar saliendo con el…solo cenamos y como lo suponía estaban saliendo. Cuando la chica se fue lo único que hice fue llenar de insultos a mi padre sin embargo me quede sin palabras al sentir la fuerte bofetada de mi padre, lo mire muy desconcertado, el jamás me había reprendido de tal manera sin embargo me limite a solo mirarlo y después retirarme .

Los meses pasaban y la relación con mi padre parecía estar cada vez más fracturada, solía pasar todo su tiempo libre saliendo con aquella chica , tan joven que parecía fuesen padre e hija , mientras yo estaba solo en casa sin saber qué hacer, me había acostumbrado tanto a estar con mi padre que el había sido el único amigo que había tenido durante toda mi vida, me sentía tan vacío y solo y el coraje en mi por aquella chica crecía cada día .

Sin embargo mi vida rompió en mil pedazos cuando me entere que mi padre se casaría con aquella chica “susan” ese era su nombre . intente de miles de manera hacer que mi padre cambiara de opinión pero todo fue en vano , el jamás abandonaría la idea y el deseo de estar con susan y entonces por primera vez en mi vida sentí dolor un dolor inmenso y penetrante que parecía que un enorme cuchillo atravesaba mi corazón .. Pero no podía hacer nada .

Y el tan inesperado día había llegado, las flores adornaban todo el jardín eran hermosas no lo negare pero el día al igual que yo parecía estar triste, los nubarrones grises cubrían el largo de toda la ciudad como una manta gigante , la ceremonia tuvo inicio en un templo no muy lejos de donde vivíamos , seguido de una gigantesca celebración , todos reían , todos cantaban , bailaban , estaban muy alegres , menos yo … solamente subí a mi habitación y dormí ….

Al pasar los meses ya nada era igual la relación que antes sostenía con mi padre pareciese que nunca hubiera existido, todo su día era susan ella se había convertido también en su nueva razón de ser, mientras que a mí me había echado a la basura como un objeto inservible. Y las noticias buenas no dejaban de aparecer, ya que susan esperaba un hijo y claro quien lo esperaba ansiosamente era mi padre…meses después mientras mi padre y su esposa se preparaban para dormir me disponía a darles las buenas noches pero antes de tocar la puerta escuche la conversación que hiso que mi deplorable vida se sumiera aún más en la oscuridad.

-¿entonces está decidido amor?

– por supuesto que si mi princesa, sabes que lo único que deseo es estar contigo y nuestro hijo, quiero comenzar de nuevo y jeyzon creo que solamente será una carga muy molesta para nosotros , después de todo ni siquiera le caes muy bien .

– entonces está decidido, mañana temprano le diremos que a partir de la próxima semana ira a vivir con tu hermana…-

– claro que si amor ..Descansa –



Primero me remplaza por esa mujer, después piensa que lo comparta con un niño que ni siquiera será mi verdadero hermano y después pensó en dejarme a mi suerte… la rabia se apodero de mi solamente quería matarlos que ambos sufrieran , baje las escaleras y salí de la casa estaba muy intranquilo mi respiración se aceleró y el sudor resbalaba por mi frente , no permitiría que me tiraran como si fuese un pedazo de basura, pagarían por todo lo que me habían echo ..

Me dirigí lo más rápido que pude al patio trasero, tome la pala y escavé un hoyo bastante profundo, cuando por fin termine tome la pala y me dirigí a la habitación donde dormía mi padre, los mire detenidamente por unos instantes, lucían tan tiernos juntos, después de todo papa me lo agradecería porque morirían todos juntos y nadie sufriría, entonces la ternura se fue de mi y la furia se apodero de mi comencé a golpearlo y la sangre salpicaba sobre mis prendas ambos se quejaban pero yo seguía golpeando con fuerza, y cuando al fin dejaron de moverse, Salí con una gran sonrisa y comencé a caminar por la calle con la pala en mi mano la gente me miraba asustada pero yo no entendía por qué …. Si después de todo solo hice lo mejor para mi papa.

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La verdad sobre el hada de los dientes

Enviado por dach2901  

¿Alguna vez has escuchado esa vieja historia sobre el hada de los dientes? Por supuesto que la has escuchado, ya lo creo que sí. Todos lo hemos hecho, ¿no? Una simpática criatura que deja monedas a los niños a cambio de sus dientes de leche. Ya lo creo que nuestros padres se lo pasaban en grande al contarnos todas esas fantasías. Para ellos, no hay nada como la ilusión en las caritas de sus retoños cada vez que descubren una moneda bajo su almohada.

