37 Cuentos cortos 

Los cuentos han sido desde siempre un género muy popular, nada menor, y no es extraño encontrar a grandes novelistas o ensayistas de ayer y de hoy habiendo escrito este tipo de relatos cortos. Las ventajas son evidentes: la construcción de los personajes y de las tramas es mucho menos elaborada, por lo que el esfuerzo es menos. Pero a cambio, uno puede plasmar una idea de forma bastante rápida, sin demasiados aspavientos, y el efecto de la misma acostumbra a ser mayor, pues al lector no le da tiempo de asimilar la historia cuando ya le llega el final, con el que a veces se puede dar un golpe que impacte mucho más que una novela.

El cuento tiene además una tradición oral muy importante, y se pueden encontrar textos que difícilmente se atribuyen a una sola persona; sino más bien a un pueblo entero. A veces esos cuentos se transformaban en música a través de una canción.

Desde nuestra web os queremos ofrecer algunos de esos cuentos que te provocan, ya sea una sonrisa o una mueca de sorpresa, pero algo, que te haga pensar o que te transporte a otro tiempo o momento. También puedes encontrar en el menú cuentos de otro tipo, más o menos cortos también, pero clasificados por categorías, así como fábulas.

¡Que no se te olvide puntuarlos y comentarlos!

Conversación telefónica

Enviado por nica22  

(Conversación por teléfono)

Él - Ahora TQE ( tu nombre en un sueño)

que sabes que no te quiero,

que solo deseo

tu cuerpo de mujer casada,

¿ Quieres que volamos a hacerlo ?

¿ En el suelo ?

En la oficina no hay ni una cama.

Ella - Ahora que sé que no me amas,

que yo no te quiero,

que los dos lo sabemos,

que si soy tu mujer soñada

es solo por vicio,

es cuando más deseo estar contigo.

Volvamos a hacerlo...

en el suelo fue perfecto.

En tu oficina no hay ni una cama.

Así pues, hasta mañana.

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El niño pluma

Enviado por pablo_honey  

En alguna casa de la ciudad de Bogotá, Colombia, entre calles de burgueses; un hombrecillo de 16 años de nombre Cortés se encontraba dibujando sobre un trozo de periódico con la yema de sus dedos, los cuales derramaban tinta. Esta era una de las peculiaridades de Cortés: Sacar tinta de sus dedos. Nadie sabía cómo lo hacía, pero lo que él hacía con estas habilidades no las desperdiciaba y se mantenía ocupado haciendo trazos, esbozos o dibujos sobre casi cualquier superficie.

Al tener los dedos como pincel, tenía un nivel de precisión impresionante en sus dibujos, además de un color rojizo en todos ellos, y era especialmente conocido por sus alrededores. La gente acudía a él cada vez que necesitaban algunos dibujos, retratos o cuadros, y él con gran amabilidad les apoyaba con esa tarea.

Dibujaba de todo: Objetos, animales, personas, paisajes, atardeceres, estrellas, pensamientos. Y su primer dibujo del cual siempre lo mantuvo colgado en su pieza, en el lugar más visible posible, eran dos aves volando en la brilles e infinidad de la luz.

Su firma siempre era la misma, una pluma de ave con una fecha: 16/06/1958. Nadie entendía el motivo de su firma, y Cortés tampoco se interesó en revelarla.

Su cuarto se encontraba peculiarmente desordenado, él solía decir a sus padres: “Así es como me gusta mantener mi pieza, es una forma de ver mi mente”. Sus padres y conocidos de Cortés contaban que él era especialmente callado, y cada palabra que salía de su boca en los momentos cortos en los que hablaba, emitía palabras con un sentido tan sabio para su edad, tan elegante para su estética.

Su madre con la que era más expresivo le quería tanto. Le arropaba todas las noches, le elogiaba su arte desde que comenzó, le preparaba su comida preciada, su bebida preciada, le tarareaba canciones mientras le revisaba el cabello. Lo que cualquier madre hace con sus hijos, simplemente amor maternal, por ende, Cortés se sentía muy bien con su madre. Su madre contó sobre algunas de las experiencias con su hijo, sobre alguno de los regalos para Cortés: Un pequeño perico y un cuadernillo en blanco que acompañaron a Cortés desde sus cortos 4 años.

