33 Moralejas 

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EL LOBO CON PIEL DE OVEJA

Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la obtención de su comida. Se metió entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el rebaño a un encierro, quedando la puerta asegurada.
Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante.

Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.

Autor del cuento: Esopo

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EL JARDINERO Y EL PERRO

El perro de un jardinero había caído en un pozo.
El jardinero, por salvarle, descendió también. Creyendo el perro que bajaba para hundirlo más todavía, se volvió y le mordió.
El jardinero, sufriendo con la herida, volvió a salir del pozo, diciendo:
- Me está muy bien empleado; ¿quién me llamaba para salvar a un animal que quería suicidarse?

Moraleja: Cuando te veas en peligro o necesidad, no maltrates la mano de quien viene en tu ayuda.

Autor del cuento: Esopo

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ZEUS Y LA SERPIENTE

Anunciadas las bodas de Zeus, todos los animales le honraron con presentes, cada uno según sus medios.
La serpiente subió hasta Zeus arrastrándose, con una rosa en la boca.
Más al verla dijo Zeus:
- De todos acepto sus presentes, pero no los quiero de tu boca.

Moraleja: No debemos confiarnos de las aparentes bondades de los malvados.

Autor del cuento: Esopo

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EL LABRADOR Y SUS HIJOS

A punto de acabar su vida, quiso un labrador dejar experimentados a sus hijos en la agricultura.
Así, les llamó y les dijo:
- Hijos míos: voy a dejar este mundo; buscad lo que he escondido en la viña, y lo hallaréis todo.
Creyendo sus descendientes que había enterrado un tesoro, después de la muerte de su padre, con gran afán removieron profundamente el suelo de la viña.
Tesoro no hallaron ninguno, pero la viña, tan bien removida quedó, que multiplicó su fruto.

Moraleja: El mejor tesoro siempre lo encontrarás en el trabajo adecuado.

Autor del cuento: Esopo

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ZEUS Y LOS ROBLES

Quejábanse los robles a Zeus en estos términos:
- En vano vemos la luz, pues estamos expuestos, más que todos los demás árboles, a los golpes brutales del hacha.
- Vosotros mismos sois los autores de vuestra desgracia respondió Zeus-; si no dierais la madera para fabricar los mangos, las vigas y los arados, el hacha os respetaría.

Moraleja: Antes de culpar a otros de nuestros males, veamos antes si no los causamos nosotros mismos.

Autor del cuento: Esopo

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LOS HIJOS DESUNIDOS DEL LABRADOR

Los hijos de un labrador vivían en discordia y desunión. Sus exhortaciones eran inútiles para hacerles mudar de sentimientos, por lo cual resolvió darles una lección con la experiencia.
Les llamó y les dijo que le llevaran una gavilla de varas. Cumplida la orden, les dio las varas en haz y les dijo que las rompieran; mas a pesar de todos sus esfuerzos, no lo consiguieron. Entonces deshizo el haz y les dio las varas una a una; los hijos las rompieron fácilmente.
- ¡Ahí tienen! les dijo el padre-. Si también ustedes, hijos míos, permanecen unidos, serán invencibles ante sus enemigos; pero estando divididos serán vencidos uno a uno con facilidad.

Moraleja: Nunca olvides que en la unión se encuentra la fortaleza.

Autor del cuento: Esopo

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EL HOMBRE Y LA HORMIGA

Se fue a pique un día un navío con todo y sus pasajeros, y un hombre, testigo del naufragio, decía que no eran correctas las decisiones de los dioses, puesto que, por castigar a un solo impío, habían condenado también a muchos otros inocentes.
Mientras seguía su discurso, sentado en un sitio plagado de hormigas, una de ellas lo mordió, y entonces, para vengarse, las aplastó a todas.
Se le apareció al momento Hermes, y golpeándole con su caduceo, le dijo:
- Aceptarás ahora que nosotros juzgamos a los hombres del mismo modo que tu juzgas a las hormigas.

Moraleja: Antes de juzgar el actuar ajeno, juzga primero el tuyo.

Autor del cuento: Esopo

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EL CIEGO

Érase una vez un ciego muy hábil para reconocer al tacto cualquier animal al alcance de su mano, diciendo de qué especie era. Le
presentaron un día un lobezno, lo palpó y quedó indeciso.
- No acierto - dijo -, si es hijo de una loba, de una zorra o de otro animal de su misma cualidad; pero lo que sí sé es que no ha nacido para vivir en un rebaño de corderos.

