21 Cuentos para dormir 

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EL PERRO QUE PERSEGUÍA AL LEÓN

Un perro de caza se encontró con un león y partió en su persecución. Pero el león se volvió rugiendo, y el perro, todo atemorizado, retrocedió rápidamente por el mismo camino. Le vio una zorra y le dijo:
- ¡ Perro infeliz! ¡Primero perseguías al león y ya ni siquiera soportas sus rugidos!

Moraleja: Cuando abordes un desafío, mantente siempre listo para afrontar imprevistos que no te imaginabas.

Autor del cuento: Esopo

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ZEUS, PROMETEO, ATENEA Y MOMO

Zeus hizo un toro, Prometeo un hombre, Atenea una casa, y llamaron a Momo como juez.
Momo, celoso de sus obras, empezó a decir que Zeus había cometido un error al no colocar los ojos del toro en los cuernos, a fin de que pudiera ver dónde hería, y Prometeo otro al no suspender el corazón del hombre fuera de su pecho para que la maldad no estuviera escondida y todos pudieran ver lo que hay en el espíritu. En cuanto a Atenea, que debía haber colocado su casa sobre ruedas, con objeto de que si un malvado se instalaba en la vecindad, sus moradores pudieran trasladarse fácilmente.
Zeus, enojado por su envidia, arrojó a Momo del Olimpo.

Moraleja: Cualquier obra que se haga, por más perfecta que parezca, siempre alguien encontrará alguna razón para criticarla. Así que nunca nos desanimemos por lo que juzguen de nuestras obras; nunca faltará quien le encuentre defectos.

Autor del cuento: Esopo

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PELOS

-¡Oh, madre! ¡Me ha salido un pelo! -dijo el pequeño surubí.
En efecto, una mañana de junio de mil novecientos y pico, un jovencísimo surubí que nadaba como todos los días en el Río de la Plata se descubrió un pelo en la cabeza.
La madre se sorprendió bastante porque -ya se sabe- los peces no tienen pelos. Pero como hacen todas las madres, enseguida lo mandó a peinarse y listo.
Así empezó la mayor rareza de la historia peluda y acuática.
Porque ese pelo era apenas el principio de muchos otros pelos que vendrían. Y no sólo para el surubí, sino para todos los demás peces del río.
La causa era bien simple:
El marinero de un remolcador había volcado en el agua, por accidente, un frasco de tónico capilar.
El pobre ni se imaginó las novedades que eso iba a producir en el fondo del río.
A los sábalos les salió una melena enrulada. A los dorados, una cabellera larga y lacia.
Los patíes y los pejerreyes empezaron a peinarse con flequillo. Al principio se sentían raros con la nueva facha, pero después todo el mundo estaba encantado con sus pelos.
Las hijas más chicas de una familia de dientudos salían de paseo con trenzas.
Las palometas y las viejas se hicieron la permanente.
Nadie hablaba de otra cosa.
-¡Qué bien te queda el brushing, Ernestina! -le decía una boga a su amiga-. Yo hoy tengo el pelo horrible con tanta humedad.
Y también:
-¡Papá, quedé ciego!
-No, nene. Es el pelo que no te deja ver -protestaba el pacú-Ñata-, ¿a este chico lo dejan entrar así a la escuela?
En cada esquina había una peluquería. Y en cada peluquería los peces se ondulaban, se alisaban, se cortaban, se estiraban, se teñían, se afeitaban, todo mientras leían revistas.
Entre los juncos crecieron grandes fábricas de peines, peinetas y gorras de baño; de champúes y fijadores; de vinchas, hebillas y secadores de pelo.
Pero nada dura en esta vida…
Y un día todo terminó como había empezado.
Una señora que volvía del Delta en una lancha colectivo dejó caer en el agua un frasco de crema para depilarse. Destapado, el frasco. Y así fue como los hermosos pelos empezaron a desprenderse de las cabezas.
Primero vinieron las calvicies y, poco a poco, avanzó la peladez.
El disgusto de los peces fue enorme. Era lógico: habituados ya a sus melenas, se veían feos sin ellas.
Y no había peluca que parara semejante desastre.
Muchos, para disimular, se raparon la cabeza y se hicieron punkies o cantantes de rock pesado.
El único que conservó restos de la era pelosa fue el bagre, que aún hoy tiene bigotes.
Así, los peces volvieron a ser como han sido siempre: calvos como huevos.
Pero todavía hoy siguen sin entender qué les pasó y por qué los pelos son cosas que aparecen y desaparecen tan locamente.

