una chica en el fin del mundo 

Enviado por zeda-del-rey   Seguir

21 Enero 2018, 19:48

Una chica en el fin del mundo. Abrazada a un oso, lo único con lo que comparte su existencia perdida. sola, abstraída y sin amigos, sin nadie. anda absorta por los valles desérticos de lo que parece un planeta, por sus pastizales lanosos y secos, entre sus tierras desquebrajadas y abolladas con arboledas anoréxicas y escasas hierbas; deambulando con desamparo, sin ningún tipo de compañía si no se cuentan los cerriles aliñados, los prados tupidos con pastos mezquinos, las siembras de alfalfa, donde los vientos apaciguados no escandalizan y el cielo habita solitario.
Sin ánimo, ni consuelo, solo los yertos abrazos de su disforme compañero: Un oso desgastado de escuálidos brazos y delgadas piernas, hecho con trapos de coloridos verdosos tal vez así; por la estropees de su tela, cocido con estambre, abotonado con cuatro dijes plastificados como falsos zafiros alineados en el pecho y dos botones negros de saco como ojos sufridos. Y un borde sencillo de relleno mullido como nariz. Lo cuelga siempre de su mano para no perderlo, aunque, aquel, solo hable para sí.
Ella es una niña que de si misma no sabe nada; no conoce su pasado, no recuerda lo que vivió, donde habito ni a quien conoció, y se pregunta si es que en verdad ha existido. Con el único miedo de saberse decepcionada y sin responderse porque sería como contradecirse; solo se imputa la esperanza de conocerse completa, de comprender porque es ella, que nombre le corresponde, a cuánto asciende su edad, a quien le debe la vida, sí su presente es parte de la misma o quizás ya parte de otra, Sabe que sola nunca sabrá la verdad; Pero no haya que le dé respuesta, nada que les sobrevenga a sus cuestionamientos existenciales. Así se queda, a la espera de encontrarse un propósito; sujetada al oso con el que comparte un desorbitado mundo de aislamiento y duda.
El lugar, antes que un nuevo mundo, es más un viejo destierro, que compenetra los suelos con floras marginales, que habita pocos animales y absuelve huecos marinos. Con los campos atravesados de hendiduras cortantes y tierras calientes que abarcan extensiones sin fin, porque es un planeta sin fin. Con su sol titubeante y un impredecible clima embrujado. Donde no se saben encontrar las noches y nunca se extenúan las albas, pero siempre renacen nubes colosales.
Y en algún efímero rodaje de inactivas sensaciones que despabilan por su cabeza y el vago esfuerzo sin resultados de saber más sobre su sentido del ser, la obligan a mirarse a través del trasparente cristal que como espejo funge un charco de agua saliniza al tiempo que reflexiona mientras recoge su cabello con el empeine de sus dedos. entre lapsos cierra los ojos y canta; con la voz armónica de una inimitable sirena, pero los abre luego de que la inerte soledad siembra tristeza en su pecho. Y al instante regresa con su fiel interludio y en ese mundo sin vida, la alegría, que no es tan menospreciada, tiene la encomienda de consolarla.
Toma un descanso sentada en una roca de peso inmediato y los cuervos sangrantes que la observan desde el firmamento seco por el sol; disfrutan al verla solitaria, aun cuando en el juego de la soledad, ella conserva un aura de juventud y belleza. Entonces uno de los cuervos; con alas cortas ligeramente desviadas, los ojos oscuros por la profundidad de su alma, y pequeñas garras punzantes en sus patas; baja de las alturas, figurando pequeños óvalos trazados a su descenso. reposando sobre una rama de geranio puesta justo delante de ella, observa hondamente los dulces ojos marrones de su colindo rostro. Queriendo intimidarla, provocarle infortunio, pero aquella lo reta y lo mira también clavando la vista fijamente su a desgastado cuerpo… es un cuervo viejo, cansado, dispuesto a morir, deja de respirar y cae paralizado, emanando de entre sus tiesas alas el hedor de la muerte zancuda que se descubre.
El cuervo una vez en la tierra comienza a desintegrarse, volviéndose parte de la hierba que abunda cerca de las rocas en donde la chica descansa, y ni se inmuta ni se acongoja. sobre sale el viento que la rodea, bañándola con dientes de león los cuales estallan e impregnan su complexión. y ella, otra ves, sola se quedo.

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