10 Cuentos de pájaros 

UN REY POSEÍA EN LOS AMPLIOS...

Enviado por poly-cba  

Un rey poseía, en los amplios parques de su palacio, una hermosa águila pero el ave se mantenía sobre una rama sin levantar vuelo. El rey llamó a un especialista de su corte que la revisó minuciosamente no encontrando la causa por la que no volaba; luego llamó al mejor profesional conocido en toda la comarca pero tampoco tuvo éxito.
Entonces llamó a un campesino y rápidamente el águila desplegó sus alas con normalidad. Sorprendido, el rey le preguntó qué había hecho para conseguir su objetivo. Muy simple, respondió el campesino, le corté la rama.

Moraleja: Llevar una vida muy cómoda suele impedirnos desplegar nuestras potencialidades.

83.33%

votos positivos

Votos totales: 6

Comparte:

EL PATO EN EL ESTANQUE

Un pato se encontraba nadando junto a otros patos en un estanque, cuando de repente se giró y vio que nadie le seguía. Se entristeció y volvió hacia donde estaban los otros patos, que le preguntaron:
- ¿Por qué vuelves?
- Nadie viene conmigo - contestó el pato -.
- ¿Y qué has visto?
- No lo sé, os estaba buscando.

Moraleja: Disfruta de la vida, aunque estés solo.

Autor del

cuento

: Dani Alcalà

80.74%

votos positivos

Votos totales: 1137

Comparte:

LA PALOMA Y EL NIÑO

Una paloma que iba volando hizo sus necesidades encima de un pobre niño que caminaba hacia su casa.
- ¡Maldita paloma! - gritó el niño. ¡Como te pille te mato!
La paloma, al oír esto, volvió hacia donde el crío y le dijo:
- Siento lo ocurrido, pero mira, yo ayer me comí un chicle del suelo pensando que era una migaja de pan y no me quejé tanto.

Moraleja: Todos cometemos errores.

Autor del

cuento

: Dani Alcalà

77.71%

votos positivos

Votos totales: 350

Comparte:

LA PALOMA Y EL JOVEN

Una paloma, que caminaba por la barandilla de la terraza de un joven, se quedó quieta observando.
- ¡Eh! - gritó la paloma -. ¿Qué haces metido en este piso, que no sales en toda la tarde?
El joven, atónito, respondió a la paloma:
- ¿Y a ti qué te importa?. Estoy chateando y viendo la tele.
- Nada, nada - siguió la paloma -, a mí me da igual, pero yo de ti quitaría toda esta ropa del tendedero, porque está empezando a llover.

Moraleja: Que la tecnología no te abstraiga del mundo en el que vives.

Autor del

cuento

: Dani Alcalà

73.68%

votos positivos

Votos totales: 95

Comparte:

EL CUERVO ENFERMO

Un cuervo que se encontraba muy enfermo dijo a su madre:
- Madre, ruega a los dioses por mí y ya no llores más.
La madre contestó:
- ¿Y cuál de todos, hijo mío, tendrá piedad de ti?. ¿Quedará alguno a quien aún no le hayas robado la carne?

Moraleja: No te llenes innecesariamente de enemigos, pues en momentos de necesidad no encontrarás un solo amigo.

Autor del

cuento

: Esopo

72.73%

votos positivos

Votos totales: 11

Comparte:

EL ÁGUILA Y LA FLECHA

Estaba asentada un águila en el pico de un peñasco esperando por la llegada de las liebres. La vio un cazador, y lanzándole una flecha le atravesó su cuerpo. Viendo el águila entonces que la flecha estaba construida con plumas de su propia especie exclamó:
-¡Qué tristeza, terminar mis días por causa de las plumas de mi especie!

Moraleja: Más profundo es nuestro dolor cuando nos vencen con nuestras propias armas.

Autor del

cuento

: Esopo

71.72%

votos positivos

Votos totales: 343

Comparte:

LA SEÑORA, LAS PALOMAS Y EL PERRO

Una señora empezó a dar de comer a las palomas en su pequeño jardín. Al cabo de poco tiempo, las palomas venían cada vez en mayor cantidad y durante más tiempo. El perro de la señora, que hasta entonces disfrutaba de una plácida existencia, vio como estas le robaban el espacio, y al final, cansado de ahuyentarlas sin éxito y de encontrarse con sus excrementos por todas partes, optó por no salir más al jardín.

Moraleja: Lo que es bueno para unos puede no serlo para otros.