Por eso, para evitarles problemas, es mejor no tirar cosas raras al río.

Autor del cuento: Ema Wolf

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ARRULLO

Duerme, duerme, vida mía;
No más juego y parlería.
Cierra, cierra los ojitos,
Que los ángeles benditos
Mientras haya quien los vea
No te vienen a arrullar.

Duerme pronto, dulce dueño,
Que yo misma tengo empeño
De quedarme dormidita
Y gozar de la visita
De esos ángeles que vienen
A mecerte y a cantar.

Duerme, duerme vida mía,
No se vayan a enfadar.
Duerme, duerme, que ya vienen
Y dormido los verás.
Que te mecen y remecen
Y te besan a compás.

Autor del cuento: Rafael Pombo

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EL LEÓN Y EL RATÓN

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reír y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír
los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.
- Días atrás - le dijo -, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños
ratones somos agradecidos y cumplidos.

Moraleja: Todo el mundo es valioso en algún aspecto de la vida.

Autor del cuento: Esopo

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EL LOBO Y EL LABRADOR

Llevó un labrador su yunta de bueyes al abrevadero. Caminaba por ahí cerca un lobo hambriento en busca de comida.
Encontró el lobo el arado y empezó a lamer los bordes del yugo, y enseguida y sin darse cuenta terminó por meter su cabeza adentro. Agitándose como mejor podía para soltarse, arrastraba el arado a lo largo del surco. Al regresar el labrador, y viéndolo en esta actividad le dijo:
- ¡Ah, lobo ladrón, que felicidad si fuera cierto que renunciaste a tu oficio y te has unido a trabajar honradamente la tierra!

Moraleja: A veces, por casualidad o no, los malvados parecieran actuar bien, mas su naturaleza siempre los delata.

Autor del cuento: Esopo

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EL LOBO Y EL PERRO DORMIDO

Dormía plácidamente un perro en el portal de una casa. Un lobo se abalanzó sobre él, dispuesto a darse un banquete, cuando en eso el perro le rogó que no lo sacrificara todavía.
- Mírame, ahora estoy en los huesos - le dijo -; espera un poco de tiempo, ya que mis amos pronto van a celebrar sus bodas y como yo también me daré mis buenos atracones, me engordaré y de seguro seré un mucho mejor manjar para tu gusto.
Le creyó el lobo y se marchó. Al cabo de algún tiempo volvió. Pero esta vez encontró al perro durmiendo en una pieza elevada de la casa. Se detuvo al frente y le recordó al perro lo que habían convenido. Entonces el perro repuso:
- ¡Ah lobo, si otro día de nuevo me ves dormir en el portal de la casa, no te preocupes por esperar las bodas!

Moraleja: Evita cometer un mismo error dos veces.

Autor del cuento: Esopo

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EL LOBO FLAUTISTA Y EL CABRITO

Un cabrito se rezagó en el rebaño y fue alcanzado por un lobo que lo perseguía. Se volvió hacia éste y le dijo:
- Ya sé, señor lobo, que estoy condenado a ser tu almuerzo. Pero para no morir sin honor, toca la flauta y yo bailaré por última vez.
Y así lo hicieron, pero los perros, que no estaban lejos, oyeron el ruido y salieron a perseguir al lobo. Viendo la mala pasada, se dijo el lobo:
- Con sobrada razón me ha sucedido esto, porque siendo yo cazador, no debí meterme a flautista.

