Vuestros cuentos 

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Los tres hermanos.

Enviado por andres33  

18 Agosto 2017, 03:05

Había una vez tres hermanos que viajaban al atardecer por un camino solitario y sinuoso.
Con el tiempo, los hermanos alcanzaron un río demasiado profundo para vadearlo y demasiado peligroso para cruzarlo a nado. Sin embargo, estos hermanos habían aprendidos las artes mágicas, y con el sencillo ondear de sus varitas hicieron aparecer un puente sobre el agua traicionera. Iban ya por la mitad del puente cuando encontraron el paso bloqueado por una figura encapuchada. Y la muerte les habló. Estaba enojada porque le hubieran sido escatimadas tres nuevas víctimas, ya que los viajeros normalmente se ahogaban en el río. Pero la Muerte era astuta. Fingio felicitar a los tres hermanos por su magia, y dijo que cada uno de ellos había ganado un premio por haber sido lo suficientemente listos como para engañarla.
Así el hermano mayor, que era un hombre combativo, pidio la varita más poderosa que existiera, una varita que ganara siempre en los duelos para su dueño, ¡una varita digna de un mago que había vencido a la Muerte!.
Así la Muerte cruzó hasta un viejo árbol de Sauco en la ribera del río, dando forma a una varita de una rama que colgaba, y se la entregó al hermano mayor.
Entonces el segundo hermano, que era un hombre arrogante, decidio que quería humillar a la Muerte todavía más, y pidio el poder de resucitar a los muertos. Así la muerte recogio una piedra de la orilla del río y se la dio al segundo hermano, y le dijo que la piedra tenía el poder de traer de vuelta a los muertos.
Entonces la Muerte preguntó al tercer y más joven de los hermanos lo que quería. El hermano más joven era el más humilde y también el más sabio de los hermanos, y no confiaba en la Muerte. Así que pidio algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que la muerte pudiera seguirle. Y la Muerte, de mala gana, le entrego su propia Capa de Invisibilidad.
La Muerte se apartó y permitio a los tres hermanos continuar su camino, y así lo hicieron, charlando asombrados sobre la aventura que habían vivido, y admirando los regalos de la Muerte.
En su debido momento los hermanos se separaron, cada uno hacía su propio destino.
El primer hermano viajó durante una semana más, y alcanzó un pueblo lejano, acompañando a un camarada mago con el que tuvo una riña. Naturalmente con la Varita del Sauco como arma, no podía perder en el duelo que seguiría. Dejando al enemigo en el suelo el hermano mayor avanzó hacia la posada, donde alardeó en vos alta de la poderosa varita que le había arrebatado a la Muerte, y de cómo ésta lo hacia invencible.
Esa misma noche, otro mago se acercó sigilosamente al hermano mayor que yacía, empapado en vino, sobre la cama. El ladrón tomó la varita y para más seguridad, le cortó la garganta al hermano mayor.
Y así la Muerte tomó al primer hermano para si.
Entretanto, el segundo hermano viajaba hacia su casa, donde vivía solo. Allí sacó la piedra que tenia el poder de resucitar a los muertos, y la volteó tres veces en su mano. Para su asombro y su deleite, la figura de la chica con la que una vez había esperado casarse, antes de su muerte prematura, aparecio ante el.
Pero ella estaba triste y fría, separada de él por un velo. Sin embargo había vuelto al mundo, pero ese no era su sitio y sufría. Finalmente el segundo hermano, impulsado por un loco anhelo desesperado, se mató para reunirse finalmente con ella.
Así fue como la Muerte tomó al segundo hermano para si.
Sin embargo la Muerte buscó al tercer hermano durante muchos años, y nunca pudo encontrarlo. Fue solo cuando tenía ya una edad avanzada que el hermano más joven se quitó la capa de invisibilidad y se la dio a su hijo. Y entonces saludó a la Muerte como a una vieja amiga y fue con ella gustosamente, e igualmente, pasó a mejor vida. -Harry Potter y las reliquias de la muerte.

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Pies descalzos-El Caminante

Enviado por gabl  

16 Agosto 2017, 01:23

Continuación...

-Su estado emocional se estabiliza, comienza el descenso hacia lo desconocido no reconoce el lugar. Pero la seguridad de salir a la civilización le aviva el ánimo y olvida sus dolencias, su necesidad de alimentarse, de sus necesidades físicas.
- Se desprende la camisa y se la coloca en la cabeza a modo de turbante para protegerse de los rayos solares.
-Cae lentamente la tarde. Le preocupa donde guarecerse. Apresura la marcha. De pronto se detiene en medio de un camino rural, más amplio y que él no lo nota, calcula haber caminado más de 10 kilómetros. Según su conteo mental, 500 pasos son iguales a 400 metros y 1250 pasos equivalen a un kilómetro.

Página 5

-A lo lejos se dibuja en el horizonte una vieja y pequeña casa. Casi corre a su encuentro y ve como si ella viniese hacia él, cada vez está más cerca. Hasta que finalmente detiene su trote y, jadeante se planta ante ella.
Me acerco lentamente, llamando, haciendo ruido con mi cayado. No obtengo respuesta, rodeo la pequeña casa, sólo hay hojas y mangos que alfombran el piso y semejan un tapiz por el colorido que va del rojizo amarillento al ennegrecido que indica su exceso de madurez.
Regreso al frente de la vivienda, vuelvo a gritar. Sin resultados, perdí la esperanza de encontrar a alguien. Sigilosamente me acerco a la puerta, la abro lentamente hasta dejar al descubierto su interior.

Me asomo cautelosamente colocándome a distancia prudencial de la entrada. A la vez que recorro visualmente toda la estancia.
Doy unos pasos y me cuelo dentro del espacio, huele a humedad, a humo de leña, la pared del fogón salpicada de rastros de grasa deja entrever que la casa es asidua de personas.

