34 Moralejas 

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EL MERCADER DE ESTATUAS

Un hombre hizo una estatuilla de un Hermes en madera y la llevó a la plaza para su venta.
Como nadie llegaba a comprarla, se le ocurrió llamar la atención anunciando que vendía un dios que obsequiaba bondades y beneficios.
Entonces uno de los curiosos le dijo:
- Oye, si tan bueno es, ¿por qué la vendes y no te aprovechas de su ayuda?
- Porque yo, - contestó aquél - necesito la ayuda inmediatamente, y él nunca se apura en conceder sus beneficios.

Moraleja: Nunca dejes que el momentáneo interés material predomine sobre el espíritu.

Autor del cuento: Esopo

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ZEUS Y LA SERPIENTE

Anunciadas las bodas de Zeus, todos los animales le honraron con presentes, cada uno según sus medios.
La serpiente subió hasta Zeus arrastrándose, con una rosa en la boca.
Más al verla dijo Zeus:
- De todos acepto sus presentes, pero no los quiero de tu boca.

Moraleja: No debemos confiarnos de las aparentes bondades de los malvados.

Autor del cuento: Esopo

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LOS BUEYES CONTRA LOS CARNICEROS

Decidieron un día los bueyes destruir a los carniceros, quienes, decían los bueyes, estaban acabando con su gremio.
Se reunieron entonces para llevar a cabo su objetivo, y afilaron finamente sus cuernos.
Pero uno de ellos, el más viejo, un experimentado arador de tierras, les dijo:
- Esos carniceros, es cierto, nos matan y destrozan, pero lo hacen con manos preparadas, y sin causarnos dolor. Si nos deshacemos de ellos, caeremos en manos de operadores inexpertos y entonces sí que sufriríamos una doble muerte. Y les aseguro, que aunque ya no haya ni un solo carnicero, los humanos seguirán buscando nuestra carne.

Moraleja: Nunca trates de cambiar un mal por otro peor.

Autor del cuento: Esopo

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EL MILANO Y LAS PALOMAS

A las tristes Palomas un Milano,
Sin poderlas pillar, seguía en vano;
Mas él a todas horas
Servía de lacayo a estas señoras.
Un día, en fin, hambriento e ingenioso,
Así las dice: «¿Amáis vuestro reposo,
Vuestra seguridad y conveniencia?
Pues creedme en mi conciencia:
En lugar de ser yo vuestro enemigo,
Desde ahora me obligo,
Si la banda por rey me aclama luego,
A tenerla con sosiego,
Sin que de garra o pico tema agravio;
Pues tocante a la paz seré un Octavio.»
Las sencillas palomas consintieron;
Aclamándole por rey, «Viva, dijeron,
Nuestro rey el Milano.»
Sin esperar a más, este tirano
Sobre un vasallo mísero se planta;
Déjalo con el viva en la garganta;
Y continuando así sus tiranías,
Acabó con el reino en cuatro días.

Moraleja:
Quien al poder se acoja de un malvado
Será, en vez de feliz, un desdichado.

Autor del cuento: Félix María Samaniego

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JÚPITER Y LA TORTUGA

A las bodas de Júpiter estaban
Todos los animales convidados:
Unos y otros llegaban
A la fiesta nupcial apresurados.
No faltaba a tan grande concurrencia
Ni aun la reptil y más lejana oruga,
Cuando llega muy tarde y con paciencia,
A paso perezoso, la Tortuga.
Su tardanza reprende el dios airado,
Y ella le respondió sencillamente:
«Si es mi casita mi retiro amado,
¿Cómo podré dejarla prontamente?»
Por tal disculpa Júpiter tonante,
Olvidando el indulto de las fiestas,
La ley del caracol le echó al instante,
Que es andar con la casa siempre a cuestas.

Moraleja:
Gentes machuchas hay que hacen alarde
De que aman su retiro con exceso;
Pero a su obligación acuden tarde:
Viven como el ratón dentro del queso.

Autor del cuento: Félix María Samaniego

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LA CODORNIZ

Presa en estrecho lazo
La Codorniz sencilla,
Daba quejas al aire,
Ya tarde arrepentida.
«¡Ay de mí miserable
Infeliz avecilla,
Que antes cantaba libre,
Y ya lloro cautiva!
Perdí mi nido amado,
Perdí en él mis delicias,
Al fin perdilo todo,
Pues que perdí la vida.
¿Por qué desgracia tanta?
¿Por qué tanta desdicha?
¡Por un grano de trigo!
¡Oh cara golosina!»»