Moraleja: Cuando vayas a efectuar una nueva actividad, antes ten en cuenta tus capacidades y las circunstancias, para valorar si puedes salir adelante.

Autor del cuento: Esopo

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EL CAMELLO Y ZEUS

Sentía el camello envidia por los cuernos del toro, y quiso obtener los suyos propios. Para esto fue a ver a Zeus, pidiéndole le regalara a él unos semejantes.
Pero Zeus, indignado de que no se contentara de su gran tamaño y fuerza, no sólo le negó el darle los cuernos, sino que además le cortó una parte de las orejas.

Moraleja: La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga.

Autor del cuento: Esopo

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LAS CABRAS MONTESES Y EL CABRERO

Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que las acompañaban unas cabras monteses. Llegada la noche, llevó a todas a su gruta.
A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro.
Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más, con el propósito de quedarse con ellas. Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al campo, pero las
cabras monteses escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le respondieron:
- Mayor razón para desconfiar de ti, porque si a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y leales esclavas, significa esto que si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.

Moraleja: Nunca confíes en quien pretende tu nueva amistad a cambio de abandonar a las que ya tenía.

Autor del cuento: Esopo

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LA PALOMA Y LA HORMIGA

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial, y arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse. Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita y la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga salvándola.
Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Le vio la hormiga y le picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.

Moraleja: Siempre corresponde en la mejor forma a los favores que recibas. Debemos ser siempre agradecidos.

Autor del cuento: Esopo

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LOS DOS ESCARABAJOS

Pacía un toro en una pequeña isla, y dos escarabajos se alimentaban de su boñiga. Llegado el invierno, uno de ellos dijo al otro que iba a cruzar el mar a fin de que su compañero tuviera suficiente alimento, mientras él pasaría el invierno en tierra firme. Agregó que si encontraba comida en abundancia le traería a él también.
Cuando el escarabajo llegó al continente, encontró en él muchas y frescas boñigas, por lo que se estableció allí y se alimentó abundantemente. Pasó el invierno y volvió a la isla. Al verle su compañero gordo y saludable, le reprochó que no le hubiera llevado nada de lo prometido.
- No me culpes a mí - repuso -, sino a la naturaleza del lugar, porque se puede encontrar con qué vivir en él, pero es imposible alzar vuelo con tanta carga.

Moraleja: Siempre encontrarás supuestos amigos muy buenos para adular y prometer, pero no pasan de ahí, negándose a la hora real, de hacer un favor.

Autor del cuento: Esopo

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EL EMBUSTERO

Un hombre enfermo y de escasos recursos prometió a los dioses sacrificarles cien bueyes si le salvaban de la muerte.
Queriendo probar al enfermo, los dioses le ayudaron a recobrar rápidamente la salud, y el hombre se levantó del lecho. Mas como no poseía los cien bueyes comprometidos, los modeló con sebo y los llevó a sacrificar a un altar, diciendo:
- ¡Aquí tienen, oh dioses, mi ofrenda!
Los dioses decidieron también burlarse entonces a su vez del embustero, y le enviaron un sueño que le instaba a dirigirse a la orilla del mar, donde inmediatamente encontraría mil monedas de plata.
No pudiendo contener su alegría, el hombre corrió a la playa, pero allí cayó en manos de unos piratas que luego lo vendieron. Y fue así como encontró las mil monedas de plata.

Moraleja: Quien trata de engañar, al final termina engañado.

Autor del cuento: Esopo

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ZEUS Y LA MONA MADRE

Hizo Zeus una proclama a todos los animales prometiendo una recompensa a quien su hijo sea juzgado como el más guapo.
Vino entonces la señora mona junto con los demás animales y presentó, con toda la ternura de madre, un monito con nariz chata, sin pelo, y enfermizo, como su candidato para ganar el premio.
Una gran risa fue el saludo general en su presentación.
Y ella orgullosamente dijo:
- Yo no sé si Zeus pondrá su premio sobre mi hijo, pero sí sé muy bien, de que al menos en mis ojos, los de su madre, él es el más querido, el más guapo y bello de todos.