Al centro de la sala hay una pequeña mesa con dos sillas y no muy lejos un fogón construido con cemento y bloques que semejan una mesa, incluida una parrilla. Una olla, una pimpina con agua destacan sobre el fogón. Revisando varias vasijas de cocina encuentro arroz, café, caraotas, sal, un poco de azúcar, tres latas de sardinas y una lámpara a querosén que pende del lateral de la cocina.
En un rincón me topé con un viejo y oxidado machete que no dudé en ceñirlo a la cintura.
La luz de la lámpara iluminó el ambiente, me dispuse a asear un poco el lugar.
Dispuesto a saciar el hambre cocino un poco de arroz y hiervo café que en pocos minutos el agradable aroma de la infusión recién colada inunda el salón. Ceno un exquisito risotto con sardinas acompañado por dos tazas de café. Me pareció la mejor cena en mucho tiempo.
Esa noche dormí sobre la mesa con la cual aseguré la puerta como precaución. Varias horas después, un leve rayo de luz, se cuela por un orificio del techo de asbesto, perturba mi visión. Obligándome lentamente a abrir los ojos, incorporándome, alejo la improvisada cama de la puerta y al ver el exterior comprendo que dormí largamente.
Página 6


El sol calentaba, calculo que podían ser la nueve o diez de la mañana. Y la temperatura estaría a 25° C. Improviso unas sandalias con cartones y plástico de las bolsas que corto a manera de trenzado para fijarlas a mis pies. Flexionando las extremidades inferiores y moviendo los brazos en forma de abrazo imaginario, queriendo mitigar las dolencias emprendo la marcha…
3
El Presente.-
Hoy me encuentro en medio del riachuelo. Bañándome, lavando mis pies descalzos.
Emprendo la búsqueda hacia la imperiosa necesidad de encontrar a alguien que me socorra y me aclare muchas dudas, esta vez, inicio la caminata apoyado en el cayado. Después de dejar el riachuelo el camino se hace accesible, la suave arena sirve de calmante a las heridas.
Cayendo la tarde me sorprende un camino amarillento como a medio kilómetro, apresuro mis pasos y finalmente estoy en la orilla de la carretera sin pavimentar, me acerco a un árbol y descanso, muevo mi cabeza a la izquierda y derecha de la carretera esperanzado que alguien aparezca en el horizonte.
Diez minutos más tarde, a mi izquierda, en la lejanía se levanta una columna de polvo y a medida que se acerca toma forma de un vehículo. Me coloco a orilla de la carretera, mi corazón late aceleradamente, hasta que se detiene ante mí una vieja Ford pick up.
El conductor me saluda, mis palabras se ahogan en la garganta, apenas balbuceo. La alegría, se expresaba en mi rostro, pensé; “me salvé”.
A mi mente viene una frase del escritor venezolano Rómulo Gallegos; “La llanura es bella y terrible, a la vez; en ella caben holgadamente, hermosa vida y muerte atroz” .
Con dificultad logro subir a la camioneta.
El conductor pregunta;
-¿Hacia dónde se dirige amigo?
¡no sé!
¿A dónde va usted?
Página 7
El joven conductor escudriña mi vestimenta, mi rostro, en fin, repasa mi cuerpo como un scanner. Le pregunto;
¿Dónde estamos?
-Amigo, ésta es la vía hacia Valle de La Pascua viniendo de Zaraza, son como 76,5 kilómetros”. Y desde aquí más o menos faltan como 26 kilómetros para llegar.
-Pero yo tengo una finquita a 10 minutos de aquí.
Quedo mudo, ahora sí es verdad que estoy más enredado.
¿Qué pasó con mis compañeros?
Por qué anduve solo?
Rompo el silencio y pregunto;
¿Qué día es hoy?
-“Hoy es jueves amigo”
¡Carajo caminé casi una semana!
-“¿De dónde viene usted”?
Brevemente le narro lo que recuerdo, mi transitar por la selva…
Antonio, que así se llama el joven, se da cuenta que no quiero hablar. En el horizonte aprecio que el camino se torna cambiante, se observan varias casas separada...Continuará

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Abismos

Enviado por andres33  

11 Agosto 2017, 15:17



Hacía semanas que no los oía. A Raúl le resultaba extraño que ya no estuvieran deambulando por el jardín los ratoncitos que durante todo el verano lo habían acunado con sus mínimos pasitos en la pared contra la que estaba acomodada su cama.

Se levantó de prisa asustado y descubrió que ya no quedaba ninguno; se habían marchado sin despedirse. Los días siguientes fueron tristes y solitarios para el niño y dejó de reír y de sonreír como solía hacerlo.

Cuando su madre le preguntó qué le ocurría, él le manifestó su tristeza por la ausencia de los ratoncitos. ‘Ni siquiera les había dicho lo especiales e importantes que eran para mí’, sollozaba convulsionado por la pena. ‘No te preocupes, ya volverán’, fue la tranquilizadora respuesta de su madre.

Efectivamente, los ratoncitos regresaron. Pero cuando lo hicieron, había pasado demasiado tiempo y Raúl no los recordaba: se había convertido en un joven apuesto al que ya no le interesaban los asuntos de la infancia, preocupado en volverse mayor.

Por mucho que los visitantes rascaron las paredes, Raúl no les prestó atención. Y continuó con su vida adolescente como si nada. En el fondo de su alma el hueco del abandonado sufrido en la infancia continuó horadando silenciosamente y todos sabemos que, tarde o temprano, volvería a cobrar protagonismo en su vida; porque el tiempo no cura las heridas. de:Tes Nuhel

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CUANDO SE HUBO IDO EL ÚLTIMO...

Enviado por andres33  

11 Agosto 2017, 15:15

Cuando se hubo ido el último invitado, Flora miró hacia el techo y se dijo ‘un día más que he sobrevivido’. Era su decimotercer cumpleaños. Detestaba estas fiestas pero no podía negarse a realizarlas; su madre le había explicado que no festejar era asegurarse un año de mala suerte.

Pasaron los años con sus respectivos festejos de aniversario; como es evidente, Flora seguía detestando esas reuniones, pero cuanto más crecía más dedicación y empeño ponía en que cada una fuera la mejor.

A la mañana siguiente de su vigésimo cuarto cumpleaños -después de la respectiva fiesta- estaba en su trabajo, tranquila tranquilísima. Era una mujer que se tomaba su tiempo para todo menos para las cosas importantes. Jeremías, un compañero de oficina por el que Flora suspiraba desde hacía tiempo, estaba de pie junto a ella, pidiéndole una cita. No, no podía ser cierto. Siempre había soñado con que eso sucedería; él, el más lindo de todo el lugar la había mirado. Aceptó sin pensarlo, más deprisa que rápido.

Mientras estaban cenando, entre risas él le dijo que le parecía patético que una persona festejara su cumpleaños si no deseaba hacerlo y que cuando ella habló en tercera persona de una amiga que lo hacía para no atraer a la mala suerte, sus risas fueron en aumento.