Sé lo que estás por decirme ahora. Claro, que no es más que una fantasía inocente. Quizás viste a tu papi o a tu mamita entrando alguna vez en medio de la noche a tu habitación, y luego sentiste una mano gentil que deslizaba el esperado tesoro bajo tu cabeza.
Me gustaría decir que yo también tengo un recuerdo así. Pero lo cierto es que, lo que vi aquella vez cuando tenía solo siete años de edad, me perseguirá para toda la vida.

Y eso es algo que no le deseo a nadie.

Recuerdo el día con total claridad, a pesar del tiempo que ha pasado. Uno de mis dientes frontales se había caído y yo estaba henchido de auténtico orgullo por eso. Significaba que iba a recibir una brillante moneda que luego podría gastar en chocolatines. Pero no solo eso, también quería decir que estaba creciendo y pronto tendría una dentadura fuerte y perfecta.

Aquella noche cenamos patas de pollo con guisantes y puré de patatas, una de mis comidas favoritas. Te dije que lo recuerdo todo muy bien, realmente es como si hubiera pasado ayer.

Me puse mi pijama de superhéroes y mi madre acudió a darme las buenas noches.

—Que descanses, hijo —me dijo mientras me arropaba en la cama—. Duérmete y verás como mañana encuentras algo muy especial bajo tu almohada.

Me dormí, confiando en que sus palabras fueran ciertas. Debían ser pasadas de la medianoche cuando me desperté, alertado por unos ruidos extraños. Era como el ruido de un animal rollendo algo. Con encías muy, pero muy afiladas.

Parpadeé un par de veces antes de poder acostumbrarme a la oscuridad. El sonido se había vuelto más intenso. Yo estaba de cara a la pared y justo en ese momento, cometí el peor error de mi vida.

Voltearme.

Y fue cuando la vi. Una vieja horrible arrodillada a un lado de mi cama, me miraba con las cuencas de sus ojos vacías. Tenía una mata de pelo gris y sucio que le medio cubría el rostro, arrugado y de piel flácida. Pero lo más horrible, lo más espantoso de todo era su boca. Un agujero enorme que abarcaba la mitad de su cara, llena de hileras e hileras de dientes de diversos tamaños.

Tuve un acceso de nausea y terror en ese instante.

La criatura siseó algo y luego extrajó una mano de uñas largas y afiladas de debajo de mi almohada. Había encontrado lo que quería…

Ella existe. Pero no es tan amigable como cuentan.

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Si encuentras un libro llamado «El cuento de Roly Poly», ¡no lo abras! ¡No lo leas!

Enviado por dach2901  

El libro no aparentaba ser particularmente macabro. No tenía imágenes espeluznantes en la portada. No había palabras de advertencia. Tan solo era un lienzo en rojo, liso, con letras doradas que decían: «El cuento de Roly Poly».

Nunca había visto el libro hasta que Ginny lo sacó de su colección en el estante. Pensé que podría haber sido olvidado por los propietarios anteriores. Después de todo, acabábamos de mudarnos al vecindario hacía un mes
Ginny ya estaba acurrucada debajo de las sábanas cuando abrí el libro. A los seis, ella estaba aprendiendo a leer y por eso no necesitaba que la obligaran a acostarse, siempre y cuando cumpliera con mi promesa de contarle una historia. Bueno, debo rectificar: casi nunca lo necesitaba. Las princesas eran su nueva obsesión y ya habíamos agotado la mayoría de los clásicos como La bella durmiente y Cenicienta. El cuento de Roly Poly parecía una buena desviación de la lista habitual.

—¿Estás seguro de que quieres este, calabaza?

Ginny bostezó:

—Sí, papi.

Me encogí de hombros y comencé a leer:

Había dos niños
Dos niños como tú.

Uno se llamaba Jack
El otro era Hugh.

Los muchachos se sentaron en su habitación,
Pues no tenían nada que hacer aún.

Estaban tan aburridos
Un bugaboo común.

El libro contenía una ilustración simple de dos niños en un dormitorio, decorado con papel tapiz de béisbol.

Pensaron y pensaron:
Resoplaron indiferentes,

Hasta que Hugh dijo: ¡Uf!
¡Suficiente es suficiente!

¡Vamos a jugar un juego!
Cambiaremos este cabo suelto.

