49 Cuentos breves
Y me decía.
Enviado por felixlibrisermo
Algunos días, mi madre me agarraba de los hombros, sus uñas hundiéndose suavemente en mi ropa. Ella me miraba con anhelo y orgullo reflejándose en su ojos, como si fuera lo mejor que le hubiera pasado en su vida aunque cada vez que alzara la voz dijera lo contrario.
Ella se acercaba aún más, recuerdo, la tensión intensificándose y solidando el espacio como si de paredes de concreto se trataran, entonces mi madre movería sus brazos alrededor mi cuello, encerrándolo igual que una serpiente e inhalando fuerte, me decía sin falta casi como un susurro, por un momento pensando en imaginarlo quizás fuera así,
Ella susurraba: "Te mereces el mundo, hija mía, el mundo por el que cada ser humano pasa." En ese momento no sabía a qué se refería, parpadeando en confusión y haciendo una mueca, intentando alejarme cuando el aire empezó a faltarme.
Pero ahora que sostengo a la criatura entre mis brazos, sollozando por el dolor y el ardor en mi cuerpo, un líquido corriendo y el chillido de la criatura punzando en mis oídos, no pude evitar actuar de la misma manera, no pude detenerme.
Pie de hierro
Enviado por besonegrojohns
La música orquestal, compuesta por violines y flautas, llenaba la habitación y la bailarina esbelta daba vueltas sobre sí al ritmo de esto. Ella giraba, saltaba y bailaba con elegancia, todo en una perfecta coreografía bien ensayada y practicada. El estrés y el cansancio la acompañaban en su baile. Eran pocos los días que faltaban para la competencia y ella aún no estaba preparada. Todo debía salir perfecto para ella. Perfección, una palabra compleja y muy abarcativa. Ella buscaba expresarla en su baile pero le era imposible. No podía alcanzar el nivel de perfección que buscaba.
En un intento por mejorar la coreografía, la bailarina dio un salto en alto hacia el cielo pero el reproductor de música falló, la bailarina se distrajo y cayó al suelo de cola. Un crack sonó en su pie, era su tobillo. Intentó pararse pero le era muy doloroso. Un ataque de desesperación la invadió. Comenzó a llorar. No podía competir así. Con las fuerzas que le quedaban, se puso en pie y salió a la calle para ir al hospital más cercano.
Entre lágrimas, la bailarina caminaba rodeada por la muchadumbre trastabillando. El dolor era insoportable y su tobillo le pedía descansar. Los aerodeslizadores pasaban a toda velocidad y la gente, ausente de su dolor, pasaba a su lado sin prestarle la más mínima atención. Dobló en la esquina y se encontró frente al hospital gigantesco. Entró arrastrando el pie y entre jadeos pidió ver a un médico urgentemente. Le revisaron el tobillo y trataron de sanarlo pero se trataba de una lesión grave. El doctor le dijo que el tobillo le iba a sanar dentro de un mes y que debía reposar.
Los ojos fatigosos de la bailarina estaban velados en llanto. No podía creer lo que le estaban diciendo. Rápidamente se fue del hospital, se acercó a una tienda y se compró una botella de cerveza que ella sola se acabó. Buscaba consuelo en el alcohol y le rezaba a la noche que la ayudase. En un momento, se encontró sola, en medio de una calle sin nombre junto a un puente. Aún con la botella en la mano, se acercó al borde del abismo y sin dudarlo extendió la pierna lista para lanzarse. Hasta que, como si de una proyección divina se tratase, en la lejanía divisó una luz. Era un cartel, luminoso y titilante. Se trataba de un tecnoquirófano. La bailarina se le quedó mirando, expectante. Se bajó del borde del puente y se dirigió hacia él, hipnotizada por su luz. Frente al tecnoquirófano, la bailarina dudó de si entrar o no. Se miró el tobillo hinchado con odio, entró al quirófano y pidió un pie nuevo.
Al día siguiente, la bailarina continuó practicando. Con su nuevo pie mecanizado, bailaba con alegría. Cada paso de baile le era reconfortante, casi hasta exitante. Terminada su práctica, apagó el reproductor y se sentó a descansar. Se mira el nuevo pastel. Era sorprendente lo rápido que ella se había adaptado pero apesar de su bienestar, se sentía incompleta, aún no era perfecta. Sudada, volvió a salir a la calle y caminó de vuelta al tecnoquirófano. Esta vez se pidió una pierna.
Los días pasaron, y llegó el día de la competición. El público estaba emocionado y expectante. No podía esperar a que las bailarinas salieran, La primera en actuar fue ella y, cuando salió, todo el mundo quedó asombrado. De entre el telón no salió una mujer, sino una cabeza humana con un cuerpo de metal plateado brillante. Su cuerpo era ahora una fusión de carne y metal, una obra maestra de la tecnología que brillaba bajo las luces del escenario. Su torso, esbelto y grácil, conservaba la delicadeza humana, pero sus extremidades habían sido reemplazadas por estructuras metálicas perfectamente articuladas. Todos estaban asombrados, incapaces de procesar la imagen. La máquina en el escenario se inclinó en forma de reverencia y les presentó a todos un espectáculo que jamás olvidarían.
