32 Cuentos de animales 

Comparte:
EL LOBO Y EL ASNO

Un lobo fue elegido rey entre sus congéneres y decretó una ley ordenando que lo que cada uno capturase en la caza, lo pusiera en común y lo repartiese por partes iguales entre todos; de esta manera ya no tendrían los lobos que devorarse unos a otros en épocas de hambre.
Pero en eso lo escuchó un asno que estaba por ahí cerca, y moviendo sus orejas le dijo:
- Magnífica idea ha brotado de tu corazón, pero ¿Por qué has escondido todo tu botín en tu cueva? Llévalo a tu comunidad y repártelo también, como lo has decretado.
El lobo, descubierto y confundido, derogó su ley.

Moraleja: Si impones normas, sé el primero en cumplirlas.

Autor del cuento: Esopo

83.51%

votos positivos

Comparte:
EL CAMELLO, EL ELEFANTE Y EL MONO

Votaban los animales para elegir un rey. El camello y el elefante se pusieron en fila disputándose los sufragios, ya que esperaban ser preferidos sobre los demás gracias a su tamaño y su fuerza. Pero llegó el mono y los declaró a los dos incapacitados para reinar.
- El camello no sirve - dijo -, porque no se encoleriza contra los malhechores, y el elefante tampoco nos sirve porque tendremos que estar temerosos de que nos ataque un marrano, animal a quien teme el elefante.

Moraleja: La fortaleza más grande, siempre se mide en el punto más débil.

Autor del cuento: Esopo

80.43%

votos positivos

Comparte:
LA RANA GRITONA Y EL LEÓN

Oyó una vez un león el croar de una rana, y se volvió hacia donde venía el sonido, pensando que era de algún animal muy importante.
Esperó y observó con atención un tiempo, y cuando vio a la rana que salía del pantano, se le acercó y la aplastó diciendo:
- ¡Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos gritos!

Moraleja: Quien mucho habla, poco es lo que dice.

Autor del cuento: Esopo

78.57%

votos positivos

Comparte:
LA VÍBORA Y LA ZORRA

Arrastraba la corriente de un río a una víbora enroscada en una maraña de espinas. La vio pasar una zorra que descansaba y exclamó:
- ¡Para tal clase de barco, tal piloto!

Moraleja: Personas perversas siempre conectan con situaciones perversas.

Autor del cuento: Esopo

76.71%

votos positivos

Comparte:
EL LOBO QUE CREE QUE LA LUNA ES QUESO

Andaba el lobo muy hambriento y ya no sabía qué hacer para coger algún animal para comérselo. Y por ahí se encuentra con la zorra y le dice:
-Oiga usted, señora zorra, que me la voy a comer.

Y la zorra le dijo:

-Pero mire usted que estoy muy flaca. No soy más que huesos y pellejos.

-No, que usted estaba muy gordita el pasado año.

-El año pasado sí que estaba gordita, pero ahora tengo que darles de mamar a mis cuatro zorritos y apenas hallo bastante para crear leche para ellos.

-¡Que no me importa! -dijo el lobo.

Iba a darle la primera mordida, cuando la zorra le dijo:

-Deténgase usted, por Dios, señor lobo. Mire que yo sé dónde vive un señor que tiene un pozo lleno de quesos.

Y se fueron la zorra y el lobo a buscar los quesos. Y llegaron a una casa y pasaron unas tapias y llegaron ante el pozo, y la Luna se reflejaba en el agua y parecía un queso. Y se asomó la zorra y volvió y le dijo al lobo:

-¡Ay, amigo lobo, que el queso es grandón! Mire, asómese usted.

Y se asomó el lobo y vio la Luna y creyó que era un queso grandón. Pero el lobo sospechoso le dijo a la zorra:

-Pues bueno, amiga zorra, entre usted por el queso.

Y la zorra se metió en uno de los dos cubos que bajaban al pozo y fue a por el queso. Y desde abajo le gritaba al lobo:

-¡Ay, amigo lobo! ¡Que grandón está el queso! ¡No puedo con él! Venga usted a ayudarme a subirlo.

-Pero no puedo yo entrar -decía el lobo-. ¿Cómo voy yo a entrar? Súbalo usted sola.