Cuando al año siguiente decidió no festejarlo, después de un año de noviazgo con Jeremías, comprendió que no pasaba nada. No se había caído el cielo y su casa y su trabajo seguían inmutables al igual que su amor por el más lindo de la oficina.

Al mes Jeremías y ella rompieron después de una durísima disputa y su vida se desplomó. Esa ruptura le hizo tanto daño que incluso tuvo que cambiar de trabajo; por uno que le gustaba menos, donde ganaba mucho menos pero donde, por lo menos, no tenía que encontrarse con Jeremías. Cuando un año más tarde, después de haber repuntado y de acomodar su corazón nuevamente recordó esa ruptura una tremenda carcajada la sacudió: el día anterior a la ruptura, habían festejado el cumpleaños de Jeremías.

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Reflexiones

Enviado por gabl  

30 Julio 2017, 02:20

Reflexiones un 28 de Julio.

No hubo despedida, un adiós, un abrazo, un beso en la mejilla. Allí estaba yo, parado en la esquina. Vi el taxi pasar, lo seguí con la mirada hasta que se perdió en la avenida. Después vendrían la noches solitarias, las sábanas tendidas sin encontrar a quien brindar abrigo. Las horas frías del amanecer sumaban al caluroso día que obligaba a refrescarse con las primeras gotas del agua que brotaba a través de la ducha. Solo así el cuerpo se renovaba del tedio y el hastío de la mala noche, de la madrugada en vela cuando el sueño me jugaba una mala pasada y castigaba mi pobre humanidad. Luchaba por dormir y solo los fantasmas de mi mente querían enloquecer mis pensamientos. Y amanecía ojeroso, cansado, somnoliento. Partía hacia la nada, solo la calle en mi deambular empezó a conocer la historia que apenas comenzaba. Después vino el castigo. El poco descanso aunado a la soledad obligada, las pocas palabras que decirle a alguien que te esperara en casa, el compartir una taza de café mañanero recién colado, hicieron mella en la personalidad que en días anteriores era fuerte, dura de carácter. Con el transcurrir del tiempo los recuerdos se van opacando en la densa niebla de la mente. Y solo queda reconocer que; ¡soy débil, y estoy relleno de flaquezas!

gbl
27/7/2017
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EL HISTORIADOR

Enviado por alex99  

7 Julio 2017, 23:54

Al señor X le recorrió un escalofrío al darse cuenta de que su tren tenía un retraso de cinco minutos. No se hubiera apesadumbrado tanto de no ir sólo, puesto que las penas se llevan mejor si se comparten. Pero la realidad es que estaba sólo en todo el tren, y que sería la única persona en el mundo con un retraso de cinco minutos. Cuándo a él le hiciera gracia un chiste, los demás ya lo habrían reído. Cuándo el supiera el resultado de un partido, la fiesta ya habría empezado cinco minutos antes. ¿Cómo se puede sentir alguien que vive permanentemente con cinco minutos de retraso?, ¿Cómo sería ser el último siempre?

No obstante, se puso a pensar, y llegó a la conclusión de que, si él tenía un retraso de cinco minutos, también podría haber alguien con un adelanto de cinco minutos o más. Profundizando un poco más en sus pensamientos, se emocionó al pensar que bien podría ser él, el adelantado. Sólo tenía que dar media vuelta sobre sí mismo, y mirar hacia atrás en vez de hacia adelante. Así que, en vez de mirar hacia el futuro, miraría hacia el pasado. ¡Hete aquí la solución!

Si se concentrase en los detalles del pasado o de su presente, podría ganarse bien la vida porque ninguna otra persona sería capaz de dar tantos detalles usando la memoria mientras él, para explicar lo mismo, usaba la observación. Así que, con un retraso de cinco minutos, el señor X se hizo historiador.

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Visiones

Enviado por gabl  

7 Julio 2017, 23:34


Aquella tarde llovía, relámpagos y truenos retumbaban en los oídos estremeciendo
los muros del cuarto, agitando remolinos en mi mente angustiada y cuerpo tembloroso.
Rayos y centellas iluminaban en las afueras, figuras que semejaban fantasmas vagando
en la oscuridad de la prematura noche buscando refugio como mortal espantado.
El temporal inclemente azotaba con pasión desmesurada las almas que clamaban perdón
de pecados que la muerte dejó en agonía, como castigo a sus actos terrenales.
Mientras la lluvia amainaba regresaba la calma. Y las visiones espectrales se esfumaban
como la tenue luz del candil que iluminó el tiritar de mi cuerpo temeroso y frío.

gbl
19/12/2015
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Dos Almas

Enviado por gabl  

7 Julio 2017, 23:24

Dos almas.
Las aves en peregrinar vuelo presagiaban mal tiempo. Y tarde comprendí que la vida me jugaba una mala pasada al privarme de tu compañía, de tu presencia y de tu voz.
Y así pasaron los días, semanas y meses que la espera se hizo tan larga que mis ojos enrojecieron de tanto observar a lo lejos como el camino se unía al cielo.
Una mañana decidido a encontrarte ajusté mis botas, preparé mi estado anímico y emprendí la marcha con rumbo incierto siguiendo tus pasos que solo estaban reflejados en mi mente.
Caminé hasta agotar mi resistencia, perdí mis fuerzas a causa del cansancio. Me refugié bajo la sombra de un frondoso árbol que cobijó mi extenuado cuerpo.
No supe cuánto tiempo dormité recostado en el grueso tallo del árbol que me brindó su refugio protegiéndome del inclemente sol. Ingerí varios sorbos de agua buscando reanimar la pesadez que me azotaba.
Comprendí que la vida no te quita cosas o personas, tal vez te libere de ellas o las aleje para bien. Reanudé la caminata. Esta vez me sentí liviano, como si flotara en el aire.
A unos cuantos pasos de retornar al camino volví la vista atrás. Impresionado pude ver un cuerpo recostado al árbol.
¡Era yo!
Mi vida se había ido y dejó su cubierta donde moraba. Sentí compasión y dolor por mí mismo.
No podía comprender el por qué me dejó y menos aun cuando se escapó. Solo me quedé dormido, y no desperté, me convertí en un ente espiritual.
De la nada apareciste tú, envuelta en un halo luminoso, como suspendida en el aire. Sonriendo me tendiste las manos. Y juntos emprendimos el viaje final hacia la eternidad.
gbl
04/03/2017
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Un barrio de caracas