Cortés al ser un niño tan audaz y maduro desde corta edad, siempre cuidó muy bien al perico, podría incluso decir que fue tan “suyo” que casi ninguna persona conoció al perico, más que su madre, quien olvidó a aquel animalito en cuestión de días, y fue entonces cuando solo fueron Cortés y su pequeño amigo inmersos en la lealtad de la amistad. Se amaban tanto el uno al otro, Cortés le enseño trucos, le enseñó palabras, hasta el punto de parecer que su pequeño amigo entendía el significado de cada una de estas palabras.

El joven Cortés falleció un miércoles nublado de julio del 68, los médicos catalogaron su muerte como falta de vivez, como falta de ese líquido rubí. Los pobladores de la calle en la que vivía, junto con personas que lo conocieron acudieron a su funeral, su madre expresó una tristeza tan inmensa, su pesar fue tanto, pero no podía hacer nada, Cortés se había ido.

Al pequeño perico le encantaba morder cosas, desde pequeños trozos de pasto hasta trozos de madera de la silla de su comedor, y eso no le molestaba a Cortés, al contrario, él sentía que era la mejor peculiaridad de su amiguillo.

En ocasiones mordía a Cortés, en los brazos, en las piernas. Pero no eran mordidas tan fuertes, eran de esas mordidas que sabes que no duelen, pero sabes que se sienten. Y a Cortés le relajaba, era la forma de su perico de decirle que lo quería. En alguna ocasión, su amiguillo mordió a Cortés en la yema de sus dedos y Cortés sangró, pero no se molestó, le maravilló el hecho de saber que podía sacar líquido de sus dedos, de una manera más literal.

Su pequeño amigo había muerto, lo había dejado un miércoles nublado de julio del 58, Cortés lloró tanto que pronto se quedó sin lágrimas, y esa misma noche, cortó una pequeña pluma de su amigo, la punta era tan filosa que logró perforar la yema de los dedos de Cortés, y comenzó a hacer su primer dibujo: Dos aves volando en la brilles e infinidad de la luz.

Desde entonces cargó esa pequeña pluma todo el tiempo, lo acompañó en cada día, cada noche, cada atardecer, cada momento, cada dibujo.

Nadie nunca supo su secreto para sacar tinta de los dedos, solo Cortés y su pequeño perico.

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33 1921

Enviado por piojodelrojo  

La hora en este lugares triste, no importa cuando leas esto, también la casa y tampoco varía de dónde la mires. El frío siempre se escurre por las ventanas mal cerradas de tanto desgaste, las paredes de afuera muestran marcas de lo que fue una vez un jardín colorido, tupido, lleno de flores, pero los perros que cuidaron mi infancia ya no dejan crecer ni un solo pasto en ese pequeño pedazo de tierra, y las huellas, de sus garras apresuradas a entrar a lo que era un hogar cálido, aún siguen firmes en la puerta como si se negaran a que los olvide, algo que nunca hice. Una rama que fue escalando alto, en silencio, a lo largo de décadas, hace tiempo sostiene una hamaca donde solo el viento y algún que otro pájaro se animan a jugar. Los paredones retratan la caligrafía de dos pequeños corazones enamorados que alguna vez pensaron en inmortalizar sus primeros besos. También deja ver un arreglo improvisado, señal de la desmesurada fuerza juvenil que un día me golpeo y me dejo caer sobre los ladrillos que, en ese momento, tenían fuertes raíces.
Se podría decir que esa casa es la más fiel del barrio, conserva toda su originalidad. Se construyeron altas, modernas y fuertes paredes a su alrededor, etiquetándola prácticamente como un museo vecinal. Algunos viejos vecinos la miran e inmediatamente se sienten invadidos por la nostalgia, otros, más nuevos, se animan a tiran basura en la embarrada vereda, dueña de varios perros flacos y hambrientos. Los de más lejos preguntan, al pasar, si la casa está a la venta. Eso sí, ya el sol no golpea fuerte como en esos días, culpa de dos árboles, donde durante sus vacaciones, en las primaveras, deberían renacer nuevas hojas, pero la falta de poda los agigantó con colores grises y opacos.