Autor del

cuento

: Dani Alcalà

68.97%

votos positivos

Votos totales: 29

Comparte:

El canto del autillo en la buhardilla

Enviado por jrma  

“El canto del autillo en la buhardilla”

Los troncos de los árboles, ya muertos, les sirven de mansión a los mochuelos que habitan lo profundo de los bosques. El cárabo es más tímido, si acaso, pues vuela sigiloso, entre los robles, cazando ratoncillos y batracios. En cambio, la lechuza y el autillo no temen instalarse en las buhardillas, de las casonas viejas de la aldea.

El mes de abril, que suele ser lluvioso, también tiene sus tardes encendidas de sol y luz, de magia entre los árboles. Mas, al llegar el brillo del ocaso, se escuchan los autillos en los parques, que llaman al amor en plena noche. Los más supersticiosos tienen miedo, y dicen que convoca al aquelarre de brujas en los montes colindantes.

De niño, en la buhardilla de la abuela, sentí la voz crispada del autillo, su grito lastimero, para algunos. Jamás pensé que fuera una criatura maligna cuyo grito desgarrado, volara, amenazante, con la brisa. Tal vez, al ser un niño, imaginaba que su llamada dulce, vivaracha, tenía el colorido de otros trinos.

Los niños tienen grandes cualidades para formar su imagen de las cosas, a costa de ignorar tantos secretos. Y quiso mi inocencia caprichosa pensar que era el autillo, entre las sombras, como el cuclillo, oculto en la hojarasca. Difícil es, no en vano, ver cuclillos, por más que en primavera se les oye cantar entre las densas arboledas.

No es raro en la niñez ser tan curioso, pues es, en esta edad, cada detalle como un descubrimiento inesperado. Por eso pregunté a la vieja anciana, de rostro bello y pelo blanquecino, pendiente del fogón en la cocina. Y dijo que era el pájaro del agua, criatura singular que, cada noche, las lluvias prevenía en su llamada. Y cuántas veces, siempre fantasioso, tomaba, en la mesilla de mi tío, cuartillas de papel, y dibujaba siluetas del autillo y la lechuza. Y viendo ya cercanos esos meses que llegan calurosos, en verano, por la ventana abierta, los buscaba. Mis ojos exploraban en la sombra los vuelos que rizaban en la nada sus grandes alas ricas en sigilo.

La anciana falleció dejando un hueco que no podré llenar en muchos años, y no podré volver a la buhardilla: sus dueños la arreglaron y vendieron a nuevos propietarios que no quieren amar el canto viejo del autillo. Mas, al llegar abril, siempre lo escucho, y anima en mi a ese niño que otras veces hurgaba en los misterios de la sombra.

El mundo cambia, y cambian los lugares, y pueblos de otras épocas lejanas se fueron transformando lentamente. Las villas de los viejos pescadores también han alterado su apariencia, tomando un aire acaso más urbano. Y es fácil recordar esas fachadas antiguas y las calles empedradas que fueron dando paso a otros ambientes.

No son las mismas ya, tras tantos años, las vistas de rincones apartados donde se admiran altos edificios. Pero, según nos vamos, caminando, sin prisa, a las afueras, ese tiempo parece conservarse en el entorno. Los campos, las colinas, el arroyo, los densos eucaliptos en el monte se pueden contemplar igual que entonces.

Llegado junio, en días despejados, es grato deambular cuando oscurece, mirar el sol, hundido en la distancia. Es bello deleitarse con nostalgias de tiempos que, si no fueron mejores, tal vez imaginamos más felices. Es la niñez que vuelve, es el momento de revivir al niño que no existe, pues lo hemos encerrado en lo profundo.

Y, tras ponerse el sol, con sus dorados, sentado sobre un banco en San Antonio, descubro las estrellas en la altura. No hay duda de que es todo un espectáculo, cuando la brisa baña ese montículo, borrando los rigores de la tarde. Y, entonces, encendiendo el cigarrillo, regreso por veredas que la luna me deja adivinar entre la sombra.

En la estación existe un parque humilde, sereno, con sus sauces melancólicos, que lloran desde el brillo de la aurora. Allí se escucha el canto del autillo, quimérico y extraño, casi mágico, y entonces el recuerdo se hace intenso. La brisa ha refrescado el aire puro, y el grillo, en su concierto interminable, le da acompañamiento al viejo autillo.

Llamando a los amores, el reclamo de la rapaz nocturna nos sugiere los sueños de las noches de la infancia. Poblado de dragones y de gárgolas, el mundo era tal vez más sugerente, mirado con los ojos de un chicuelo. También el mar, entonces, era abismo de rémoras, marrajos y piratas y las mansiones eran un castillo.

Después se esconderá el viejo mochuelo, y el canto de los cárabos del monte se irá apagando allá, en lo más profundo. La Fuente de los Ángeles murmura, risueña en primavera, mientras canta feliz, entre las ramas, un jilguero. La calma llena el aire, y el paisaje se admira con el alba que despierta con claras llamaradas de alegría.