Enviado por gabl  

2 Julio 2017, 04:15

Desde el cerro donde convive el hambre y la escasez de alimentos, donde los estómagos rugen como leones enjaulados, y que cada noche se acuestan muchos niños sin comer. Desde allí una madre mira las luces de la ciudad que yacen a sus pies.
Escucha el ulular de las sirenas de patrullas o ambulancias. Los disparos en los callejones del barrio donde los malandros imponen la ley del mas sanguinario, rompen el silencio de la entrada de la madrugada y su pensamiento se desvía hacia el hijo que no ha llegado, al que espera con ansiedad.
Ese hijo que representa un pan, un jugo, o un paquete de harina. Es la esperanza de darle algo a sus tres hijos menores cuando levante el sol y caliente el techo y las paredes de zinc del humilde rancho.
Amaneció y el hijo no llegó. Sobresaltada despierta cuando escucha que alguien la llama con insistencia golpeando la lámina que sirve de puerta principal. !María! abre!, !María despierta!, que allá abajo en la tercera escalera está tu hijo que lo mató "el niño".
Es el día a día de la madres solteras en alguna de la barridas caraqueñas. Es la triste realidad del País, que pasó de ser rico a ser un país donde la mayoría de la población vive en extrema pobreza, donde sus habitantes mueren, baleados, de hambre o enfermos sin recibir asistencia médica.
gbl
02/07/2017
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Caminante

Enviado por gabl  

26 Junio 2017, 01:26

(Fragmento Capítulo 1)

1

Pies Descalzos.

Mis pies empiezan a entumecer sin encontrar tregua al sufrimiento y castigo por lo que han andado descalzos a lo largo de áridos senderos y caminos rocosos. Espinados, sangrantes, hinchados por la falta de calzado. Cada paso me transmite una descarga eléctrica que recorre mi cuerpo e invade órganos, músculos y huesos.
Ando vagando sin saber dónde voy, errante, sin rumbo fijo semejando a Don Quijote de La Mancha. Descubro a lo lejos una veintena, o más, de morichales que creí eran gigantes agitando sus brazos al aire. Perdida la cordura momentáneamente quise emprender camino a su encuentro para librar batalla.
Retorno a la lucidez, recordando a Sancho, al responderle a su amo que no eran tales gigantes sino molinos de viento… y hacerlo volver a la realidad.
Cae la tarde y el sol ha hecho estragos en mí. Tengo sed, los labios resecos y las comisuras rotas. La falta de líquido es notoria. Busco refugio para pasar la noche, cubro el suelo con ramas, hojas secas, improvisando un lecho y como techo me protegerán las ramas bajas de un pequeño árbol a las cuales les entrecruzo otras para hacerlas más tupidas.
Con inexperiencia manifiesta enciendo una pequeña hoguera para mitigar el frío que comienza a castigarme y los insectos nocturnos que como nubes atacan mi rostro, brazos, manos, y toda la piel expuesta a la intemperie. Recostado observo como la oscuridad se va adueñando de la noche y en el cielo las estrellas fulguran.
Fijo la vista en el firmamento marcado por puntos brillantes grandes y pequeños. La recorro oteando hasta donde mis ojos me lo permiten y trato de adivinar; ¿la Osa mayor, la Osa menor o la Constelación de Orión?

Busco en mi mochila la botija notando que queda poca agua, hurgando un poco más un mendrugo de pan sorprende mis dedos. No recuerdo si es el sobrante de un trozo mayor o la dádiva recibida al confundirme con algún mendigo en alguna población o ranchería por las que sin dudas transité.
Digo esto por mis vestimentas, sucias rasgadas, sin calzado, con una barba de días, y por el olor que despide mi cuerpo por la falta de aseo. Mastico el pan con voracidad y libo el vital líquido que queda en el recipiente.

Me despierta el alba.
Aún desconcertado, examino mis heridas, en algunas partes poco profundas, algunas tienen costras.

Rasgo mis pantalones y cubro los pies a manera de venda. Mientras el sol se va asomando por el este, me apresuro a iniciar la caminata, antes de que alcance el cenit, y haga que la marcha hacia un sitio poblado sea pesada.
Apenas he caminado casi una hora. El calor hace estragos en mi débil humanidad, sudo copiosamente, la camisa empapada se pega a mi espalda.
Vislumbro un riachuelo. No puedo mitigar el dolor en mis pies, nuevamente sangran. Entro al agua tibia, me siento sobre una piedra que emerge de las aguas, lavo mi cara, mis brazos y termino sumergido, rotando en el lecho del riachuelo hasta que la fatiga y el maltrato con las piedras de varios tamaños que cubren como alfombra el fondo de las aguas me obliga a abandonar el oportuno y necesario baño.
Ya refrescado, mitigado la sed, reacciono ante el panorama. Un nombre viene a mi mente, Eduardo Sánchez.
¿Seré yo?
¿Qué carajo hago aquí?
¿Cómo llegué a este lugar?
Los recuerdos fluyen y la conciencia se apresura a traerme imágenes confusas que poco a poco o, en días se aclaren y revelen total o a parcialmente las incidencias y desventuras vividas guardadas en el laberinto de mi atormentado cerebro. Relaciono vías férreas, caminos de tierra amarillenta.
Transcurren las horas. Se aclara mi conciencia y se aviva en mí el recuerdo de la travesía o vagar entre el monte, caminos estrechos y pérdidas momentáneas del espacio tiempo. No sé qué día es, no sé cuánto he caminado. Empiezo a armar el rompe cabezas de la aventura que estoy viviendo.
La claridad de los recuerdos me ilumina. Soy Ingeniero de materiales, trabajo en Zaraza en una empresa metalúrgica y resido en la calle El Roble. Cierro los ojos trayendo a mi mente imágenes y episodios pasados.
Página 2