Moraleja:
El apetito ciego
¡A cuántos precipita,
Que por lograr un nada,
Un todo sacrifican!

Autor del cuento: Félix María Samaniego

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HÉRCULES Y EL BOYERO

Conducía un boyero una carreta hacia una aldea, y la carreta se despeñó a un barranco profundo.
El boyero, en lugar de ayudar a los bueyes a salir de aquel trance, se quedó allí cruzado de brazos, invocando entre todos los dioses a Hércules, que era el de su mayor devoción. Llegó entonces Hércules y le dijo:
-¡Toma una rueda, hostiga a los bueyes y no invoques a los dioses si no hay esfuerzo de tu parte!
- Si no lo haces así, nos invocarás en vano.

Moraleja: La oración debe acompañarse siempre previamente de la acción.

Autor del cuento: Esopo

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EL JARDINERO Y EL PERRO

El perro de un jardinero había caído en un pozo.
El jardinero, por salvarle, descendió también. Creyendo el perro que bajaba para hundirlo más todavía, se volvió y le mordió.
El jardinero, sufriendo con la herida, volvió a salir del pozo, diciendo:
- Me está muy bien empleado; ¿quién me llamaba para salvar a un animal que quería suicidarse?

Moraleja: Cuando te veas en peligro o necesidad, no maltrates la mano de quien viene en tu ayuda.

Autor del cuento: Esopo

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EL LABRADOR Y SUS HIJOS

A punto de acabar su vida, quiso un labrador dejar experimentados a sus hijos en la agricultura.
Así, les llamó y les dijo:
- Hijos míos: voy a dejar este mundo; buscad lo que he escondido en la viña, y lo hallaréis todo.
Creyendo sus descendientes que había enterrado un tesoro, después de la muerte de su padre, con gran afán removieron profundamente el suelo de la viña.
Tesoro no hallaron ninguno, pero la viña, tan bien removida quedó, que multiplicó su fruto.

Moraleja: El mejor tesoro siempre lo encontrarás en el trabajo adecuado.

Autor del cuento: Esopo

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LOS VIANDANTES Y EL CUERVO

Viajaban unas gentes para cierto asunto, cuando encontraron a un cuervo que había perdido un ojo.
Volvieron hacia el cuervo sus miradas, y uno de los viandantes aconsejó el regreso, pues en su opinión hacerlo era lo que aconsejaba el presagio. Pero otro de los caminantes tomó la palabra y dijo:
-¿Cómo podría este cuervo predecirnos el Futuro si él mismo no ha podido prever, para evitarlo, la pérdida de su ojo?

Moraleja: Quien no puede cuidar de sí mismo, menos indicado está para aconsejar al prójimo.

Autor del cuento: Esopo

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LA CAMPANA Y EL ESQUILÓN

En cierta catedral una campana había
que sólo se tocaba algún solemne día.
Con el más recio son, con pausado compás,
cuatro golpes o tres solía dar, no más.
Por esto, y ser mayor de la ordinaria marca,
celebrada fue siempre en toda la comarca.
Tenía la ciudad, en su jurisdicción,
una aldea infeliz, de corta población,
siendo su parroquial una pobre iglesita,
con chico campanario, a modo de una ermita;
y un rajado esquilón, pendiente en medio de él,
era allí quien hacía el principal papel.
A fin de que imitase aqueste campanario
al de la catedral, dispuso el vecindario
que despacio y muy poco el dichoso esquilón
se hubiese de tocar sólo en tal cual función;
y pudo tanto aquello en la gente aldeana,
que el esquilón pasó por una gran campana.
Muy verosímil es, pues que la gravedad
suple en muchos así por la capacidad.
Dígnanse rara vez de despegar sus labios,
y piensan que con esto imitan a los sabios.

Moraleja: Con hablar poco y gravemente, logran muchos opinión de hombres grandes.

Autor del cuento: Tomás de Iriarte

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EL BURRO FLAUTISTA

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.

Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.

Acercóse a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.

En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.

«¡Oh! -dijo el borrico-,
¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!»

Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.

Moraleja: Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad.

Autor del cuento: Tomás de Iriarte

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EL OSO, LA MONA Y EL CERDO

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: «¿Qué tal?»
Era perita la mona,
y respondióle: «Muy mal».

«Yo creo -replicó el oso-
que me haces poco favor.
Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?»

Estaba el cerdo presente,
y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá».

Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto,
hubo de exclamar así:

«Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar».

Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
si el sabio no aprueba, ¡malo!
si el necio aplaude, ¡peor!

Moraleja: Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios.

Autor del cuento: Tomás de Iriarte

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EL CARNICERO Y LOS DOS JÓVENES

Hallábanse dos jóvenes comprando carne en el mismo establecimiento.
Viendo ocupado al carnicero en otro sitio, uno de los muchachos robó unos restos y los arrojó en el bolsillo del otro.
Al volverse el carnicero y notar la falta de los trozos, acusó a los dos muchachos.
Pero el que los había cogido juró que no los tenía, y el que los tenía juró que no los había cogido. Comprendiendo su argucia, les dijo el
carnicero:
- Podéis escapar de mí por un falso juramento, pero no escaparéis ante los dioses.

Moraleja: Los falsos juramentos no dejan de serlo aunque se disfracen de verdad.

Autor del cuento: Esopo

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EL LOBO CON PIEL DE OVEJA

Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la obtención de su comida. Se metió entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el rebaño a un encierro, quedando la puerta asegurada.
Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante.

Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

Autor del cuento: Esopo

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AFRODITA Y LA GATA

Se había enamorado una gata de un hermoso joven, y rogó a Afrodita que la hiciera mujer. La diosa, compadecida de su deseo, la transformó en una bella doncella, y entonces el joven, prendado de ella, la invitó a su casa.
Estando ambos descansando en la alcoba nupcial, quiso saber Afrodita si al cambiar de ser a la gata había mudado también de carácter, por lo que soltó un ratón en el centro de la alcoba.
Olvidándose la gata de su condición presente, se levantó del lecho y persiguió al ratón para comérselo. Entonces la diosa, indignada, la volvió a su original estado.

Moraleja: El cambio de estado de una persona, no la hace cambiar de sus instintos.

Autor del cuento: Esopo

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EL CIERVO Y SUS ACOMPAÑANTES

Yacía un ciervo enfermo en una esquina de su terreno de pastos.
Llegaron entonces sus amigos en gran número a preguntar por su salud, y mientras hablaban, cada visitante mordisqueaba parte del pasto del ciervo.
Al final, el pobre ciervo murió, no por su enfermedad sino porque no ya no tenía de donde comer.

Moraleja: Más vale estar solo que mal acompañado.

Autor del cuento: Esopo

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HERMES Y LA TIERRA

Modeló Zeus al hombre y a la mujer y encargó a Hermes que los bajara a la Tierra para enseñarles dónde tenían que cavar el suelo a fin de procurarse alimentos.
Cumplió Hermes el encargo; la Tierra, al principio, se resistió; pero Hermes insistió, diciendo que era una orden de Zeus.
- Está bien - dijo la Tierra -; que caven todo lo que quieran. ¡Ya me lo pagarán con sus lágrimas y lamentos!

Moraleja: No hay frutos ni recompensa si no hay sacrificio y esfuerzo.

Autor del cuento: Esopo

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TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR CUANDO...

Enviado por gabl  

Todo tiempo pasado fue mejor. Cuando se vive en armonía la felicidad está presente, sin interrupciones de factores externos. Es como písar en el aire, es como flotar y ver el entorno bajo los pies...El tiempo te hace realista, avaricioso, cambia los sentidos y te aleja de lo que realmente amas, te derrumbas arrastrando lo mas hermoso que ha permanecido a tu lado. No hay oportunidad para rectificar, ya no puedes curar el daño causado. Desde ese instante la vida te enseñará lo que dejaste atrás y será tarde para enmendar...Es triste recordar con nostalgia y más triste es reconocer que te han olvidado y que el tiempo se llevó de ti a quien no supiste retener.

gbl
19/01/2016
Derechos Reservados de Autor

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EL LABRADOR Y LAS GRULLAS

Algunas grullas escarbaban sobre terrenos recién sembrados con trigo.
Durante algún tiempo el labrador blandía una honda vacía, ahuyentándolas por el pánico que les producía.
Pero cuando las aves se dieron cuenta del truco, ya no se alejaban de su comida. El labrador, viendo esto, cargó su honda con piedras y mató muchas de las grullas.
Las supervivientes inmediatamente abandonaron el lugar, lamentándose diciendo unas a otras:
- Mejor nos vamos a Liliput, pues este hombre ya no contento con asustarnos, ha empezado a mostrarnos lo que realmente puede hacer.

Moraleja: Cuando las palabras no dan a entender, la acción sí lo hará.

Autor del cuento: Esopo

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