43 Cuentos de animales 

EL LOBO Y EL ASNO

Un lobo fue elegido rey entre sus congéneres y decretó una ley ordenando que lo que cada uno capturase en la caza, lo pusiera en común y lo repartiese por partes iguales entre todos; de esta manera ya no tendrían los lobos que devorarse unos a otros en épocas de hambre.
Pero en eso lo escuchó un asno que estaba por ahí cerca, y moviendo sus orejas le dijo:
- Magnífica idea ha brotado de tu corazón, pero ¿Por qué has escondido todo tu botín en tu cueva? Llévalo a tu comunidad y repártelo también, como lo has decretado.
El lobo, descubierto y confundido, derogó su ley.

Moraleja: Si impones normas, sé el primero en cumplirlas.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL CAMELLO, EL ELEFANTE Y EL MONO

Votaban los animales para elegir un rey. El camello y el elefante se pusieron en fila disputándose los sufragios, ya que esperaban ser preferidos sobre los demás gracias a su tamaño y su fuerza. Pero llegó el mono y los declaró a los dos incapacitados para reinar.
- El camello no sirve - dijo -, porque no se encoleriza contra los malhechores, y el elefante tampoco nos sirve porque tendremos que estar temerosos de que nos ataque un marrano, animal a quien teme el elefante.

Moraleja: La fortaleza más grande, siempre se mide en el punto más débil.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA RANA GRITONA Y EL LEÓN

Oyó una vez un león el croar de una rana, y se volvió hacia donde venía el sonido, pensando que era de algún animal muy importante.
Esperó y observó con atención un tiempo, y cuando vio a la rana que salía del pantano, se le acercó y la aplastó diciendo:
- ¡Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos!

Moraleja: Quien mucho habla, poco es lo que dice.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA VÍBORA Y LA ZORRA

Arrastraba la corriente de un río a una víbora enroscada en una maraña de espinas. La vio pasar una zorra que descansaba y exclamó:
- ¡Para tal clase de barco, tal piloto!

Moraleja: Personas perversas siempre conectan con situaciones perversas.

Autor del

cuento

: Esopo

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El oso dormilón y el elefante trompudo

Enviado por dach2901  

En una nube blanca de algodón vivían un oso dormilón que núnca pestañeaba porque le daba sueño y su mejor amigo un elefante trompudo con colita de resorte.


Un día de cielo azul con sol muy brillante, los dos amigos decidieron dar un paseo, el elefante era muy inquieto y saltarín pero como era tan pesado las nubes quedaban agujereadas y por eso llovía. El oso dormilón en cambio bostezaba a cada ratito y se tiraba a dormir la siesta cada dos pasitos.


Las mariposas se reían a carcajadas porque era divertido ver a un elefante con cola de resorte haciendo agujeros en las nubes y un oso dormilón durmiendo cada dos pasitos.


De tanto en tanto los rayos de sol les hacían cosquillas y ellos también se reían a carcajadas.



Entre canciones saltarinas y siestas perezosas, se les paso volando la hora y la pancita les hacia ruido así que encontraron el motivo perfecto para comerse un alfajor, porque caminar da mucho hambre, a los osos les encantan los alfajores.


Cuando se descuidaron el sol les dejaba un saludo y la luna redonda le avisaba a las estrellas que era hora de pintar el cielo con sus chispitas brillantes.


Como no se habían llevado abrigo y el vientito soplaba, el oso dormilón y el elefante trompudo decidieron regresar muy felices por su paseo y a saltos gigantes entre estrella y estrella volvieron a su nube de algodón para disfrutar del silencio de la noche y enterarse de algún secreto mágico que les contara algún cometa hablador.

FIN

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LA ZORRA Y EL MONO CORONADO REY

En una junta de animales, bailó tan bonito el mono, que ganándose la simpatía de los espectadores, fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de comida en un cepo y llevó allí al mono, diciéndole que había encontrado un tesoro digno de reyes, pero que en lugar de tomarlo para llevárselo a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo cogiera, ya que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexión, y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de tenderle aquella trampa, repuso:
- ¡Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes reinar entre todos los animales!

Moraleja: No asumas un desafío, si antes no has reflexionado sobre sus posibles éxitos o peligros.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL LABRADOR Y EL ÁGUILA

Encontró un labrador un águila presa en su cepo, y, seducido por su belleza, la soltó y le dio la libertad.
El águila, que no fue ingrata con su bienhechor, viéndole sentado al pie de un muro que amenazaba derrumbarse, voló hasta él y le arrebató con sus garras la cinta con que se ceñía su cabeza.
Se levantó el hombre para perseguirla. El águila dejó caer la cinta; la tomó el labriego, y al volver sobre sus pasos halló desplomado el muro en el lugar donde antes estaba sentado, quedando muy sorprendido y agradecido de haber sido pagado así por el águila.

Moraleja: Siempre debemos ser agradecidos con nuestros bienhechores y agradecer un favor con otro.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA ZORRA Y EL COCODRILO

Discutían un día la zorra y el cocodrilo sobre la nobleza de sus antepasados.
Por largo rato habló el cocodrilo acerca de la alcurnia de sus ancestros, y terminó por decir que sus padres habían llegado a ser los guardianes del gimnasio.
- No es necesario que me lo digas - replicó la zorra - las cualidades de tu piel demuestran muy bien que desde hace muchos años te dedicas a los ejercicios de gimnasia.

Moraleja: Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL SAPO

Salta de vez en cuando, solo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón. Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en él. Es más sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.

Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.

Autor del

cuento

: Juan José Arreola

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EL JOVEN Y EL ESCORPIÓN

Un joven andaba cazando saltamontes. Ya había capturado un buen número cuando trató de tomar a un escorpión equivocadamente.
Y el escorpión, mostrándole su ponzoña le dijo:
- Si me hubieras tocado, me hubieras perdido, pero tú también a todos tus saltamontes.

Moraleja: Cuando hayas hecho un capital con tu trabajo, cuida de no perderlo por tratar de tomar lo que no debes.

Autor del

cuento

: Esopo

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