2
Evocación.-

Era viernes, en la tarde cuando cesaron las labores cotidianas. Acepto la invitación de tres compañeros de trabajo y decidimos tomar unas cervezas. Iniciamos la travesía hacia el sector La Florida, donde están las compuertas del Río Unare, que en esta época del año sirve como balneario.
Allí disfrutamos de las bondades de las aguas cristalinas y templadas. Agrupados en círculo, conversamos de diversos tópicos. Conocimos a varias personas con las cuales intercambiamos saludos y algún trago. Llegada la hora del regreso, me apresuro en vestirme. Pero el repentino mareo hace que mis acciones se tornen lentas y vocifero incoherencias, palabras entrecortadas e incomprensibles.
Mis compañeros me obligan a entrar en la camioneta de doble cabina. Me recuesto apoyándome al panel de la puerta, cierro los ojos, y siento que mi cabeza gira sin control. La brisa del camino me calma y quedo a merced del vaivén que produce el andar del vehículo sobre terreno irregular.
Despierto sediento, la boca seca, y el sol quemando la piel expuesta. Estoy tirado a orillas de un estrecho sendero rodeado de baja vegetación. Me incorporo con dificultad, sacudiendo de mi ropa la gran cantidad de hormigas que devoran la carne, en pequeñas porciones, como invitadas a un día de camping.
Doy unos pasos y me lastimo los pies con espinas y pequeñas piedras, escucho ruidos confusos en las copas de los árboles, son pájaros que revolotean buscando donde dormir.
Me alerto ante el atardecer. Ligeramente examino mi pantalón, mi camisa, no tengo cartera, nada que me identifique. Corro desesperado hacia la nada. No sé dónde ir, no sé dónde estoy, ¿qué pasó?
¿Por qué me abandonaron en el monte?
Busco respuestas, que nadie me dará.
En medio del pánico que se apoderó de mí, freno la alocada carrera.
¡Reflexiono ante la situación!
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Observo la vegetación, está compuesta por gramíneas, combinada con arbustos y árboles que cubren la mayor parte de la zona. Por la conformación, me encuentro en una selva de galería, abundan las caobas, algunos moriches, cují negro y chaparro. Fijo la mirada en una caoba joven de unos tres metros de alto.
Ayudándome con un palo a manera de cayado logro tumbar algunas ramas, y con una afilada piedra abro pequeños surcos en el tronco del árbol a manera de tramos que me ayuden a subir hacia la rama más cercana, a menos de un metro ochenta de altura.
Mis manos se apresuran a trabajar afanosamente. Adapto a la punta del cayado un garabato que hice con madera dura asegurándolo con bejucos flexibles para engancharlo y halar la rama más cercana, coloco el gancho en la rama y logro hacer torsión trayéndola hacia mí.
Temerosamente logro trepar y el reclamo de la rama no se hizo esperar. El crujir hace que me aferre con fuerza y tome impulso para sentarme balanceándome hasta equilibrar mi posición.
Dormitaba por minutos, el miedo a caerme no me deja conciliar el sueño. Los ojos se cierran involuntariamente y lucho por mantenerlos abiertos. Intento enganchar el cayado en la rama superior, la idea es amarrarme con la correa y ganar un poco de estabilidad. Fallo. Queda corta. Me deslizo hacia atrás lo que me produce rasguños en mis muslos, nalgas y manos. Logro adosar mi espalda al tallo del árbol.
Esta acción me da confianza, ya que giro y quedo frente al tronco del árbol y con ambas manos logro pasar de un extremo a otro la correa amarrada a la camisa y así atarme a las presillas delanteras de los pantalones. Pude dormir no sé cuánto tiempo, el dolor en mis nalgas y caderas cada vez se intensifica.
Me desperté asustado. El ruido provenía del follaje de árboles cercanos que causaron en mi un ligero temblor al tiempo que el corazón acelerado exigía más espacio en su cavidad torácica.
Apenas la luz de la mañana empieza a filtrarse entre el follaje, estiro mis dedos, suelto mi amarre, flexiono las piernas, lo que ocasiona que el movimiento casi me lanzara al vacío. Engancho el cayado, lo utilizo para deslizarme a tierra, salté a 60
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centímetros del suelo lo que me produce una leve torcedura en el pie derecho.
-Eduardo permanece acurrucado, en forma fetal, sobre la tierra por más de una hora, tiempo que pasa lento en su entorno y que no aprecia. Está desorientado y la mente jugándole una mala pasada ya que los recuerdos son vagos e incomprensibles.
-Aliviados sus pies, decide incorporarse, da unos pasos con dificultad, y se sitúa dando la cara al sol, extiende los brazos e imaginariamente traza los puntos cardinales, se abre paso a través de la baja espesura del monte en busca del norte. Ya ha caminado más de cinco horas cuando la vegetación se torna escasa y más baja.
-A ciencia cierta él no sabe que le queda al norte, al sur o en el punto cardinal que escoja ya que desconoce en qué lugar se encuentra, en qué población, estado o municipio.
-De pronto ante él se cruza transversalmente un camino de tierra, se detiene en búsqueda de algún indicio o pista, camina con la vista fija en el suelo amarillento buscando algo que lo guíe, al salir de una curva queda pasmado. Aparece en el horizonte un valle y puede apreciar un lejano camino.
-Calcula que está como a dos días de camino en línea recta abriéndose paso entre la poca espesura y lo escarpado del terreno.
-Le preocupa la gran pendiente intransitable, áspera y peligrosa.
-Su estado emocional se estabiliza, comienza el descenso hacia lo desconocido...
Continúará