Moraleja: Debemos estar siempre orgullosos de lo que amamos, y no tener pena en publicarlo.

Autor del cuento: Esopo

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ANDROCLES Y EL LEÓN

Un esclavo llamado Androcles tuvo la oportunidad de escapar un día y corrió hacia la foresta.
Y mientras caminaba sin rumbo llegó a donde yacía un león, que gimiendo le suplicó:
- Por favor te ruego que me ayudes, pues tropecé con un espino y una púa se me enterró en la garra y me tiene sangrando y adolorido.
Androcles lo examinó y gentilmente extrajo la espina, lavó y curó la herida. El león lo invitó a su cueva donde compartía con él el alimento.
Pero días después, Androcles y el león fueron encontrados por sus buscadores. Llevado Androcles al emperador fue condenado al redondel a luchar contra los leones.
Una vez en la arena, fue suelto un león, y éste empezó a rugir y buscar el asalto a su víctima.
Pero a medida que se le acercó reconoció a su benefactor y se lanzó sobre él pero para lamerlo cariñosamente y posarse en su regazo como una fiel mascota. Sorprendido el emperador por lo sucedido, supo al final la historia y perdonó al esclavo y liberó en la foresta al león.

Moraleja: Los buenos actos siempre son recompensados.

Autor del cuento: Esopo

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EL VIEJO PERRO CAZADOR

Un viejo perro cazador, que en sus días de juventud y fortaleza jamás se rindió ante ninguna bestia de la foresta, encontró en sus ancianos días a un jabalí en una cacería. Y lo agarró por la oreja, pero no pudo retenerlo por la debilidad de sus dientes, de modo que el jabalí escapó.
Su amo, llegando rápidamente, se mostró muy disgustado, y groseramente reprendió al perro.
El perro lo miró lastimosamente y le dijo:
- Mi amo, mi espíritu está tan bueno como siempre, pero no puedo sobreponerme a mis flaquezas del cuerpo. Yo prefiero que me alabes por lo que he sido, y no que me maltrates por lo que ahora soy.

Moraleja: Respeta siempre a tus ancianos, que aunque ya no puedan hacer de todo, dieron lo mejor de su vida para tu beneficio.

Autor del cuento: Esopo

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LA ZORRA A LA QUE SE LE LLENÓ SU VIENTRE

Una zorra hambrienta encontró en el tronco de una encina unos pedazos de carne y de pan que unos pastores habían dejado escondidos en una cavidad. Y entrando en dicha cavidad, se los comió todos.
Pero tanto comió y se le agrandó tanto el vientre que no pudo salir.
Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que había caído.

Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus quejidos se le acercó y le preguntó que le ocurría. Cuando se enteró de lo acaecido, le dijo:
-¡ Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas a tener la forma en que estabas, entonces de seguro podrás salir fácilmente sin problema!

Moraleja: Con paciencia se resuelven muchas dificultades.

Autor del cuento: Esopo

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EL MURCIÉLAGO Y LAS COMADREJAS

Cayó un murciélago a tierra y fue apresado por una comadreja. Viéndose próximo a morir, imploró el murciélago por su vida. Le dijo la comadreja que no podía soltarle porque de nacimiento era enemiga de los pájaros. El murciélago replicó que no era un pájaro sino un ratón, librándose con esta astucia.
Algún tiempo después volvió a caer de nuevo en las garras de otra comadreja, y le suplicó que no lo devorara. Contesto esta comadreja que odiaba a todos los ratones. El murciélago le afirmó que no era ratón sino pájaro. Y se libró así por segunda vez.

Moraleja: Sepamos siempre adaptarnos a las circunstancias del momento si deseamos sobrevivir, en cualquier rama de la vida que actuemos.