¡Ya sé! Dijo Jack,
Llamaré a mi amigo en este momento.

Gruñí internamente y esperé que Ginny se durmiera pronto. Esto no era exactamente como el Dr. Seuss.

Jack tomó el libro
Y siguió leyendo las palabras escritas:

Sal, sal
Tú, viejo payaso tonto.

Con un silbido y un silbido,
Y fizzle y pop,

Llegó Roly Poly,
Con un gran gran plop.

Había una figura enorme que empequeñecía a los dos niños a su lado. Pertenecía a un hombre vestido como un payaso de pantomima tradicional, completando su apariencia con una peluca rizada, maquillaje blanco y labios rojos estridentes.

¿Cómo lo hice?, Dijo el payaso, he venido a jugar
¿Tú?, Dijo Hugh, ¡Santo cielo, querido Moley!

No tengas miedo, dijo Jack,
Es solo Roly Poly.

¿Qué haremos? —Dijo Hugh emocionado,
Mientras sacaba sus juguetes del desorden del armario.

Hubo juegos de varios nombres,
Llenos de cables y megavatios.

Una máquina de karaoke,
un trampolín y dos robots de infarto.

¡Oh no! Dijo el payaso
¡Esto no será suficiente!

Vamos a jugar algunos juegos reales
Olvídense de esta tecnología deficiente.

Vengan conmigo y verán
Mi casa es bastante genial,

Tendrán todo lo que necesitan
En la tierra de Topsy-Turvy.

Los dos muchachos asintieron
Sus corazones se llenaron de alegría.

Tomaron la mano del payaso,
¡Y contó tres Mississippi en el acto!

Hugh y Jack cerraron los ojos
Mientras el mundo giraba y giraba.

Gritaron de alegría
Al ver que en nuevo lugar estaban.

La casa del payaso era espléndida.
Llena de dulces y golosinas, la diversión nunca terminaría.

Sin padres, sin quehaceres, sin acostarse, ni seguir reglas,
No había tareas horribles de aburridas y viejas escuelas.

Los muchachos jugaban y jugaban y los tres estaban contentos,
Hasta el día fatídico en que el payaso, de tristeza se puso enfermo.

¿Qué pasa, Roly Poly?
¿Hay algo que podamos hacer por ti?

Los muchachos preguntaron y preguntaron:
Mientras su preocupación crecía y crecía.

Oh, queridos, murmuró el payaso,
Mis disculpas, mis más humilde disculpas.

Tengo mucha hambre, confesó
Mientras su gran barriga gruñía.

¿Quieres chocolate o papas fritas o pastel de crema pegajosa?
Tenemos hot dogs y helados y malteadas deliciosas.

Pero el payaso sacudió la cabeza
Porque le dolía mucho la panza.

Entonces agarró al pequeño Hugh,
¡Una buena comida serás tú!

Se me revolvió el estómago cuando vi el contenido de la página siguiente. Cerré el libro de inmediato.

—Es hora de dormir, princesa.

Ginny intentó protestar, pero sus párpados estaban llenos de sueño.

—¿Qué le pasó al niño, papá?

—Te lo diré mañana.

Besé a Ginny en la frente y apagué la luz.

Bajé las escaleras y me serví una copa grande de vino, antes de volver a abrir el libro. La página que había cerrado mostraba la ilustración de una escena espantosa. El payaso sostenía a uno de los niños sobre su cabeza y había mordido el lado izquierdo de su cuerpo. Sus dientes arrancaban trozos de carne rosada mientras la sangre goteaba por sus labios manchados de rubí. Los ojos del pequeño estaban cerrados, su cara surcada de lágrimas, yacía congelada en una expresión agónica. Espoleado por una morbosa curiosidad, continué leyendo:

Roly Poly agarró al niño y lo sostuvo en alto.
Dio un gran mordisco: el dulce Hugh era tan suave.

Él reía y roía, masticaba y sorbía,
Y cuando no quedaba nada, eructó con una sonrisa.

Miró a su alrededor; sin encontrar a Jack.
El chico había escapado; la persecución había comenzado.

Jack se agachó y huyó, corrió y corrió,
Roly Poly solo rió entre dientes: ¡Vuelve aquí, jovencito!

Este lugar es grande; de hecho, ¡se extiende!
No hay salida, escapar no puedes.

El payaso tenía toda la razón, por mucho que lo intentara,
Jack se apresuró a escapar, pero no había salida que lo esperara.

