12 Moralejas cortas 

EL MÉDICO Y EL PACIENTE QUE MURIÓ

Un médico tenía en tratamiento a un enfermo.
Este murió, y el médico decía a las personas del acompañamiento:
- Si este hombre se hubiera abstenido del vino y se hubiese puesto lavativas, no hubiera muerto.
- ¡Amigo, le contestaron-, no es ahora, que no sirve de nada cuando tenías que haber dicho esto, sino antes, cuando tu consejo podía haber sido de provecho!

Moraleja: Las correcciones debemos hacerlas siempre en el momento oportuno y no dejarlas sólo para mencionarlas cuando ya es tarde.

Autor del

cuento

: Esopo

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LA COMADREJA Y LA LIMA

Se introdujo una comadreja en el taller de un herrero y se puso a lamer una lima que ahí se encontraba.
Al cabo de un rato su lengua arrojaba sangre en abundancia, y la comadreja se puso muy feliz pensando que había arrancado algo al hierro, hasta que acabó por perder su propia lengua.

Moraleja: Ten en cuenta que si vas por la vida dañando a la gente, algún día recibirás a cambio tu propia medicina.

Autor del

cuento

: Esopo

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LOS PESCADORES Y EL ATÚN

Salieron a pescar al mar unos pescadores y luego de largo rato sin coger nada, se sentaron en su barca, entregándose a la desesperación.
De pronto, un atún perseguido y que huía ruidosamente, saltó y cayó por error a su barca; lo tomaron entonces los pescadores y lo vendieron en la plaza de la ciudad.

Moraleja: Existen extraños momentos en que por circunstancias del azar, obtenemos lo que no se pudo con el arte.

Autor del

cuento

: Esopo

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LAS GALLINAS Y LA COMADREJA

Supo una comadreja de que en un corral había unas gallinas enfermas, y disfrazándose de médico, cogió los instrumentos del oficio y se acercó al gallinero. Ya en la puerta, preguntó a las gallinas que cómo les iba con su salud.
-¡Mucho mejor si tú te largas!- le respondieron.

Moraleja: A veces las apariencias llevan a engaño, por lo que la precaución suele ser buena consejera.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL SANTERO

A cierta romería,
sobre una dócil mula caballero,
iba en Andalucía
un pícaro santero,
que de cada espolazo
al animal sacábale un pedazo,
y mientras, cariñoso le decía:
Corra, que su cachaza me atribula;
corra por caridad, hermana mula.

Moraleja:
Faz de paloma, corazón de arpía,
palabras de ángel y obras de demonio:
tal es, sin levantarle testimonio,
la pérfida, la vil hipocresía.

Autor del

cuento

: Juan Eugenio Hartzenbusch

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LOS CARACOLES

Dos caracoles un día
tuvieron fuerte quimera
sobre quién mayor carrera
en menos tiempo daría.
Una rana les decía:
Yo he llegado a sospechar
que sois ambos a la par
algo duros de mover;

Moraleja: Antes de echar a correr,
mirad si podéis andar.

Autor del

cuento

: Juan Eugenio Hartzenbusch

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EL LEÓN Y EL ASNO

Se juntaron el león y el asno para cazar animales salvajes. El león utilizaba su fuerza y el asno las coces de su pies. Una vez que acumularon cierto número de piezas, el león las dividió en tres partes y le dijo al asno:
- La primera me pertenece por ser el rey; la segunda también es mía por ser tu socio, y sobre la tercera, mejor te vas largando si no quieres que te vaya como a las presas.

Moraleja: Para que no te pase como al asno, cuando te asocies con alguien, hazlo con aquél que tenga igual poder que tú.

Autor del

cuento

: Esopo

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EL CANOSO Y SUS DOS PRETENDIENTES

Un hombre ya canoso tenía dos pretendientes, una joven y otra más vieja.

Apenada la de mayor edad de tratar con un hombre más joven que ella, cada vez que él la visitaba le quitaba los cabellos negros. A su vez la más joven, no queriendo tener por amante a un hombre viejo, le arrancaba los cabellos canos.

Con esto sucedió que el hombre, pelado alternativamente por una y por la otra, se quedó completamente calvo.

Moraleja: Lo que mal se distribuye, mal se retribuye.

Autor del

cuento

: Esopo

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LOS TRES QUEJOSOS

¡Qué mal (gritó la mona)
que estoy sin rabo!
¡Qué mal estoy sin astas!
Repuso el asno.
Y dijo el topo:
Más debo yo quejarme,
que estoy sin ojos.
No reniegues, Camilo,
de tu fortuna;
que otros podrán dolerse
más de la suya.

Moraleja:
Si se repara,
nadie en el mundo tiene
dicha colmada.

Autor del

cuento

: Juan Eugenio Hartzenbusch

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LA ESPIGA

Pidiendo a la aurora perlas,
con vivas ansias,
la espiga hacia el firmamento
su frente alzaba.
Hinchó el rocío su seno,
se vio granada,
y, de entonces, a la tierra
se dobla esclava,
y ya no mira a los cielos;
ved si es ingrata.

Moraleja:
¡Cómo semeja a la espiga
la raza humana!
¡Qué rezos pidiendo al cielo
dichas ansiadas!
¡Qué terrenales olvidos
cuando se alcanzan!

Autor del

cuento

: Felipe Jacinto Sala

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