Autor del cuento: Esopo

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EL CASTOR

El castor es un animal que vive en los pantanos. Ciertas de sus partes sirven, según dicen, para curar algunas enfermedades.
Por eso cuando se ve descubierto y perseguido para cortarle las partes, sabiendo por qué le persiguen, huye hasta alguna
distancia, sirviéndose de la rapidez de sus pies para conservarse intacto; pero cuando se ve perdido, él mismo corta sus partes, las arroja y salva de este modo su vida.

Moraleja: A veces deshacerse de algunas fortunas puede significar evitarse una tragedia.

Autor del cuento: Esopo

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LA NENA QUE ILUMINÓ LA NOCHE

Había una vez un nene que no le gustaba la noche. Le gustaban los faroles, las lámparas y los farolitos, las velas y los velones, los fuegos artificiales, los fuegos de leña y su las linterna. Pero no le gustaba la noche. No le gustaba el interruptor de la luz porque apagaban las lámparas amarillas, las lámparas verdes, las lámparas blancas, las luces de la entrada, las luces de las habitaciones. Y el nene prefería dejar todas las luces encendidas.
No le gustaba salir a jugar cuando ya estaba oscuro y se sentía triste de no poder jugar con los otros chicos que corrían por el campo en las noches de verano. Por la noche se escondía en su habitación con sus lámparas, velas, faroles y con su linterna. Como estaba solo, no le gustaba la oscuridad de la noche.
Cuando a la noche su papá y su mamá recorrían la casa apagando todas las luces una a una…, la de la entrada, la de la escalera, la del pasillo, la de las habitaciones, la de la cocina, la del baño; el nene se escondía en su cama y dejaba la luz de su velador prendida.
Una noche en que su padre estaba de viaje y su madre dormía, el nene recorrió la casa y prendió una a una todas las lámparas. La lámpara de la entrada. La de la escalera. La del los pasillo. La de las habitaciones. La de la cocina. La del baño. ¡Parecía que la casa se quemaba de tanta luz!… Pero el nene todavía se sentía solo.
Y allá lejos, en el campo otros chicos corrían, jugaban y reían en el pasto en la noche de verano. ¡De pronto, oyó golpear en la ventana! Había una sombra detrás. Oyó llamar a la puerta. Había una sombra detrás.
-Buen día…-oyó que una nena le decía en medio de las luces brillantes, de las luces rojas, de las luces rosadas, de las luces multicolores.- Me llamo Oscura –dijo la nena toda vestida de negro pero con la cara muy blanca- ¿Por qué estás tan solo?
Me gustaría ir a correr afuera con los otros chicos –dijo el nene – pero no me gusta la noche.

- Yo te presentaré a la noche para que sea tu amiga –dijo la nena y apagó la luz agregando.- Ves, cuando apago la luz, se enciende la noche.
- Nunca lo había pensado –dijo el nene.- Y cuando uno enciende la noche, nazco yo, Oscura y yo alumbro a las chicharras, a los grillos, a las estrellas, a las ranas. El cielo es como una casa con sus luces blancas, con sus luces rojas, amarillas, verdes, azules y fuegos artificiales .Y con la luz apagada y la noche encendida podemos oír los grillos, las chicharras y las ranas.

Y entre los dos fueron apagando una a una todas las luces para darle vida a la noche dentro de la casa. Llenarla de los sonidos de las ranas, las chicharras, los grillos. Dejar que titilen dentro la luz de las estrellas y la luna.
¡Cómo me gusta esto! –dijo el nene- sintiéndose muy feliz.
Y desde ese día no le tuvo más miedo a la penumbra de la noche.
Pudo disfrutar de la luna, las estrellas, las ranas, los grillos. Pudo abrir la puerta y salir corriendo por el campo a buscar a los chicos que cantaban y jugaban iluminados suavemente por la luz de la luna y las estrellas.

Autor del cuento: Ray Bradbury

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