El niño se cansó, el aliento le faltaba,
Roly Poly se puso al día, sonando bastante alegre:

Eres más duro que la mayoría, contigo haré un buñuelo.
Y colgó al niño en un viejo anzuelo.

El niño gritó y gritó: ¡Eres un gran mentiroso!
El payaso se relamió los labios avivando el gran fuego.

Pasé a la última página. El niño colgaba de un gancho sobre una gran hoguera. Partes de su piel estaban agrietadas y ennegrecidas, a la vez que las llamas lamían su pequeño cuerpo. El payaso alimentaba el fuego sosteniendo un palo en la mano. La otra mano saludó al lector cuando una sonrisa maníaca reveló dos hileras de dientes largos y afilados.

El payaso estaba muy feliz, esta dulce carne era una delicia,
Saludó al chef: —¡Buen provecho!

Me desperté temprano a la mañana siguiente y cogí el periódico que habían dejado en la puerta. Era domingo, pero no me gustaba dormir. Me hice una taza de café y miré el titular en la encimera. Mi corazón se congeló:

Quinto aniversario de la desaparición de niños locales

Cientos han participado en un mitin de conmemoración para honrar el quinto aniversario de la desaparición de los hermanos Hugh y Jack Healy.

Los hermanos, de ocho y seis años, fueron secuestrados de su hogar el 7 de enero de 2012. La policía ha emitido una nueva solicitud de información este fin de semana [la historia continúa en la página 3].

Salí corriendo y quité la tapa del bote de basura. ¿Quizás quien escribió ese libro sabía algo sobre la desaparición de los niños? Como mínimo, necesitaba denunciar este material enfermo a la policía. Mi estómago dio un vuelco mientras miraba el contenido de la lata. El libro ya no estaba.

Un pánico primario se elevó en mi pecho cuando subí corriendo a la habitación de Ginny. Un solo pedazo de papel yacía sobre las sábanas arrugadas de su cama vacía:

Ginny escogió un buen libro,
Una hermosa historia para contar,

Pero a papá no le gustó
Él pensó que era trivial.

Detuvo la historia en el momento de gloria,
¡Oh no, para ti esta parte no es apta!

Al payaso no le gustó eso
Pero ni un poquito.

Entonces Roly Poly fue a buscar a Ginny;
Él nunca había estado tan delgado.

¡Vamos a divertirnos un poco!
Le mostraremos a ese viejo.

Y ahora juega Ginny,
En la tierra Topsy-Turvy.

Lleno de azúcar y especias.
Y todas las cosas que son femeninas.

Mientras la princesa tiene joyas,
y hermosos vestidos de raso.

El payaso solo sonríe,
Ella lo hará, engordará.

Ha pasado una semana desde que Ginny desapareció. Le di aquella página a los policías, pero están tan desconcertados como yo. Cada verso infernal de ese horrible libro está grabado en mi cabeza. No puedo dormir. No puedo comer. Escribo esto como último recurso para hacerte una advertencia. Si encuentras este libro, no lo abras, no lo leas. Llama a la policía.

La vida de un niño puede depender de ello.

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Sola

Enviado por val633  

Me sentía sola.
Estaba en una habitación rodeada de gente, algunos decían ser mis amigos. ¿Amigos?
Una persona que espera que caigas para apuñalar y destrozar tu ser de la manera más sutil ¿a eso se le llama amigo?
Mientras pasaban los minutos mi soledad crecía, sentada en una silla, vestida algo elegante aparentando ser lo que no era una persona igual a ellos; materialista y superficial. La gente bailaba, reía extravagante mente y comían como si sus comidas fueran a huir de sus mesas
Las mujeres exuberantes aprovechaban sus virtudes, para atrapar a algún hombre, que les pudiera costear una nueva vida llena de lujos. Yo las observaba pensando que si hubiera nacido con algunas virtudes más llamativas estaría en su posición.
Al pasar algunas horas entró una extraña mujer. Nadie noto su presencia. Estaban muy ocupados complaciendo sus vanidades.
La mujer rápidamente se dirigió a un comensal que estaba sentado en una de las mesas superiores, el hombre estaba muy elegante, cada detalle de su vestimenta era cuidadosamente preciso en comparación al de aquella mujer.

