14 Cuentos fantásticos 

UN PACIENTE EN DISMINUCIÓN

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.
El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:

-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.

Autor del

cuento

: Macedonio Fernández

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EL ESPEJO DE VIENTO Y LUNA

En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imagen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.

Una tarde un mendigo taoísta pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo:

-Con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes.

De su manga sacó un espejo bruñido de ambos lados; el espejo tenía la inscripción: Precioso Espejo de Viento y Luna. Agregó:

-Este espejo viene del Palacio del Hada del Terrible Despertar y tiene la virtud de curar los males causados por los pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar el anverso. Sólo mire el reverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarlo por su mejoría.

Se fue sin aceptar las monedas que le ofrecieron.

Kia Yui tomó el espejo y miró según le había indicado el mendigo. Lo arrojó con espanto: El espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuñó el espejo y miró: Desde su fondo, la señora Fénix, espléndidamente vestida, le hacía señas. Kia Yui se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Después, Fénix lo acompañó hasta la salida. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más. De nuevo Fénix le hizo señas, de nuevo penetró en el espejo y satisficieron su amor. Esto ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron al salir y lo encadenaron.

-Los seguiré -murmuró- pero déjenme llevar el espejo.

Fueron sus últimas palabras. Lo hallaron muerto, sobre la sábana manchada.

Autor del

cuento

: Tsao Hsue-Kin

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una chica en el fin del mundo

Enviado por zeda-del-rey  

Una chica en el fin del mundo. Abrazada a un oso, lo único con lo que comparte su existencia perdida. sola, abstraída y sin amigos, sin nadie. anda absorta por los valles desérticos de lo que parece un planeta, por sus pastizales lanosos y secos, entre sus tierras desquebrajadas y abolladas con arboledas anoréxicas y escasas hierbas; deambulando con desamparo, sin ningún tipo de compañía si no se cuentan los cerriles aliñados, los prados tupidos con pastos mezquinos, las siembras de alfalfa, donde los vientos apaciguados no escandalizan y el cielo habita solitario.
Sin ánimo, ni consuelo, solo los yertos abrazos de su disforme compañero: Un oso desgastado de escuálidos brazos y delgadas piernas, hecho con trapos de coloridos verdosos tal vez así; por la estropees de su tela, cocido con estambre, abotonado con cuatro dijes plastificados como falsos zafiros alineados en el pecho y dos botones negros de saco como ojos sufridos. Y un borde sencillo de relleno mullido como nariz. Lo cuelga siempre de su mano para no perderlo, aunque, aquel, solo hable para sí.
Ella es una niña que de si misma no sabe nada; no conoce su pasado, no recuerda lo que vivió, donde habito ni a quien conoció, y se pregunta si es que en verdad ha existido. Con el único miedo de saberse decepcionada y sin responderse porque sería como contradecirse; solo se imputa la esperanza de conocerse completa, de comprender porque es ella, que nombre le corresponde, a cuánto asciende su edad, a quien le debe la vida, sí su presente es parte de la misma o quizás ya parte de otra, Sabe que sola nunca sabrá la verdad; Pero no haya que le dé respuesta, nada que les sobrevenga a sus cuestionamientos existenciales. Así se queda, a la espera de encontrarse un propósito; sujetada al oso con el que comparte un desorbitado mundo de aislamiento y duda.
El lugar, antes que un nuevo mundo, es más un viejo destierro, que compenetra los suelos con floras marginales, que habita pocos animales y absuelve huecos marinos. Con los campos atravesados de hendiduras cortantes y tierras calientes que abarcan extensiones sin fin, porque es un planeta sin fin. Con su sol titubeante y un impredecible clima embrujado. Donde no se saben encontrar las noches y nunca se extenúan las albas, pero siempre renacen nubes colosales.
Y en algún efímero rodaje de inactivas sensaciones que despabilan por su cabeza y el vago esfuerzo sin resultados de saber más sobre su sentido del ser, la obligan a mirarse a través del trasparente cristal que como espejo funge un charco de agua saliniza al tiempo que reflexiona mientras recoge su cabello con el empeine de sus dedos. entre lapsos cierra los ojos y canta; con la voz armónica de una inimitable sirena, pero los abre luego de que la inerte soledad siembra tristeza en su pecho. Y al instante regresa con su fiel interludio y en ese mundo sin vida, la alegría, que no es tan menospreciada, tiene la encomienda de consolarla.
Toma un descanso sentada en una roca de peso inmediato y los cuervos sangrantes que la observan desde el firmamento seco por el sol; disfrutan al verla solitaria, aun cuando en el juego de la soledad, ella conserva un aura de juventud y belleza. Entonces uno de los cuervos; con alas cortas ligeramente desviadas, los ojos oscuros por la profundidad de su alma, y pequeñas garras punzantes en sus patas; baja de las alturas, figurando pequeños óvalos trazados a su descenso. reposando sobre una rama de geranio puesta justo delante de ella, observa hondamente los dulces ojos marrones de su colindo rostro. Queriendo intimidarla, provocarle infortunio, pero aquella lo reta y lo mira también clavando la vista fijamente su a desgastado cuerpo… es un cuervo viejo, cansado, dispuesto a morir, deja de respirar y cae paralizado, emanando de entre sus tiesas alas el hedor de la muerte zancuda que se descubre.
El cuervo una vez en la tierra comienza a desintegrarse, volviéndose parte de la hierba que abunda cerca de las rocas en donde la chica descansa, y ni se inmuta ni se acongoja. sobre sale el viento que la rodea, bañándola con dientes de león los cuales estallan e impregnan su complexión. y ella, otra ves, sola se quedo.

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EL BRAZO

Enviado por mosquisonico  

A Campanella le encantaba contar historias en esos fogones criollos de narradores y poetas que poco se interesaban en sus invenciones inverosímiles.
Cierta noche comenzó a relatar lo sucedido con un egipcio en el mismísimo desierto del Sahara. El hombre caminaba bajo el sol abrazador. Transparente era su sombra y cada gota de sudor se convertia en sal. Los ojos apenas entreabiertos solo divisaban figuras que se esfumaban frente a él.
Este es el día en que moriré, se decía de a ratos y no lograba ni contestarse. Los pies llagados se arrastraban como ladrillos y ninguna brisa desde ningún lugar.
De repente algo gigantesco apareció frente a él. Eran las tres bellas y enigmáticas pirámides. Hizo una pausa para tomar un trago de vino.
Los oyentes se acomodaron en sus sillas. Sabían; intuían, que se venía una mentira grande como la cabeza de Campanella.
El hombre, continuó, creyó ver a alguien. Levantó su brazo izquierdo y este se desprendió completamente cayendo a la arena hirviente y se convirtió rápidamente en una serpiente que comenzó a crecer y a crecer.
Bah! dijo uno de los paisanos, eso no puede ser!
Los ojos de Campanella se agrandaron y sus mejillas enrojecieron y señalando el suelo le espetó: Y era grande como esa que tenés a tu lado!
El fogón quedó desierto... desierto!!!

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