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De la Vida Real

Enviado por gabl  

13 Junio 2017, 04:12

!Tal vez él pensaba como yo!.
Era mucho pesar que agobiaba los corazones y almas de todas esas personas que la vida y las circunstancias les arrebató un ser querido. Jóvenes en su mayoría, estudiantes, profesionales recién graduados y varias féminas que dejaron su vida en el pavimento cuando se atravesaron en la trayectoria de la bala disparada al grupo desde el punto de concentración de los soldados y policías que cumplían órdenes del superior al mando del pelotón de uniformados, cuando disparaban sin esperar orden. Lo hacían a los que creían su enemigo con el propósito de disuadirlos con el fin de que se detengan, que la marcha se disperse. Pero la realidad es otra, se dispara en línea recta, perdigones, bombas lacrimógenas y balas. Lo hacen con saña, con ira, con el odio que nos sembraron en contra de los que no estaban a favor del régimen de facto, previa elección del blanco.
Cayeron muchos, era una emboscada. Me remordía la conciencia, hasta que grité a los uniformados: ¡alto el fuego!
Acto seguido ordené replegarse.
En pocos minutos, mi superior me ordenó entregar el mando a un Sargento segundo y fui conminado a dirigirme al comando. Fui arrestado con el cargo de conspiración y traición a la patria.
Pasaron casi siete horas cuando me sacaron de la celda y escoltado por dos civiles de la policía política fui llevado ante el Coronel Macías Camargo, un tachirense que apenas había llegado a la capital 15 días antes que las marchas opositoras se recrudecieran y tomaran otro cariz. Allí estaba mi Comandante, cómodamente sentado en un sofá libando una bebida con hielo y abundante licor.
Ambos oficiales cruzaron sus miradas y fue el Coronel quien me increpó, ¿usted sabe en el peo en que está metido?
Demostró ser una mamita, ser un cobarde. ¿O es un escuálido infiltrado en esta vaina?
¿O su familia está conspirando?
No contesté, permanecí de pie, en posición firme con la vista fija al frente.
El Coronel Macías Camargo, de contextura fuerte, pesada, a simple vista me parecía que media como 1:70 a 1:75 de estatura, se levantó de su asiento y mirando a mi Comandante le dijo “bueno vea que hace con su alzao”.
Acto seguido salió de la oficina.
Mi Comandante me señaló una silla, entendí su invitación a sentarme. Me ofreció un vaso, “sírvase Capitán”, no niego que me sentí aliviado y pensé; ahora vendrá el chaparrón y el castigo.
-Mire Capitán, voy a ser sincero con usted.
-Quiero que solicite la baja alegando motivos de salud debido a los gases, y a las pocas horas de descanso, no le voy a levantar expediente alguno. Yo sé quién es usted, sé lo dedicado que es con la institución castrense. Y por ser un oficial ejemplar nos olvidaremos de lo que pasó hoy.
-Tiene dos días para presentar la baja, la tramitaremos ante la superioridad a la brevedad posible. Y le aconsejo que se aleje de esas amistades que no le conviene, váyase para el llano, ayude a su papá y a sus hermanos con las labores de la finca.
- ¡Puede retirarse Capitán!
Salí cabizbajo, reprimiendo en mi pecho una especie de rabia, de rencor. En mi mente los pensamientos bullían, Iban y venían las imágenes de las concentraciones, de las protestas en las que me tocó reprimir. Ver los heridos, la violación de los derechos humanos de los ciudadanos, las atrocidades que cometían los subalternos.
Me preguntaba; ¿hasta cuándo duraría esta barbaridad?, que pensará mi familia de mí, a sabiendas que tenía que cumplir la órdenes de mis superiores. Y finalmente llegó el día que no aguanté más.
Acuartelado espero que me den de baja, los compañeros me miran de reojo, la tropa busca no toparse conmigo en los pasillos, en las áreas comunes. Soy un no deseado, sé que me vigilan, me llaman al celular, envían mensajes, no contesto. Y opto por no usar el teléfono.
Sexto día, un Sargento me entrega una citación para que acuda a las trece horas al Comando Regional. Me quedan cuatro horas para arreglar las pocas pertenencias personales de las que dispongo.
Ya en el Comando, solo esperé media hora para ser llamado por un Coronel, quién gentilmente me estrechó la mano y en pocas palabras me extendió un sobre y me dijo; “Capitán le deseo mucha suerte en su nueva condición civil”
-Aproximadamente en un mes le depositan lo que el Ministerio de la Defensa le adeuda por los sus años de servicio.
Me acompañó hasta el estacionamiento y me preguntó; ¿y ahora a que se dedicará? “usted es Ingeniero de sistemas, es una profesión muy bien remunerada”. Coronel voy a tomarme unos días para pensar y descansar.
Ya en la autopista diviso una camioneta negra y otra blanca que me siguen a corta distancia, reduzco la velocidad y en la primera salida tomo la rampa, Las camionetas siguen detrás. Maniobro y estaciono en un Centro Comercial. Salgo de mi vehículo y me confundo entre los transeúntes y gano la calle tomo un taxi y le ordeno al conductor que me lleve al otro extremo de la ciudad.
No diviso vehículos sospechosos, le digo al conductor que me deje en la esquina. Bajo del taxi, atravieso la calle camino una cuadra y esta vez solicito los servicios de un moto taxista.
Finalmente llegó a la Residencia donde me alojaré por unos meses.
Recostado en el sofá, veo imágenes por televisión por cable, varios canales de noticias internacionales informan acerca de la protesta y la represión de por parte de la Policía y La Guardia Nacional.
Siento vergüenza. Me remuerde la conciencia de haber comandado acciones, si se quiere, bélicas en contra de jóvenes estudiantes y adultos mayores indefensos, con las únicas armas un escudo, letreros en contra del gobierno y la bandera de Venezuela.
La cantidad de heridos, de asfixiados por los gases y muertos me estremecen el alma. Y cito: “él piensa como yo”
Gbl
12/06/2017
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Una por otra

Enviado por elpoetamarginal  

9 Junio 2017, 04:25

Había una vez en una casa en el bosque, un lobo comprometido que tenia un hambre feroz, porque aquel animal se había peleado con su señora loba y en venganza no le dio de almorzar, entonces salio de su casa en busca de presas para saciar su hambre , y en el camino encontró a un conejo al cual le dirigió la palabra (cabe recalcar que el lobo era un animal de saco y corbata) y le dijo: tenga usted muy buenas tardes señor conejo en esta oportunidad pienso devorarlo para calmar mi hambruna, el conejo asustado en ese momento se puso pálido, pero se le prendió la bombilla y le dijo al lobo señor lobo por el bosque corre el rumor de que usted se peleo con su mujer , y le propuso algo, si llego a solucionar su problema me dejara vivir, entonces el lobo no lo pensó dos veces, porque era un problema difícil de solucionar y acepto. Pero lo que no sabia el lobo es que el conejo tenia un problema similar a del lobo porque el también era mujeriego , entonces se fue en busca de la señora del lobo y después de un trajín la encontró y le dijo disculpe señora loba pero vengo a contarle algo de su esposo , el día que lo encontró a su esposo con otras lobas, su esposo sufrió un accidente, se golpeo la cabeza y perdió la memoria, bueno no del todo pero si algo , entonces la loba se sintió confundida y no sabia si creerle el chisme del conejo , le dio las gracias y se fue camino a su casa en eso el lobo estaba recolectando rosas para sus amadas y justo cuando tenia un ramillete, se encuentran y la loba pensó que era para ella ese ramo de rosas y fue a sus brazos para pedirle perdón y le contó lo que le dijo el conejo, el lobo le siguió la corriente y le dijo que se dio otro golpe y recupero la memoria; es ahí donde el lobo aprende la lección de ser ratón de un solo hueco , cabe recalcar que la loba era un animal de muy buenos sentimientos y aunque era una fiera salvaje , era la mas amorosa de su especie. FIN
Moraleja: "LA SUERTE DE UNOS ES LA DESGRACIA DE OTROS"

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Te amo.