-Y la zorra le dijo:

-Pero no sea usted torpe. Métase en el otro cubo y verá como así entra fácilmente.

Y se metió la zorra entonces en el cubo en que había bajado. Y el lobo se metió en el otro cubo y, como pesaba más, se deslizó para abajo y la zorra subió para arriba. Y ahí se quedó el lobo buscando el queso, y la zorra se fue muy contenta a ver a sus zorritos.

Autor del cuento: Cuento tradicional español

76.47%

votos positivos

Comparte:
EL RODABALLO SIN NOMBRE

Un pececillo del mar se encontraba muy solo entre tanta bestia sin control. No tenía ni nombre. Lo llamaban rodaballo, pero rodaballos había muchos, así que a él ese nombre no le decía nada. El rodaballo sin nombre nadaba porque no sabía hacer otra cosa, aunque tampoco tenía muchas ganas, pues no sabía ni a dónde se dirigía ni para qué. Pero quedarse quieto no era una opción, porque en el fondo del mar, parado, encontraría a muchos enemigos que se lo querrían comer. Así que movía las aletas y observaba a su alrededor todo lo que pasaba, que aunque parecía mucho no era tanto. Sí, es cierto que siempre había cosas que lo distraían. De vez en cuando un par de cangrejos discutían, algún atún se comía un pez de su propio tamaño, o aparecía alguna enorme ballena. Pero esencialmente, nada de lo que pasaba era inesperado.
Cierto es también que no estaba del todo solo. De vez en cuando se cruzaba con algunos animales de su especie, a los que saludaba fugazmente, y a veces incluso, se quedaba un rato con ellos compartiendo alguna tarde de cacería. Comían alguna almeja y después, cada uno seguía su camino.

Un día, el rodaballo en cuestión decidió salir de su zona habitual de nado, dirigiéndose hacia aguas más frías. No supo muy bien porqué, quizá fuera por aburrimiento, quizá por espíritu aventurero, quizá por inconsciencia. Salió temprano, y hacia media mañana ya empezaba a arrepentirse de haberse marchado. A su alrededor aparecían grutas profundas y rocas oscuras, metros y metros sin peces, cuando de repente se topó con unas enormes medusas, que no había visto nunca. Les preguntó de donde venían pero no contestaron. Él siguió hacia adelante.
Sintiéndose cada vez más tranquilo, entendió que ya no volvería a su casa, más que nada porque no estaba dispuesto a pasar otra vez por aquella zona tétrica e inquietante. Apareció ya de noche en una playa, guiado por las corrientes cálidas que allí lo transportaron. Nuevos peces, de colores, encontró. Y allí decidió quedarse.

Al cabo de las semanas, el rodaballo seguía sintiéndose igual de solo. Allí él era tan raro como lo era en su lugar de origen, pero al menos, al haber hecho algo por cambiar su situación, se sentía liberado.
Entendiendo que su vida llegaba a su fin, decidió dedicarse a la pintura, pues no era buen cantante ni escritor, pero no se le daba mal lo de juntar colores. Y a partir de entonces, y hasta su muerte, pudo observarse en una playa cualquiera, a un pececillo dando vueltas extrañas para agitar el agua, removiendo la tierra, volteando conchas que encontraba a su paso, produciendo así lienzos marinos efímeros de azules, marrones y rayas de múltiples colores que intermitentemente modificaban el fondo marino, para poco después dejarlo en calma.

Autor del cuento: Koldo Fierro

75.00%

votos positivos

Comparte:
LA ZORRA Y EL MONO CORONADO REY

En una junta de animales, bailó tan bonito el mono, que ganándose la simpatía de los espectadores, fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de comida en un cepo y llevó allí al mono, diciéndole que había encontrado un tesoro digno de reyes, pero que en lugar de tomarlo para llevárselo a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo cogiera, ya que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexión, y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de tenderle aquella trampa, repuso:
- ¡Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes reinar entre todos los animales!

Moraleja: No asumas un desafío, si antes no has reflexionado sobre sus posibles éxitos o peligros.

Autor del cuento: Esopo

73.81%

votos positivos

Comparte:
EL SAPO

Salta de vez en cuando, solo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón. Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en él. Es más sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.

Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.