Ella le entregó una carta color vino tinto sellada con un delicado broche dorado, él la recibió inclinando la cabeza e hizo una seña para que abandonara el lugar; la mujer obedeció y mientras él se disponía a abrir la carta, ella se dirigió lentamente hacia la puerta de salida.
Al abrir aquella carta era notoria la incomodidad del hombre. Solo contenía una frase. Él la leyó y murió.
Las personas gritaban mientras la mujer estaba en la puerta observando como la esposa de aquel hombre intentaba torpemente revivirlo.
A punto de abandonar el lugar, la mujer se giró y me observó con complicidad; en ese momento sentí como el tiempo se detuvo y todo se congeló. Me di cuenta que yo estaba de pie frente a la puerta de salida mirando hacia un espejo. Yo, sola en este mundo.

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EL ÁNGEL

Anoche, ya tarde, estuvo a visitarme un arcángel. Para que yo pudiese verlo adoptó la apariencia de una mujer. Venía fatigado y se dejó caer en un sillón del que más tarde les costaría trabajo desprenderse. Quise contarle mis cuitas, pero me bastó echarle encima una mirada para comprender que no hacía falta. Me miró con amor, o al menos con compasión. Con amor castísimo y por consiguiente un tanto heroico. Sus ojos, que tenían el color y la dulzura de la miel, alcanzaron a consolarme como lo hace la sonrisa de la mujer amada. Comprendí que él también estaba solo y que su soledad era un gesto solidario. Luego supuse que venía a obsequiarme la muerte, aunque era evidente que estaba desarmado; un olvido, o las fuerzas insuficientes del cuerpo elegido para materializarse en mi presencia podrían explicar que no empuñara la espada habitual. Dos o tres veces estuvo a punto de hablar, pero finalmente guardó silencio a mi lado, porque tampoco hacía falta que él me dirigiese la palabra. Antes de marcharse alzó la diestra y con el índice extendido me rozó el costado. Su toque fue leve y definitivo. Dejó impreso en mi alma el escozor de la ausencia.

Autor del

cuento

: Felipe Garrido

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QUERIDO MONSTRUO

Querido Monstruo:
Ya no te tengo miedo. Mi papi dice que no existes y que no puedes llamar a tus amigos porque ellos tampoco existen. Cuando sea de noche voy a cerrar los ojos antes de apagar la luz del buró y voy a abrazar bien fuerte a mi osito Bonzo para que él tampoco tenga miedo. Si te oigo gruñir en el clóset pensaré que estoy dormida. No quiero gritar como siempre. No quiero que mi papi se despierte y me regañe.
Ya sé que me quieres comer, pero como no existes nunca podrás hacerlo; aunque yo me pase los días pensando que a lo mejor esta noche sí sales del clóset, morado y horrible como en mis pesadillas… Mañana, cuando juegue con Hugo, le voy a decir que te maté y que te dejé enterrado en el jardín y que nunca más vas a salir de ahí. Él se va a poner tan contento que me va a regalar su yoyo verde y me va a decir dónde escondió mis lagartijas (siempre ha dicho que tú te las comiste, pero eso no puede ser porque mi papi me dijo que no existes y mi papi nunca dice mentiras).
Voy a dejarte esta carta cerca del clóset para que la leas. Voy a pensar en cosas bonitas como en ir al mar, o que es navidad, o que me saqué un diez en aritmética.
¡Adiós, monstruo!, que bueno que no existas.

Carta. Firma:
LUCY

Mi pequeña Lucy:
¿Cómo que no existo? Tu papi no sabe lo que dice.
¿Acaso no me inventaste tú misma el día de tu cumpleaños número siete? ¿Acaso no platicabas conmigo todas las noches y te asustabas con los extraños ruidos de mis tripas?
Todas las noches te observé desde el clóset y tú lo sabías… Aunque nunca me viste conocías de memoria mis ojos, mi lengua y mis colmillos; pues todas, todas las noches me soñabas.
Por eso cuando leí tu carta sentí tanta desesperación. Por eso destrocé tus juguetes y me comí de un solo bocado a tu delicioso osito Bonzo.
Lo juro Lucy, tú ya estabas muerta.
Tenías los ojos abiertos y cuando toqué tu barriguita estaba más fría que mi mano. Seguramente te mató el miedo y yo no pude comerte pues no me gusta el sabor de los niños muertos. Lo único que hice fue regresar al clóset y llorar de tristeza hasta quedarme dormido… ¡Pobre Lucy! ¡Pobre Lucy y pobre monstruo solitario!
Ahora tendré que salir de aquí, alejarme de los adultos que cuidan tu pequeño ataúd y dejar esta carta donde puedas encontrarla… Necesito la risa de un niño y necesito el miedo de un niño para seguir vivo.
Por cierto Lucy, ¿dónde dices que vive tu amigo Hugo…?