Enviado por gabl  

6 Junio 2017, 22:18


Te escribo esta líneas por que debes saber que;

Te amo, porque me enamoré sin conocerte.
Por el eco de tu voz en mi oído que cautivó sentidos,
opacados y vivos a la espera del sonido que los despertara
del letargo silencioso y olvidado.

Te amo,
porque me enamoré al sentir tu calidez al estrechar la mano
temblorosa que tímidamente entregaste a mí, sonrojada y susurrando pronunciaste tu nombre.
Inaudible, por lo qué pregunté:
¿Cómo te llamas?
¿Rosario?-no señor- María de Jesús.

Te amo,
por tus nombres, benditos e inmaculados.
Seguramente Dios te trajo al camino de mi vida entregada a placeres mundanos.
Envuelta en el pecado carnal desenfrenado Y hoy, reacciono ante tu presencia angelical como un mortal arrepentido pidiendo perdón.
Por eso simplemente ¡Te amo!

gbl
28/11/2016
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El niño que pudo hacerlo

Enviado por dreamerinflight  

28 Mayo 2017, 15:21

EL NIÑO QUE PUDO HACERLO...

Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua. La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.

Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.
Golpeó, golpeó y golpeó hasta que con-siguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.

A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.

Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.

Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.
-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.


Autor anónimo.

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Helen

Enviado por gabl  

26 Mayo 2017, 03:53

Este cuento cuyo comienzo publiqué tal cual como aparece lleva por nombre "Helen"

I.-Recuerdos.
Estoy sumido en los recuerdos de aquellos días que vivimos intensamente al calor de nuestros cuerpos, abrigados por el amor que nos mantenía unidos como un solo ser.. ...
Germán Barrios Leal

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Silencio

Enviado por gabl  

26 Mayo 2017, 00:56

Silencio.
(No lo tomo como cuento mas bien una reflexión)

Mi mente es un caos, no logra ordenar ideas, ni coordinar pensamientos. Ando deambulando sin sentido, errante entre palabras inconclusas que no forman alguna oración o frase, que me permita escribir una línea que le diga a tus ojos la pena que consume mis días.
Estoy perdido en al abecedario como niño deletreando sus primeras sílabas.
La escritura como expresión de mi dolor angustioso no fluye como la tinta de la pluma del poeta. Queda en el aire la inspiración que motiva a plasmar sobre el papel la prosa alegre o llena de nostalgia.
Pero mi mano temblorosa no obedece a los impulsos que le ordena mi yo interior a trazar rasgos que expresen lo que mi voz calla. Hay silencio en mis manos, en mi mente nublada.
Pensativo elevo mi vista al firmamento, al azul infinito manchado de escasas y pálidas nubes que semejan ovejas en pastoreo.
El cielo es cómplice de la incapacidad mental que atormenta la razón e impide que la palabra escrita se manifieste oralmente o que sea el eco del sonido que el corazón emite sin ser escuchado.
¡Cuánto silencio hay en mí alrededor!
gbl
07/04/2017
Derechos Reservados de Autor.

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Helen

Enviado por gabl  

26 Mayo 2017, 00:34

I.-Recuerdos.
Estoy sumido en los recuerdos de aquellos días que vivimos intensamente al calor de nuestros cuerpos, abrigados por el amor que nos mantenía unidos como un solo ser.
Solamente las sábanas húmedas eran testigos mudos de nuestra fusión. Susurro tenue, frases incoherentes, dos corazones latiendo a un solo ritmo.
Nuestra hora, nuestro momento, nuestra entrega, nuestro final.
Llega el alba y con ella la realidad, el tedio, la melancolía, la sensación del abandono físico y espiritual.
Lo tangible, lo etéreo, lo utópico.
El agua fresca de la mañana se lleva de mi cuerpo la huella de tu piel, tu aroma, tus fluidos corporales se mezclan buscando escapar a través del desagüe, formando figuras caprichosas que giran arremolinadas en torno a la boca que se las traga al unísono llevándolas en un viaje sin retorno al torrente de las aguas servidas que se perderán en el mar lejano a mi lar.
II.-Dos meses antes.
Caminaba buscando un lugar para paliar el frío de esa tarde.
Entro a un bar. Solicito un trago sin hielo, decido por un escocés 8 años. Cato la bebida con la punta de la lengua, queriendo que el sabor casi seco amargo llegue a mis papilas gustativas y me incite a sorber más del contenido de aquella copa translucida que deja ver el color dorado pálido del licor.
-A medida que entraba en calor, notó una frágil figura femenina aparecer en el umbral de la puerta, a contraluz el cabello le brillaba tomando la tonalidad del trigo seco. Sus pupilas dilatadas encendieron la curiosidad y al encontrarse con su mirada el corazón aceleraba llevándolo a sentir taquicardia emotiva. Ella se ubicó a unos cuantos pasos de él, por lo que Alberto eludió su mirada escudriñadora y sólo se atrevió a verla de reojo.