Moraleja: La naturaleza de la maldad se puede notar en una sola de sus características.

Autor del cuento: Esopo

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LOS VIANDANTES Y EL CUERVO

Viajaban unas gentes para cierto asunto, cuando encontraron a un cuervo que había perdido un ojo.
Volvieron hacia el cuervo sus miradas, y uno de los viandantes aconsejó el regreso, pues en su opinión hacerlo era lo que aconsejaba el presagio. Pero otro de los caminantes tomó la palabra y dijo:
-¿Cómo podría este cuervo predecirnos el Futuro si él mismo no ha podido prever, para evitarlo, la pérdida de su ojo?

Moraleja: Quien no puede cuidar de sí mismo, menos indicado está para aconsejar al prójimo.

Autor del cuento: Esopo

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EL PADRE Y SUS DOS HIJAS

Un padre tenía dos hijas. Una casó con un hortelano y la otra con un fabricante de ladrillos. Al cabo de un tiempo fue a visitar a la casada con el hortelano, y le preguntó sobre su situación. Ella dijo:
- Todo está de maravilla conmigo, pero sí tengo un deseo especial: que llueva todos los días con abundancia para que así las plantas tengan siempre suficiente agua.
Pocos días después visitó a su otra hija, también preguntándole sobre su estado. Y ella le dijo:
- No tengo quejas, solamente un deseo especial: que los días se mantengan secos, sin lluvia, con sol brillante, para que así los ladrillos sequen y endurezcan muy bien.
El padre meditó: si una desea lluvia, y la otra tiempo seco, ¿a cual de las dos le adjunto mis deseos?

Moraleja: No trates nunca de complacer y quedar bien con todo el mundo. Te será imposible.

Autor del cuento: Esopo

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EL CAZADOR Y EL PESCADOR

Regresaba un cazador con sus perros y su producto, cuando topó con un pescador que también regresaba de su pesca, ambos con sus cestas llenas. Deseó el cazador tener los peces, y el dueño de los peces, las carnes. Pronto convinieron en intercambiarse las cestas. Los dos quedaron tan complacidos de su trato que durante mucho tiempo lo siguieron haciendo día a día.
Finalmente un vecino les aconsejó:
- Si siguen así, llegará el momento en por tan frecuente intercambio, arruinarán el placer de ello, y cada uno deseará quedarse solamente con lo que obtuvo.

Moraleja: Varía y alterna tus actividades para disfrutar mejor.

Autor del cuento: Esopo

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JÚPITER Y LA TORTUGA

A las bodas de Júpiter estaban
Todos los animales convidados:
Unos y otros llegaban
A la fiesta nupcial apresurados.
No faltaba a tan grande concurrencia
Ni aun la reptil y más lejana oruga,
Cuando llega muy tarde y con paciencia,
A paso perezoso, la Tortuga.
Su tardanza reprende el dios airado,
Y ella le respondió sencillamente:
«Si es mi casita mi retiro amado,
¿Cómo podré dejarla prontamente?»
Por tal disculpa Júpiter tonante,
Olvidando el indulto de las fiestas,
La ley del caracol le echó al instante,
Que es andar con la casa siempre a cuestas.

Moraleja:
Gentes machuchas hay que hacen alarde
De que aman su retiro con exceso;
Pero a su obligación acuden tarde:
Viven como el ratón dentro del queso.

Autor del cuento: Félix María Samaniego

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EL LABRADOR Y LAS GRULLAS

Algunas grullas escarbaban sobre terrenos recién sembrados con trigo.
Durante algún tiempo el labrador blandía una honda vacía, ahuyentándolas por el pánico que les producía.
Pero cuando las aves se dieron cuenta del truco, ya no se alejaban de su comida. El labrador, viendo esto, cargó su honda con piedras y mató muchas de las grullas.
Las supervivientes inmediatamente abandonaron el lugar, lamentándose diciendo unas a otras:
- Mejor nos vamos a Liliput, pues este hombre ya no contento con asustarnos, ha empezado a mostrarnos lo que realmente puede hacer.

Moraleja: Cuando las palabras no dan a entender, la acción sí lo hará.