Recorrer este lugar me hace recordar veranos añejos, azules de principio a fin, cuando la pelo pincho rebalsaba de gritos y risas. Donde las noches encerraban, en el patio, a grillos y luciérnagas y albergaban mesas que dieran de comer, en las fiestas, incluso a más de veinte bocas, todas familiares. Me recuerda a cuan ricos nos sentíamos teniendo tanto tiempo libre, para correr, jugar y conocer nuevos vecinos, turistas temporarios, que daban lugar a amistades eternas. En cambio, del invierno no tengo muchos buenos recuerdos, no de este lado, el de afuera, el que ustedes pueden ver y que me es mas fácil describir. Tal vez alguna ocasional nevada, pero eso me desviaría un poco del eje, mas precisamente al potrero de la esquina, que fue cancha de futbol, golf y quien sabe cuánto escenario de otras aventuras más. Y que, salvo por el tendido eléctrico, del resto nada queda o mejor dicho queda todo sepultado bajo un monstruoso y lujoso complejo de cabañas. Pero regresando a la casa, también me hace recordar que ahí todavía vive una pareja, un par de abuelos sedentarios, encerrados, empecinados, aferrados con sus perros a un pasado lejano, pasado que no volverá ni siquiera poniendo sobre la vereda las memorias más fuertes del universo. Ahí viven… inventando, día tras otro, un mañana que no crecerá leyendo las historias escritas sobre piedras endurecidas en batallas ganadas al abandono y la remoción… recorrer ese lugar me hace recordar que siguen viviendo, ahí, contra toda lógica… mis queridos viejos. -

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ARTE MARCIAL

Una vez le preguntaron a un guerrero invencible por qué se paseaba por las calles con un aire tan humilde. Mostró una mano extendida y contestó: “Mis dedos son cinco señores. Estos cinco señores se inclinan ante mí”. Fue cerrando la mano hasta convertirla en un puño. “Mientras más humildes se hacen, más fuerza me dan.”

Autor del

cuento

: Alejandro Jodorowsky

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El árbol mágico

Enviado por miigueloso02  

Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.

El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.

El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas

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JOEL ESTABA ATRAPADO EN UNA...

Enviado por dudu  

Joel estaba atrapado en una casa embrujada, él se veía en una incomoda situación, estaba siendo perseguido por un grupo de fantasmas.
Joel completamente desconcertado, corre y corre, corre como si no existiera un mañana; a lo lejos, aunque de una manera muy difusa, logra ver la salida, Joel hecha carrerilla para salir ese espantoso lugar; pero para su suerte la puerta esta cerrada y este es acorralado por los fantasmas.
Game Over
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EL PESCADOR

Una vez un pescador se fue a pescar como cada mañana, pero a diferencia de otras veces, salió a la mar sin su teléfono móvil. Para desgracia suya se perdió, y no pudiendo contactar con nadie, murió de hambre a los pocos días.

Antes de fallecer, agonizando, creyó que vivía en la época de los vikingos, en la que nadie tenía móvil. Sonrió, libre de culpa, y pudo morir sin creerse un estúpido.

Autor del

cuento

: Koldo Fierro

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AL VACIO

Enviado por axel  

Es una triste historia la de la joven que protege esta torre. Un cuento trágico sobre el amor perdido. Un relato no muy distinto al de nuestro joven héroe.

La piedad ya no es algo que el pueda sentir. La piedad se a transformado en venganza sobre todas las criaturas malignas. Así que adiós, "bella joven", ya no atormentaras mas en este mundo.
Cuando te desvanezcas el el vacío comprende que al final fue tu amor el que te destruyo.

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«EL SECUESTRO»

Enviado por jesus1012  

«Las heladas gotas que se colaban a través del resquebrajado techo de madera se estrellaban en la frente de Betty. La niña yacía entre el barro y las heces de las vacas que dormían a esas horas de la madrugada. Afuera la lluvia arreciaba con ráfagas de viento que aullaba al atravesar las copas de los pinos que poblaban la granja que vio nacer 4 años atrás a la pequeña. Junto al cuerpo de Betty, en un charco de sangre estaba su osito de peluche, la sangre manaba de la entrepierna de la nenita…»

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UN SUEÑO

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular...
El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

Autor del

cuento

: Jorge Luis Borges

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