Pie de hierro 

Enviado por besonegrojohns   Seguir

31 Marzo 2025, 00:54

La música orquestal, compuesta por violines y flautas, llenaba la habitación y la bailarina esbelta daba vueltas sobre sí al ritmo de esto. Ella giraba, saltaba y bailaba con elegancia, todo en una perfecta coreografía bien ensayada y practicada. El estrés y el cansancio la acompañaban en su baile. Eran pocos los días que faltaban para la competencia y ella aún no estaba preparada. Todo debía salir perfecto para ella. Perfección, una palabra compleja y muy abarcativa. Ella buscaba expresarla en su baile pero le era imposible. No podía alcanzar el nivel de perfección que buscaba.

En un intento por mejorar la coreografía, la bailarina dio un salto en alto hacia el cielo pero el reproductor de música falló, la bailarina se distrajo y cayó al suelo de cola. Un crack sonó en su pie, era su tobillo. Intentó pararse pero le era muy doloroso. Un ataque de desesperación la invadió. Comenzó a llorar. No podía competir así. Con las fuerzas que le quedaban, se puso en pie y salió a la calle para ir al hospital más cercano.

Entre lágrimas, la bailarina caminaba rodeada por la muchadumbre trastabillando. El dolor era insoportable y su tobillo le pedía descansar. Los aerodeslizadores pasaban a toda velocidad y la gente, ausente de su dolor, pasaba a su lado sin prestarle la más mínima atención. Dobló en la esquina y se encontró frente al hospital gigantesco. Entró arrastrando el pie y entre jadeos pidió ver a un médico urgentemente. Le revisaron el tobillo y trataron de sanarlo pero se trataba de una lesión grave. El doctor le dijo que el tobillo le iba a sanar dentro de un mes y que debía reposar.

Los ojos fatigosos de la bailarina estaban velados en llanto. No podía creer lo que le estaban diciendo. Rápidamente se fue del hospital, se acercó a una tienda y se compró una botella de cerveza que ella sola se acabó. Buscaba consuelo en el alcohol y le rezaba a la noche que la ayudase. En un momento, se encontró sola, en medio de una calle sin nombre junto a un puente. Aún con la botella en la mano, se acercó al borde del abismo y sin dudarlo extendió la pierna lista para lanzarse. Hasta que, como si de una proyección divina se tratase, en la lejanía divisó una luz. Era un cartel, luminoso y titilante. Se trataba de un tecnoquirófano. La bailarina se le quedó mirando, expectante. Se bajó del borde del puente y se dirigió hacia él, hipnotizada por su luz. Frente al tecnoquirófano, la bailarina dudó de si entrar o no. Se miró el tobillo hinchado con odio, entró al quirófano y pidió un pie nuevo.

Al día siguiente, la bailarina continuó practicando. Con su nuevo pie mecanizado, bailaba con alegría. Cada paso de baile le era reconfortante, casi hasta exitante. Terminada su práctica, apagó el reproductor y se sentó a descansar. Se mira el nuevo pastel. Era sorprendente lo rápido que ella se había adaptado pero apesar de su bienestar, se sentía incompleta, aún no era perfecta. Sudada, volvió a salir a la calle y caminó de vuelta al tecnoquirófano. Esta vez se pidió una pierna.

Los días pasaron, y llegó el día de la competición. El público estaba emocionado y expectante. No podía esperar a que las bailarinas salieran, La primera en actuar fue ella y, cuando salió, todo el mundo quedó asombrado. De entre el telón no salió una mujer, sino una cabeza humana con un cuerpo de metal plateado brillante. Su cuerpo era ahora una fusión de carne y metal, una obra maestra de la tecnología que brillaba bajo las luces del escenario. Su torso, esbelto y grácil, conservaba la delicadeza humana, pero sus extremidades habían sido reemplazadas por estructuras metálicas perfectamente articuladas. Todos estaban asombrados, incapaces de procesar la imagen. La máquina en el escenario se inclinó en forma de reverencia y les presentó a todos un espectáculo que jamás olvidarían.

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