Autor del

cuento

: Ricardo Bernal

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UN CREYENTE

Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

-Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?

-Yo sí -dijo el primero, y desapareció.

Autor del

cuento

: George Loring Frost

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La cruz del nuevo Cristo

Enviado por sherlock  

Hace mucho tiempo en un colegio de monjas llamado “Dolores Delano” en el cual se encontraban alrededor de 10000 monjas, ya os haréis una idea del tamaño del suso dicho, aparentemente era de estilo gótico con muchos detalles era precioso y a la vez emanaba del colegio un aura misteriosa.
Un día al colegio llegó un nuevo monje pero este era un tanto particular siempre se le encontraba cometiendo alguno de los 7 pecados capitales exceptuando el suicidio.El resto de monjes y monjas se dieron cuenta de ello y al principio trataron de hacer que confesara sus pecados para así “limpiar” su alma pero no consiguieron nada solo se agravó el asunto y no les quedó más opción que maquinar un plan y hacer desaparecer un alma tan desgraciada y dicho plan consistió en pillarle por la espalda y llevarlo arrastras hasta el claustro el cual estaba cerrado para visitas y en una enorme mesa de piedra le ataron manos y pies para después clavarle “la daga santa” así consiguieron acabar con aquel desgraciado.Bueno… eso pensaron todos los allí presentes.Al de unos días después de todo lo ocurrido en el claustro sucedían cosas extrañas, las velas de los candelabros se encendían, las ventanas y las puertas se abrían y cerraban solas, sin motivo aparente.La cosa no acabó ahí, cada vez el terror iba en aumento, empezaron a aparecer animales muertos en los alrededores del colegio y la gente del pueblo empezó a faltar a las sesiones para rezarle a Dios. Después empezaron a desaparecer monjas para más tarde aparecer crucificadas y aparentemente torturadas y si no aparecían muertas ellas estaban atemorizadas prácticamente psicóticas. Las que aún seguían allí, sin haber huido de aquel espantoso lugar por el miedo a lo que les hubiese podido ocurrir, decidieron prohibir el paso al claustro y se quedaron en sus celdas para rezar aparte de usarlas para dormir.Ya que no salían de sus celdas salvo para ir a comer, el espíritu estaba encolerizado y no le quedó más remedio que tomar represalias y expandir su dominio de maldad.Empezó por la cocina, influenciando a la más joven y vulnerable hasta que perdió la cabeza psicológicamente y después literalmente.
La corrompió lo suficiente como para que se volviera su esclava. Usó ese control para continuar expandiendo su reinado de maldad. Hasta que consiguió reunir a las monjas dentro del claustro que prometieron que jamás volverían ha abrirlo y ahí todas se quitaron la vida a la vez, haciendo que todas se crucificaran con unos trozos de madera de dimensiones considerablemente grandes los cuales se encontraban apoyados contra la fachada del colegio y a la última la obligó a fracturarse todas sus extremidades y cercenarse sus párpados y así la desposeyó y estuvo días soportando la tortura de no poder moverse al final volviéndose ciega al no poder hidratar sus ojos correctamente pero aún tenía que seguir soportando los gritos de sufrimiento y los llantos de sus compañeras así hasta que afortunadamente murieron y ella también acabó muriendo pero por inanición y deshidratación.

