FÁBULAS CORTAS

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El hijo de un labrador se hallaba tostando unos caracoles. Oyéndoles crepitar dijo:
- ¡Ah miserables animalejos, están sus casas ardiendo, y aún cantan!

Moraleja: Hacer las cosas fuera del tiempo o lugar que les corresponde, no es nada inteligente.

Autor del cuento: Esopo
Puntuación del cuento: 8.57
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Penetró un perro en una carnicería, y notando que el carnicero estaba muy ocupado con sus clientes, cogió un trozo de carne y salió corriendo. Se volvió el carnicero, y viéndole huir, y sin poder hacer ya nada, exclamó:
- ¡Oye amigo! allí donde te encuentre, no dejaré de mirarte!

Moraleja: No esperes a que suceda un accidente para pensar en cómo evitarlo.

Autor del cuento: Esopo
Puntuación del cuento: 8.14
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Tragó una gaviota un pez demasiado grande y le estalló la garganta, quedando muerta a la orilla de la playa. La vio un milano y dijo:
- Tienes tu merecido, porque sabiendo de tu capacidad, abusaste de lo que te estaba permitido.

Moraleja: Sabiendo cuales son tus capacidades, nunca intentes sobrepasarlas si no te has preparado para ello.

Autor del cuento: Esopo
Puntuación del cuento: 8.13
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Dijo la Encina a la Caña: “Razón tienes para quejarte de la naturaleza: un pajarillo es para ti grave peso; la brisa más ligera, que riza la superficie del agua, te hace bajar la cabeza. Mi frente, parecida a la cumbre del Cáucaso, no sólo detiene los rayos del sol; desafía también la tempestad. Para ti, todo es aquilón; para mí, céfiro. Si nacieses, a lo menos, al abrigo de mi
follaje, no padecerías tanto: yo te defendería de la borrasca. Pero casi siempre brotas en las húmedas orillas del reino de los vientos. ¡Injusta ha sido contigo la naturaleza!
–Tu compasión, respondió la Caña, prueba tu buen natural; pero no te apures. Los vientos no son tan temibles para mí como para ti. Me inclino
y me doblo, pero no me quiebro. Hasta el presente has podido resistir las mayores ráfagas sin inclinar el espinazo; pero hasta el fin nadie es dichoso.”

Apenas dijo estas palabras, de los confines del horizonte acude furibundo el más terrible huracán que engendró el septentrión. El árbol resiste, la caña se inclina; el viento redobla sus esfuerzos, y tanto porfía, que al fin arranca de cuajo a la Encina que elevaba la frente al cielo y hundía sus pies en los dominios del Tártaro.

Autor del cuento: Jean de La Fontaine
Puntuación del cuento: 8.08
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