Al fin se pueden ver, en cualquier parte, cuando el hurón se esconde y los raposos, el pardo de la piel de los tritones. No suelen esconderse en lo profundo del manantial alegre y vivaracho, donde los capturaban los muchachos. También, de niño, yo jugué a cazarlos en los abrevaderos de las bestias y en las corrientes claras de las fuentes.

El canto del autillo se ha perdido, pero es posible ver, y las urracas, los cuervos y arrendajos recortan con sus alas cada soplo. El aire se hace amigo del cuclillo, del raro picachuelo y sus colores, bajo la vigilancia de la aurora. También acechan, rápido, el cernícalo y, fuerte, el poderoso ratonero, desde el tendido eléctrico, en los campos.

Pasaron esos años tan idílicos de casas encantadas, de misterios, de juegos infantiles en el patio. Y entonces era bello el sol al alba, la lluvia en los cristales y los charcos formados en la vieja carretera. El universo entero se enseñaba cuajado de sutiles maravillas en los lugares más insospechados.

El canto del autillo en la buhardilla, la luz de las estrellas en los cielos y el ruido de los grillos son promesa. Y el tiempo transcurrido se ha perdido, mas vuelve a suscitar, en la memoria, vivencias que conserva el alma vieja. Herido ya el espíritu cansado por una juventud tan agitada, la infancia sigue viva, sin embargo.

2005 © José Ramón Muñiz Álvarez: “Los arqueros del alba”

50.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

El Patito cantarín... Cuento infantil.

Enviado por mayte78  


Continuación: El Patito cantarín.

Se lo llevó de viaje a enseñarle la laguna, esta vez desde el cielo, y le encantó al patito, que cantaba y cantaba sin parar… CUAC… CUAC… CUCUAC… CUAC… CUAC… CUCUAC …. ¡así todo el tiempo!... Y llegó a ver lo grande y peligrosa, que era de noche, y la surte que había tenido, que la cigüeña, lo abrigara con su calor.


Y en el viaje, la cigüeña LE DIJO… AL PATITO: Tú ves… Mira…. lo importante, que es… ir al lado de tu mamá y tus hermanitos para no perderte…mira van todos los patitos cerca de su mamá….miró
Para abajo a la laguna… y comprobó que era verdad….SI TODOS VAN JUNTOS, dijo: el patito, mientras estornudaba … Aaachís …aaachís,…aaachís… se le había metido una plumita en la nariz….
Entonces la mamá cigüeña,…. lo llevó de vuelta , nuevamente con su mamá y sus hermanitos…de los que jamás nunca se retiró…sólo para nadar una vuelta de espalda y dos de crol… pues era lo que le gustaba hacer todos los días….y ver a los niños que iban de excursión a la laguna …y les echaban de comer….
Y cuando fue mayor ,…siempre iba con su camisa de cuadros y pantalón corto,… y sandalias …. y calcetines de colores…. Y lo conocían en la laguna como el patito cantarín.

50.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

El Patito cantarín... Cuento infantil

Enviado por mayte78  



Cuento: El Patito cantarín.

Había un patito presumido…que siempre iba en camisa a cuadros y pantalón corto…
Porque era un patito alegre y cantarín….sandalias y calcetines de colores y su mochila
A la espalda….siempre cuando iba con su mamá pata, y sus hermanitos por la laguna,… se quedaba, muy atrás de ellos…mientras sus hermanitos eran obedientes a mamá pata, él era un poco desobediente, y se hacía unos largos de espalda y crol…que así se despistaba… Y además
porque era muy distraído y curioso…y el tiempo se le pasaba muy rápido….mientras que cantaba con la rana….o se distraía hablando con el caracol, o miraba lo bonita que era la mariposa al volar…
Su mamá y sus hermanitos ya habían llegado a casa……
Pero a él… le gustaba mucho nadar y descubrir nuevos lugares…..Cuando mamá pata…contaba… a sus patitos para dormir…. uno, dos , tres, cuatro, cinco,….. siempre se llevaba el gran susto,… porque faltaba el más chiquitín….y cariñoso a la vez….
Se había quedado en la laguna y no sabía volver sólo….entonces se guareció entre unos juncos y temblando de frío estaba,… cuando de pronto: Llegó un ave muy grande , era una cigüeña blanca, con el pico muy largo y rojo , y patas muy largas, que con sus grandes alas, lo cubrió… y el patito chiquitín entró en calor rápidamente….y al día siguiente al despertar…

SIGUE.....

50.00%

votos positivos

Votos totales: 2

Comparte:

Desde el 1 hasta el 10 de un total de 10 Cuentos de pájaros

Añade tus comentarios