Autor del cuento: Juan José Arreola

73.08%

votos positivos

Comparte:
EL ZORRO Y LA CIGÜEÑA

El señor Zorro la echó un día de grande, y convidó a comer a su comadre la Cigüeña. Todos los manjares se reducían a un sopicaldo; era muy sobrio el anfitrión. El sopicaldo fue servido en un plato muy llano. La Cigüeña no pudo comer nada con su largo pico, y el señor Zorro sorbió y lamió perfectamente toda la escudilla.
Para vengarse de aquella burla, la Cigüeña le convidó poco después. “¡De buena gana! le contestó; con los amigos no gasto ceremonias.” A la hora señalada, fue a casa de la Cigüeña; hizo mil reverencias, y encontró la comida a punto.
Tenía muy buen apetito y trascendía a gloria la vianda, que era un sabroso salpicón de exquisito aroma. Pero ¿Cómo lo sirvieron? Dentro de una redoma, de cuello largo y angosta embocadura. El pico de la Cigüeña pasaba muy bien por ella, pero no el hocico del señor Raposo. Tuvo que volver en ayunas a su casa, orejas gachas, apretando la cola y avergonzado, como sí, con toda su astucia, le hubiese engañado una gallina.

Autor del cuento: Jean de la Fontaine

72.73%

votos positivos

Comparte:
EL LABRADOR Y EL ÁGUILA

Encontró un labrador un águila presa en su cepo, y, seducido por su belleza, la soltó y le dio la libertad.
El águila, que no fue ingrata con su bienhechor, viéndole sentado al pie de un muro que amenazaba derrumbarse, voló hasta él y le arrebató con sus garras la cinta con que se ceñía su cabeza.
Se levantó el hombre para perseguirla. El águila dejó caer la cinta; la tomó el labriego, y al volver sobre sus pasos halló desplomado el muro en el lugar donde antes estaba sentado, quedando muy sorprendido y agradecido de haber sido pagado así por el águila.

Moraleja: Siempre debemos ser agradecidos con nuestros bienhechores y agradecer un favor con otro.

Autor del cuento: Esopo

72.00%

votos positivos

Comparte:
EL LEÓN Y EL DELFÍN

Paseaba un león por una playa y vio a un delfín asomar su cabeza fuera del agua. Le propuso entonces una alianza:
- Nos conviene unirnos a ambos, siendo tú el rey de los animales del mar y yo el de los terrestres - le dijo.
Aceptó gustoso el delfín. Y el león, quien desde hacía tiempo se hallaba en guerra contra un loro salvaje, llamó al delfín a que le ayudara. Intentó el delfín salir del agua, mas no lo consiguió, por lo que el león lo acusó de traidor.
- ¡No soy yo el culpable ni a quien debes acusar, sino a la Naturaleza - respondió el delfín -, porque ella es quien me hizo acuático y no me permite pasar a la tierra!

Moraleja: Acepta la Naturaleza tal y como es.

Autor del cuento: Esopo

70.00%

votos positivos

Comparte:
EL BUEY Y EL MOSQUITO

En el cuerno de un buey se posó un mosquito. Luego de permanecer allí largo rato, al irse a su vuelo preguntó al buey si se alegraba que por fin se marchase. El buey le respondió:
- Ni supe que habías venido. Tampoco notaré cuando te vayas.

Moraleja: Pasar por la vida, sin darle nada a la vida, es ser insignificante.

Autor del cuento: Esopo

70.00%

votos positivos

Comparte:
EL JOVEN Y EL ESCORPIÓN

Un joven andaba cazando saltamontes. Ya había capturado un buen número cuando trató de tomar a un escorpión equivocadamente.
Y el escorpión, mostrándole su ponzoña le dijo:
- Si me hubieras tocado, me hubieras perdido, pero tú también a todos tus saltamontes.

Moraleja: Cuando hayas hecho un capital con tu trabajo, cuida de no perderlo por tratar de tomar lo que no debes.

Autor del cuento: Esopo

70.00%

votos positivos

Comparte:
EL LOBO Y LA CABRA

Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:
- Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido.
Pero la cabra le dijo:
- Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a ti mismo, siendo yo tu plato.

Moraleja: Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.

