11 Fábulas clásicas 

LA GRANADA, EL MANZANO Y EL ESPINO

La granada y el manzano disputaban sobre quien de ellos era el máximo.
Cuando la discusión estaba en lo más ardiente, un espino, desde su vecindad alzó su voz diciendo severamente:

- Por favor, mis amigos, en mi presencia, al menos déjense de esas vanas discusiones.

Moraleja: Quien tiene el poder de castigar, termina siendo el máximo.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA VIUDA Y LAS CRIADAS

Una viuda muy laboriosa tenía unas jóvenes criadas a las que despertaba por la noche al canto del gallo para empezar el trabajo. Ellas, extenuadas siempre de fatiga, resolvieron matar el gallo de la casa por ser él a sus ojos el causante de su desgracia, puesto que despertaba a su señora antes de que abriese el día.
Mas ejecutado el propósito se encontraron con que habían agravado su mal, porque su señora, no teniendo el gallo que le indicaba la hora, las hacía levantar antes para ir al trabajo.

Moraleja: Nunca creas que la causa de tus problemas es lo que primero se atraviesa ante tus ojos. Piensa en qué sucedería si eliminas lo que estás viendo como posible causa.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA VIEJA Y EL MÉDICO

Una vieja enferma de la vista llamó con la promesa de pagarle, a un médico. Este se presentó en su casa, y cada vez que le aplicaba el ungüento no dejaba, mientras la vieja tenía los ojos cerrados, de robarle los muebles poco a poco.
Cuando ya no quedaba nada, terminó también la cura, y el médico reclamó el salario convenido. Se negó a pagar la vieja, y aquél la llevó ante los jueces. La vieja declaró que, en efecto, le había prometido el pago si le curaba la vista,
pero que su estado, después de la cura del médico había empeorado.
- Porque antes - dijo - veía todos los muebles que había en mi casa, y ahora no veo ninguno.

Moraleja: A los malvados, sus mismos actos los delatan.

Autor del

cuento

: Esopo

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LAS LIEBRES Y LOS LEONES

Las liebres arengaban en la asamblea y argüían que todos deberían ser iguales. Los leones entonces replicaron:
- Sus palabras, señoras liebres, son buenas, pero carecen de garras y colmillos como los que tenemos nosotros.

Moraleja: Acepta que todos tenemos diferentes cualidades para diferentes circunstancias.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA SERPIENTE Y LA LIMA

En casa de un cerrajero
Entró la Serpiente un día,
Y la insensata mordía
En una Lima de acero.
Díjole la Lima: «El mal,
Necia, será para ti;
¿Cómo has de hacer mella en mí,
Que hago polvos el metal?»

Moraleja:
Quien pretende sin razón
Al más fuerte derribar
No consigue sino dar
Coces contra el aguijón.

Autor del

cuento

: Félix María Samaniego

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EL TOCADOR DE CÍTARA

Un tocador de cítara sin talento cantaba desde la mañana a la noche en una casa con las paredes muy bien estucadas. Como las paredes le devolvían el eco, se imaginó que tenía una voz magnífica, y tanto se lo creyó, que resolvió presentarse en el teatro; pero una vez en la escena cantó tan mal, que lo arrojaron a pedradas.

Moraleja: No seamos nosotros jueces de nosotros mismos, no vaya a ser que nuestra parcialidad nos arruine.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL HOMBRE Y EL SÁTIRO

Dícese que en otro tiempo un hombre concertó un pacto de amistad con un sátiro. Llegó el invierno y con él el frío; el hombre arrimaba las manos a la boca y soplaba en ellas. Preguntóle el sátiro por qué lo hacía. Repuso que se calentaba la mano a causa del frío.
Sirviéronse luego de comer y los alimentos estaban muy calientes, y el hombre, cogiéndolos a trocitos, los acercaba a la boca y soplaba en ellos. Preguntóle otra vez el sátiro por qué lo hacia. Contestó que enfriaba la comida porque estaba muy caliente.
- ¡Pues escucha - exclamó el sátiro -, renuncio a tu amistad porque lo mismo soplas con la boca lo que está frío que lo que está caliente!

Moraleja: No nos confundamos con aquellos que nos presentan o aparentan incertidumbre en sus actos.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL HOMBRE Y SU IMAGEN (AL SR. DUQUE DE LA ROCHEFOCAULD)

Un Hombre enamorado de sí mismo, y sin rival en estos amores, se tenía por el más gallardo y hermoso del mundo. Acusaba de falsedad a todos los espejos, y vivía contentísimo con su falaz ilusión. La Suerte, para desengañarle, presentaba a sus ojos en todas partes esos mudos consejeros de que se valen las damas: espejos en las habitaciones, espejos en las tiendas, espejos en las bolsas y hasta en el cinturón de las señoras. ¿Qué hace nuestro Narciso? Se esconde en los lugares más ocultos, no atreviéndose a sufrir la prueba de ver su imagen en el cristal. Pero un canalizo que llena el agua de una fuente, corre a sus pies en aquel retirado paraje: se ve en él, se exalta y cree divisar una quimérica imagen. Hace cuanto puede para evitar su vista; pero era tan bello aquel arroyo, que le daba pena dejarlo.

Comprenderéis a dónde voy a parar: a todos me dirijo: esa ilusión de que hablo, es un error que alimentamos complacidos. Nuestra alma es el enamorado de sí mismo: los espejos, que en todas partes encuentra, son las ajenas necedades que retratan las propias; y en cuanto al canal, cualquiera lo adivinará: es el Libro de las Máximas del duque de la Rochefoucauld.

Autor del

cuento

: Jean de la Fontaine

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LA MULA

Henchida de cebada, una mula (producto del cruce de asno y yegua) se puso a saltar, diciéndose a sí misma:
- Mi padre es un caballo veloz en la carretera, y yo me parezco en todo a él.
Pero llegó la ocasión en que la mula se vio obligada a correr.
Terminada la carrera, muy contrariada, se acordó de pronto de su verdadero padre: el sereno asno.

Moraleja: Siempre debemos reconocer nuestras raíces, respetando nuestras herencias y las ajenas.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA PARIETARIA Y EL TOMILLO

Yo leí, no sé dónde, que, en la lengua herbolaria
saludando al tomillo la hierba parietaria,
con socarronería le dijo de esta suerte:
«Dios te guarde, tomillo: lástima me da verte;
que aunque más oloroso que todas estas plantas,
apenas medio palmo del suelo te levantas».
Él responde: «Querida, chico soy, pero crezco
sin ayuda nadie. Yo sí te compadezco,
pues, por más que presumas, ni medio palmo puedes
medrar, si no te arrimas a una de esas paredes».
Cuando veo yo algunos que de otros escritores
a la sombra se arriman, y piensan ser autores
con poner cuatro notas o hacer un prologuillo,
estoy por aplicarles lo que dijo el tomillo.

Moraleja: Nadie pretenda ser tenido por autor, sólo con poner un ligero prólogo o algunas notas a libro ajeno.

Autor del

cuento

: Tomás de Iriarte

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