Vuestros cuentos 

Llanto

Enviado por gabl  

Llanto.
¿Me preguntas por qué lloro?
Te heriría si mintiera.
Si tratara de evadir respuesta alguna.
¡Déjame pensar!
Decirte que lloro de alegría, que lloro por ti.
¡No!, ya estoy mintiendo…
¿La verdad?
¡Está bien!
Lloro por la vida, por ella que me ha castigado severamente. Porque me juzgó sin comprenderme.
Sin valorar las buenas acciones, sin tomar en cuenta que cuando callaba lo hacía para no herir tus sentimientos. Que prefería verte sonreír, ver la blancura de tus dientes resaltar en contraste con tus labios carmesí, que ver tus ojos entristecer.
Que causarte dolor cuando mis mentiras, por más piadosas, no las entendieras y, que al descubrirlas siempre serían mentiras.
¡Por eso lloro!
Por amante en silencio, por tratar de que fueses feliz a costa de mi sufrimiento. Por entregarte a caricias ajenas. Por eso y por mi cobardía. Por mis temores. Por la falta de valor para tomar lo que en verdad era mío.
Sé que ocultas amargura, desilusiones, es mi culpa. Lo dicen tus ojos almendrados, lo expresas en el dejo de tu palabra.
¡Ven siéntate frente a mí!
Escucha lo que mi corazón tiene que decirte.
…ahora, que ya sabes el por qué lloro, júzgame tú también. Impón el castigo que merezcan mis acciones.
¿Cómo mitigar tu dolor?
¡Si son penas por amor!
Son heridas que no sangran, pero son heridas profundas que llevas dentro de ti.
¡Por eso también lloro!
gbl
10/04/2017
Derechos Reservados de Autor

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Como ayer

Enviado por gabl  

Como Ayer.

Ven hacia mí, abrázame y une tu cuerpo al mío como lo hacías ayer. Cólmame de caricias y sutiles besos que me trasladen al pasado, que aún vive aferrado en mi pecho.
¡Ya no puedo más!
Calma mi ansiedad, mi necesidad de ser amada, de sentirte dentro de mí.
Mi vida es una locura sin tu presencia, sin tu cálido aliento sobre mi rostro, sin el susurro de palabras al oído dichas en la intimidad y la comunión de nuestros cuerpos en la plenitud del éxtasis.
Fuiste tú y siempre serás, quien llene mis días grises y reviva la llama del amor que la brisa nocturna pretende apagar cuando no estás.
No me dejes en esta triste soledad, en noches frías que eriza mi piel desnuda.
Ven y cobija mi débil figura, dame tu calor y embriágame de amor hasta caer rendida sin fuerzas ante tu alocada pasión. Tráeme al presente envuelta en tu mágica forma de amar y hacerme sentir mujer.

gbl
20/04/2017
Derechos Reservados de Autor.

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Concentración

Enviado por Albertosacris  

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando dio en el centro de la diana en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro...

- "Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!".

Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo.

- "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme.

Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro.

- "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente, que te hace errar el tiro".

(Cuento tradicional oriental)

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