¿Cuánto amor?
Enviado por livan23l
Viajó un chico desde los rincones más escondidos para visitar al sabio más instruido, le vio a los ojos y con inquietud persistente preguntó al viejo:
-Señor... ¿Cuánto amor hay que tener por una persona para volverse loco?
-Siento decepcionarte chico, pues ningún cuerdo haría esa pregunta.
CON TRISTEZA
Con tristeza, el camaleón se dio cuenta que para conocer su verdadero color, tendría que posarse en el vacío.
cuento
: Alejandro Jodorowskycuento 001
Enviado por jportillo2020
habia una ves un n iño que fue con sus padres a la playa
pero los sorprendio una tormenta
que mal dia para salir a pasear
regresamos trsites a casa
pero nuestro papa nos dijo que iriamos la proxima semana
entonces yo espere y espero pero elñ tiempo nunca pasaba
cada 1 minuto miraba el reloj y nunca avanzaba
entonces el gran dia llego
y fuimos a pasear muy felices
El Fin.....
la princesa de fuego
Enviado por dach2901
Hubo una vez una princesa increíblemente rica, bella y sabia. Cansada de pretendientes falsos que se acercaban a ella para conseguir sus riquezas, hizo publicar que se casaría con quien le llevase el regalo más valioso, tierno y sincero a la vez. El palacio se llenó de flores y regalos de todos los tipos y colores, de cartas de amor incomparables y de poetas enamorados. Y entre todos aquellos regalos magníficos, descubrió una piedra; una simple y sucia piedra. Intrigada, hizo llamar a quien se la había regalado. A pesar de su curiosidad, mostró estar muy ofendida cuando apareció el joven, y este se explicó diciendo:
- Esa piedra representa lo más valioso que os puedo regalar, princesa: es mi corazón. Y también es sincera, porque aún no es vuestro y es duro como una piedra. Sólo cuando se llene de amor se ablandará y será más tierno que ningún otro.
El joven se marchó tranquilamente, dejando a la princesa sorprendida y atrapada. Quedó tan enamorada que llevaba consigo la piedra a todas partes, y durante meses llenó al joven de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo duro como la piedra en sus manos. Desanimada, terminó por arrojar la piedra al fuego; al momento vio cómo se deshacía la arena, y de aquella piedra tosca surgía una bella figura de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.
Durante los meses siguientes, la princesa se propuso cambiar en el reino, y como con la piedra, dedicó su vida, su sabiduría y sus riquezas a separar lo inútil de lo importante. Acabó con el lujo, las joyas y los excesos, y las gentes del país tuvieron comida y libros. Cuantos trataban con la princesa salían encantados por su carácter y cercanía, y su sola prensencia transmitía tal calor humano y pasión por cuanto hacía, que comenzaron a llamarla cariñosamente "La princesa de fuego".
Y como con la piedra, su fuego deshizo la dura corteza del corazón del joven, que tal y como había prometido, resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días
Silencio
Enviado por gabl
Silencio.
(No lo tomo como cuento mas bien una reflexión)
Mi mente es un caos, no logra ordenar ideas, ni coordinar pensamientos. Ando deambulando sin sentido, errante entre palabras inconclusas que no forman alguna oración o frase, que me permita escribir una línea que le diga a tus ojos la pena que consume mis días.
Estoy perdido en al abecedario como niño deletreando sus primeras sílabas.
La escritura como expresión de mi dolor angustioso no fluye como la tinta de la pluma del poeta. Queda en el aire la inspiración que motiva a plasmar sobre el papel la prosa alegre o llena de nostalgia.
Pero mi mano temblorosa no obedece a los impulsos que le ordena mi yo interior a trazar rasgos que expresen lo que mi voz calla. Hay silencio en mis manos, en mi mente nublada.
Pensativo elevo mi vista al firmamento, al azul infinito manchado de escasas y pálidas nubes que semejan ovejas en pastoreo.
El cielo es cómplice de la incapacidad mental que atormenta la razón e impide que la palabra escrita se manifieste oralmente o que sea el eco del sonido que el corazón emite sin ser escuchado.
¡Cuánto silencio hay en mí alrededor!
gbl
07/04/2017
Derechos Reservados de Autor.
DISCUSIÓN
Dos monjes tenían una discusión a la orilla del río. El maestro, que en ese momento pasaba, se acercó a ellos y les preguntó sobre que se trataba su debate. "Estábamos mirado aquél árbol, y dije que las hojas se movían, pero mi compañero dice que es el viento el que se mueve", dijo uno de los monjes.
El maestro miró al árbol, luego a sus discípulos y les dijo, "es su mente la que se mueve".
cuento
: Cuento tradicional budista zenENCUENTROS
Él nunca decía cuándo iba a volver. Ella no sabía a qué hora preparar el corazón.
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Le habían asegurado que la Sagrada Imagen retornaría el movimiento al brazo paralizado y la señora tenía mucha fe. ¡Lo que consigue la fe! La señora entró temblando en la misteriosa cueva y fue tan intensa su emoción que enmudeció para siempre. Del brazo no curó porque era incurable.
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