Autor del cuento: Esopo

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EL LABRADOR Y LA VÍBORA

Llegado el invierno, un labrador encontró una víbora helada de frío. Apiadado de ella, la recogió y la guardó en su pecho. Reanimada por el calor, la víbora, recobró sus sentidos y mató a su bienhechor, el cual, sintiéndose morir, exclamó:
- ¡Bien me lo merezco por haberme compadecido de un ser malvado!

Moraleja: No te confíes del malvado, creyendo que haciéndole un favor vas a cambiarle su naturaleza.

Autor del cuento: Esopo

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LOS BUEYES CONTRA LOS CARNICEROS

Decidieron un día los bueyes destruir a los carniceros, quienes, decían los bueyes, estaban acabando con su gremio.
Se reunieron entonces para llevar a cabo su objetivo, y afilaron finamente sus cuernos.
Pero uno de ellos, el más viejo, un experimentado arador de tierras, les dijo:
- Esos carniceros, es cierto, nos matan y destrozan, pero lo hacen con manos preparadas, y sin causarnos dolor. Si nos deshacemos de ellos, caeremos en manos de operadores inexpertos y entonces sí que sufriríamos una doble muerte. Y les aseguro, que aunque ya no haya ni un solo carnicero, los humanos seguirán buscando nuestra carne.

Moraleja: Nunca trates de cambiar un mal por otro peor.

Autor del cuento: Esopo

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LOS LADRONES Y EL GALLO

Entraron unos ladrones en una casa y sólo encontraron un gallo; se apoderaron de él y se marcharon.
A punto de ser inmolado por los ladrones, les rogó el gallo que le perdonaran alegando que era útil a los hombres, despertándolos por la noche para ir a sus trabajos.
- Mayor razón para matarte, exclamaron los ladrones-, puesto que despertando a los hombres nos impides robar.

Moraleja: Nada hay que aterrorice más a los malvados que todo aquello que es útil para los honrados.

Autor del cuento: Esopo

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EL CIERVO Y SUS ACOMPAÑANTES

Yacía un ciervo enfermo en una esquina de su terreno de pastos.
Llegaron entonces sus amigos en gran número a preguntar por su salud, y mientras hablaban, cada visitante mordisqueaba parte del pasto del ciervo.
Al final, el pobre ciervo murió, no por su enfermedad sino porque no ya no tenía de donde comer.

Moraleja: Más vale estar solo que mal acompañado.

Autor del cuento: Esopo

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EL MERCADER DE ESTATUAS

Un hombre hizo una estatuilla de un Hermes en madera y la llevó a la plaza para su venta.
Como nadie llegaba a comprarla, se le ocurrió llamar la atención anunciando que vendía un dios que obsequiaba bondades y beneficios.
Entonces uno de los curiosos le dijo:
- Oye, si tan bueno es, ¿por qué la vendes y no te aprovechas de su ayuda?
- Porque yo, - contestó aquél - necesito la ayuda inmediatamente, y él nunca se apura en conceder sus beneficios.

Moraleja: Nunca dejes que el momentáneo interés material predomine sobre el espíritu.

Autor del cuento: Esopo

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EL OSO, LA MONA Y EL CERDO

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: «¿Qué tal?»
Era perita la mona,
y respondióle: «Muy mal».

«Yo creo -replicó el oso-
que me haces poco favor.
Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?»

Estaba el cerdo presente,
y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá».

Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto,
hubo de exclamar así:

«Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar».

Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
si el sabio no aprueba, ¡malo!
si el necio aplaude, ¡peor!

Moraleja: Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios.

Autor del cuento: Tomás de Iriarte

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HÉRCULES Y EL BOYERO

Conducía un boyero una carreta hacia una aldea, y la carreta se despeñó a un barranco profundo.
El boyero, en lugar de ayudar a los bueyes a salir de aquel trance, se quedó allí cruzado de brazos, invocando entre todos los dioses a Hércules, que era el de su mayor devoción. Llegó entonces Hércules y le dijo:
-¡Toma una rueda, hostiga a los bueyes y no invoques a los dioses si no hay esfuerzo de tu parte!
- Si no lo haces así, nos invocarás en vano.

Moraleja: La oración debe acompañarse siempre previamente de la acción.

Autor del cuento: Esopo

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