EL ELEFANTE Y LA OVEJA 

Cuentan que el elefante se había casado con la oveja. Vivían en una jaima, que era como suelen ser estas viviendas, con un terreno elevado al sur y algo más al sur, abundante vegetación. Mientras la oveja se ocupaba de las cosas de la jaima, el elefante pasaba el día pastando, para luego regresar al hogar.

Cierto día en que se encontraba el elefante de sabrosos pastos, se le acercó el chacal que tras saludarle, le dijo:
- ¡Vaya, vaya, amigo mío! Espero nunca correr tu suerte, pobre, alimentándote de espinas y amargas hierbas, teniendo a tu alcance tanta carne y de la buena.
- ¿A qué carne te refieres?
- A qué va a ser, pues la que quedó cuidando la jaima; si no sabes cómo ha de comerse, puedo ser tu maestro.
- ¡No me digas! ¿Acaso es buena la carne de oveja?
- ¡Desde luego! Tú dime cuándo he de venir y aquí estaré para ilustrarte.
- Está bien, acércate mañana al mediodía.

Así quedaron pues y el chacal, de las ganas que tenía de comer oveja, se presentó en el lugar señalado, incluso antes de la hora convenida. Tras llegar el elefante caminaron amistosamente hacia la jaima. La oveja, al percatarse del regresó de su marido, salió a observarle. Al principio, debido a su tamaño, tan sólo veía al elefante, pero poco después se dio cuenta de que iba acompañado por el chacal, dando brincos a su lado. Estonces se dijo:
- No sé que me da… que la razón de que estos dos vayan juntos, voy a ser yo.
Después huyó hacia el norte, ensimismada, sin saber muy bien a dónde se dirigía; lo único que estada segura es que aquellos dos tramaban algo, no demasiado bueno para ella. Allá por donde iba, había un torrente seco con muchos troncos de acacia. La oveja se acercó a uno de los troncos y tiró de la corteza, desprendiéndola totalmente del tronco. Se la llevó a un lugar donde había un enjambre de abejas y embadurnó la corteza de miel. Regresó a la jaima, donde ya se encontraban el chacal y el elefante que se encontraba muy enfadado con los ojos inyectados en sangre. Al entrar, su esposo le preguntó:
- ¡Oye! ¿Dónde estuviste?
- ¡Tranquilo, tranquilo! Salí para traerte esto.
- ¿Y qué es, si puede saberse?
- Tú, pruébalo.

Entonces el elefante pasó su enorme lengua por la corteza y se la llevó a la boca. Al ver lo dulce que era, le preguntó:
- ¿Dónde encontraste eso?
- Esto es un dulce que se saca del chacal. Lo hemos estado estrujando y mira qué cantidad y qué sabroso está.
Al oír aquello, de inmediato el elefante se volvió hacia el chacal y se dispuso a estrujarlo, por lo que el chacal, para salvar el pellejo, rápidamente dijo:
- ¡Doy gracias a Dios!; pues ayer mismo fui estrujado.
Sin embargo, el elefante no le hizo caso y lo estrujo bien. Pero lo que salía por detrás no era precisamente miel. No era dulce como la miel. Así que lo soltó y fue a buscar otro chacal que estrujar. La oveja aprovechó aquel percance para escapar y unirse a unas cabras que pasaban por allí, poniéndose a sí a salvo.

Autor del cuento: Cuento tradicional saharahui

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