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Liliputiense

Enviado por varz  

Cadáver Exquisito
Duendecillo Roca alias “El Liliputiense” era el Duende más pequeño del pueblo. Todos los días antes de salir a la escuela, su padre para poder ayudarlo a crecer, le dejaba la comida en el lugar más alto de toda la casa para que el pobre duendecito salte y crezca. Después de intentar desayunar, el pequeño Liliputiense se dirigía a su escuela, donde no tenía ni un solo amigo, quizás no era porque nadie le quería, quizás era por la simple razón de que nadie lo veía.
Lo que caracterizaba al pequeño además de su corta estatura, eran las ganas de estudiar. Siempre que podía iba a la biblioteca y leía todos los libros que podía, a veces se apasionaba tanto con un tema que pedía prestado varios libros para poder seguir estudiando en casa. El problema era que cada vez que el duende quería participar en clases, como su cuerpo era mucho más pequeño que el escritorio, nunca se lo veía, y la profesora rara vez se acordaba de su existencia, no faltaba día que Liliputiense llegara a su casa con las manos llenas de libros y los ojos de lágrimas.
Un día por la mañana, Duendecillo decidió hacer algo para que todos sus amigos lo quisieran. Como ya era época de verano, y hacia demasiado sol, el Duendecito decidió inventar una máquina capaz de hacer nieve, el muy feliz se fue a dormir para poder ir y mostrárselos a todos.
- “De seguro les encantará y con esto me recordarán por siempre.”
A la mañana siguiente el duende despertó con mucha emoción y sin siquiera tomar su desayuno se dirigió a la escuela, dejó todo preparado para que cuando sus compañeros lleguen empezase a nevar, pero no sucedió así. El director, un elefante gigantón, entró a la escuela y sin percatarse de que había dejado Duendecillo su máquina en el piso, la aplastó, todas las piezas volaron por el aire, caían tuercas y tornillos por todo el lugar, para cuando llegaron los estudiantes, lo único que encontraron fueron pedazos de lo que tal vez sería el mejor día de sus vidas. Se enojaron por tal chiquero, y preguntaron quien había sido el causante de todo ese caos. Aprovechando la situación, Roca dijo: “Fui yo, yo lo hice, era una máquina de nieve.” Hubo silencio durante pocos segundos, todos los ojos caían sobre él, al fin lo veían, pero su felicidad duró poco porque
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJA
Echaron a reír todos los alumnos, quien iba a creer que ese pequeño pigmeo era capaz de levantar un martillo.
Él, cansado de que todo el mundo se burlase, salió corriendo a su casa y ya sin saber qué hacer juró vengarse algún día.

Al llegar a su habitación esa noche, una especie de gota de un liquido salado y cristalino se escurrió por debajo de su ojo izquierdo, y luego otra gota, otra mas, y dos mas, hasta que se convirtieron en charco, un charco salado y amargo que salía como cascada de los ojos del pequeño Liliputiense, y fue entonces cuando supo lo que es llorar por vez primera, sentía como su estomago se estremecía y una especie de bulto tapaba su garganta a tal punto que no podía tragar su propia saliva, su corazón que a propósito y para saciar la curiosidad de nuestros lectores era bastante grande para una personita de 58cm de alto, ese día se achico dos veces su tamaño.
Pasaron horas, y no paraba de llorar ni de sufrir esta metamorfosis en la que su pequeño y diminuto cuerpo se encontraba, su sangre hervía como un caldo de pollo caliente, y su pecho rebosaba y palpitaba mas indignado que los hijos del….. ¨yugo¨, sus manos empezaron a crecer y sus uñas a salirse de sus cuencas y torcerse, su cabello junto con el resto de su pelo se tornó en una especie de capa negra y con un olor petulante, la sangre que corría por sus venas, era negra como el petróleo, a su mente solamente se le ocurrió pensar que la única manera de saciar y alivianar su increíble dolor, era con un plato grande y reforzado de dulce venganza.
Un ¡CADAVER EXQUISITO! Exclamó…. Si! Resonó, muchos y muchos cadáveres exquisitos (y no se refería al genero literario) era una sed de cadáveres con una sazón del mas dulce sentido literal.
Fue entonces cuando usando la nueva y horripilante forma de su cuerpo, fue esa misma madrugada a pegarles una visita a cada una sus llamados ¨compañeros¨ y por supuesto no podía dejar atrás a su torpe profesor elefantonto, pero de el se encargaría luego, esa noche visitó y devoro uno por uno a sus enemigos, a cada cual lo cocinaria en su propia cocina con una receta diferente, un poco mas de sal por aquí para Juan. Y otro poco mas de achiote para Roberta la Mamerta.
Cayeron las 5 de la mañana y aún faltaba el culpable de su desdicha, el troglodita energúmeno e infradotado del elefante, al cual lo degolló con su propio esfero para calificar, puso a calentar su sangre en baño maría, y sus pesuñas las puso al horno con un poco de ajo para que agarren saborcito. Devoró a ese elefante con tal gusto que a uno se le abre el apetito o eso dicen las lenguas de las paredes que contaron esta historia, dicen que una noche como cualquier otra, escucha uno o dos pasitos y siente uno que lo observan con hambre, es el pequeño Liliputiense cobrando su venganza.

Fin

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