Autor del cuento: Esopo

69.70%

votos positivos

Comparte:
EL PERRO Y LA LIEBRE

Un perro de caza atrapó un día a una liebre, y a ratos la mordía y a ratos le lamía el hocico. Cansada la liebre de esa cambiante actitud le dijo:
- ¡Deja ya de morderme o de besarme, para saber yo si eres mi amigo o si eres mi enemigo!

Moraleja: Sé siempre consistente en tus principios.

Autor del cuento: Esopo

68.18%

votos positivos

Comparte:
EL RATÓN Y LA RANA

Un ratón de tierra se hizo amigo de una rana, para desgracia suya. La rana, obedeciendo a desviadas intenciones de burla, ató la pata del ratón a su propia pata. Marcharon entonces primero por tierra para comer trigo, luego se acercaron a la orilla del pantano. La rana, dando un salto arrastró hasta el fondo al ratón, mientras que retozaba en el agua lanzando sus conocidos gritos.
El desdichado ratón, hinchado de agua, se ahogó, quedando a flote atado a la pata de la rana. Los vio un milano que por ahí volaba y
apresó al ratón con sus garras, arrastrando con él a la rana encadenada, quien también sirvió de cena al milano.

Moraleja: Toda acción que se hace con intenciones de maldad, siempre termina en contra del mismo que la comete.

Autor del cuento: Esopo

66.67%

votos positivos

Comparte:
EL GRILLO MAESTRO

Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.

Autor del cuento: Augusto Monterroso

66.67%

votos positivos

Comparte:
LAS ZORRAS, LAS ÁGUILAS Y LAS LIEBRES

Cierto día las águilas se declararon en guerra contra las liebres. Fueron entonces éstas a pedirle ayuda a las zorras.
Pero ellas les contestaron:
- Las hubiéramos ayudado si no supiéramos quienes son ustedes y si tampoco supiéramos contra quienes luchan.

Moraleja: Antes de decidir unirte a una campaña, mide primero la capacidad de los posibles adversarios.

Autor del cuento: Esopo

62.50%

votos positivos

Comparte:
EL LEÓN, LA ZORRA Y EL LOBO

Cansado y viejo el rey león, se quedó enfermo en su cueva, y los demás animales, excepto la zorra, lo fueron a visitar.
Aprovechando la ocasión de la visita, acusó el lobo a la zorra expresando lo siguiente:
- Ella no tiene por nuestra alteza ningún respeto, y por eso ni siquiera se ha acercado a saludar o preguntar por su salud.
En ese preciso instante llegó la zorra, justo a tiempo para oír lo dicho por el lobo. Entonces el león, furioso al verla, lanzó un feroz grito contra la zorra; pero ella, pidió la palabra para justificarse, y dijo:
- Dime, de entre todas las visitas que aquí tenéis, ¿quién te ha dado tan especial servicio como el que he hecho yo, que busqué por todas partes médicos que con su sabiduría te recetaran un remedio ideal para curarte, encontrándolo por fin?
- ¿Y cuál es ese remedio?, dímelo inmediatamente. - Ordenó el león.
- Debes sacrificar a un lobo y ponerte su piel como abrigo - respondió la zorra -.
Inmediatamente el lobo fue condenado a muerte, y la zorra, riéndose exclamó:
- Al patrón no hay que llevarlo hacia el rencor, sino hacia la benevolencia.

Moraleja: Quien tiende trampas para los inocentes, es el primero en caer en ellas.

Autor del cuento: Esopo

62.50%

votos positivos

Comparte:
EL RATÓN CAMPESINO Y EL RATÓN CORTESANO

Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo invitó a que fuese a comer a la campiña. Mas como sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo:
- ¿Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición los tendrás.
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel. Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte. Dispuestos ya a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta.
Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona incursionó en el lugar, y al verla,
los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse. Entonces el ratón de los campos, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano:
- Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie.

Moraleja: Es tu decisión escoger el disponer de ciertos lujos y ventajas que siempre van unidos a congojas y zozobras, o vivir un poco más austeramente pero con más serenidad.

Autor del cuento: Esopo

62.50%

votos positivos

Desde el 1 hasta el 20 de un total de 32 Cuentos de animales

Añade tus comentarios