1
Después de unos tragos, se atrevió a acercarse a la joven iniciando un breve diálogo. Seguro de la aceptación de su compañía, dominó la relación surgida y obligada por el ambiente reinante en el pequeño recinto. Reían e intercambiaban anécdotas de hechos pasados. Más tarde la pareja salió del local, sonreían, tomados de las manos e iniciaron una pausada caminata. Recuerda Alberto, que cada paso en su andar los incitaban a un corto intercambio de mono sílabos.
Sin llegar a concretar una conversación coherente se miraban a los ojos. Él la acariciaba sin tocarla. Bastaba hacer un recorrido imaginario e intangible por su cuerpo. Su voz lo regresó al presente.
-¿Oye, que te pasa?
-¿Donde están tus pensamientos?
-Regresa al presente!
-En mi cara se dibujó un tímido gesto de sorpresa, a la vez que balbuceé una frase casi inaudible a sus oídos.
¿Que dices?
¡-Nada!
¡Es que pensaba llevarte a mi apartamento!
-Es decir pedirte que me acompañaras a mi pequeño establo.
-Así lo denomino, porque soy un animal más en esta selva de concreto.
-Vamos, estamos cerca, es en Audubon, por la calle 185.
Ya en el calor de mi pequeño apartamento, bebíamos café, procedente de mi amada Venezuela. En el ambiente reinaba el silencio entre nosotros. Roto por la suave melodía que provenía de mi viejo aparato de CD. Una vieja canción “que porque te quiero, son mil cosas a la vez, es estar contigo es buscar tu abrigo, es un no sé qué”…(1)

2
Transcurrieron las horas, dos, tres… sentía su atracción. La abracé de repente, se sorprendió. Allí sellamos nuestra empatía con un beso repentino y deseado.
Lo cual nos sumió en un intercambio de caricias que recorrieron nuestros cuerpos desnudos iniciándose así la entrega deseada. La consumación del deseo mutuo, la fusión de nuestros cuerpos y nuestras almas. El orgasmo se hizo presente, recorriendo cada fibra de su temblorosa humanidad, dos cuerpos en reposo que se sumieron en un profundo sueño. Llegó el amanecer cargado de silencio cómplice del frío que se colaba en la cálida habitación.
El letargo fue interrumpido por un débil rayo solar que iluminó nuestros torsos y suavemente acaloraba el tálamo delator de una noche vivida de pasiones conceptuadas y ¿por qué no? alocadas.

III.-De vuelta al presente.

-De pronto el agua se torna un poco fría, devolviéndolo a la realidad.
Se apresuró en concluir el baño. Desayuna rápidamente buscando ganar tiempo para salir.
En su mente solo está la presencia, la figura, la risa de Helen que hace eco en su cerebro.
Sus encuentros se volvieron más frecuentes, era la necesidad del intercambio de una caricia, de una fusión.
Comenzó un amor apasionado, tierno, sin fronteras.
Alberto y Helen compenetraron más sus corazones, el razonamiento se perdía con las horas vividas, con la intensidad de la fuerza que les daba el tiempo para fundirse en un solo ser.
3

IV.-Un mes después.

Han pasado treinta días y la angustia se hace patética al no saber nada de ti, paso horas en el lugar que solíamos encontrarnos, te he buscado infructuosamente.
Mi mente semeja un huracán de pensamientos confusos.
-“Donde estás?
Te busco y no te encuentro.
Sólo dame una señal,
Y llegaré a ti.”
-Con estas líneas, desliza una nota debajo de la puerta del hogar de Helen. Alberto espera obtener una respuesta, una llamada. Después de un largo deambular por Canal Street y Battery Park, tomó el ferry hacia la Estatua de La Libertad. Permaneció por horas en la isla, lugar que la pareja frecuentaba y solían tomar alguna bebida caliente a orillas de las gélidas aguas del Hudson.
-Era mediado de Noviembre y oscurecía a partir de las cuatro y treinta de la tarde, la temperatura ambiente estaba a -5° C, cuando decidió regresar a Manhattan.
-El rostro de Alberto dejaba entrever tristeza, ausentismo y pesadez emocional en sus actos. La barba de días sin rasurar le estaba poblando poco a poco su tez, su piel marcaba los estragos de la brisa fría que se colaba por el resto de su cuerpo, aunado al escaso abrigo que lo cubría.

4

V.-La Despedida.

Amanece otro día, el despertar cargado de incertidumbre le impide pensar lucidamente. El tono del timbre de la puerta lo saca de su modorra. Encuentra una hoja de papel de color azul, cuidadosamente doblada en dos partes.
Al leer su nombre, el corazón le palpita aceleradamente al reconocer la letra.
“Mi querido Alberto, cuando estés leyendo estas líneas yo habré emprendido el viaje de los que no regresan físicamente pero permanecen espiritualmente en los corazones de las personas que nos amaron, que nos llenaron de alegría y nos hicieron aceptar la inminente partida. Le pedí a mi amiga, que solamente una semana después de haber fallecido, hiciera llegar a tus manos esta misiva.
Cuando nos conocimos me quedaba poco tiempo de vida. Y el destino decidió alargarlo para que compartiera esos días contigo.
Compartirlos y disfrutar de la felicidad y los gratos momentos que me brindaste.
Quiero que me recuerdes sin tristeza en tu corazón, quiero que recuerdes mi presencia en tu vida como algo fugaz y que asumas que algún día nos encontraremos en el lugar que tenemos destinados los mortales cuando dejamos nuestros cuerpos. Y el espíritu se eleva en busca de la paz y la eternidad.
Gracias por esas lágrimas que se escapan de tus ojos y humedecen el papel en tus manos. Para mí es una prueba inmensa de tu amor, sonríe que así me haces feliz.
Te amaré por siempre.
Helen”.

5
VI.-El presente.

Alberto, recuerda cuando llegó a Nueva York.
A raíz de la muerte de su padre, debió viajar en compañía de su madre desde Caracas para asistir a las exequias de su progenitor. Su papá, había nacido cuarenta y tres años atrás en la isla del encanto, Puerto Rico, y desde hace veinte se radicó en Brooklyn. Sobrevivió realizando múltiples oficios y últimamente conducía un taxi que durante más de una década le brindó el sustento diario y periódicamente le mandaba algunos dólares a su hijo.
El destino le trajo a la memoria ese momento pleno de dolor; temía seguir ahondando en los días de tristeza, en la falta de su padre. Y la partida inesperada de su madre, dos años más tarde.
¡Y ahora Helen!

Alberto quedó en shock. Su mente se nubló. Se dejó caer pesadamente en su cama, mientras que las lágrimas brotaban de sus ojos, le nublaron la visión, mojaron sus mejillas hasta llegar a sus labios e inconscientemente probar el sabor salado del líquido que cada vez se hacía más copioso.
Temblorosamente se frotó los ojos. Tragó grueso, su garganta se resecaba.
De sus labios se escapó un no tan sonoro que retumbó en las paredes del pequeño apartamento que pudo haber causado algún daño auditivo de alguna persona cercana a él. Ya en horas de la tarde, muy compungido se asomó por la ventana oteando el azulado y grisáceo cielo.
Tal vez buscaba una explicación o consolación para su alma, para su mente que se había convertido en un torbellino de pensamientos inexplicables e incomprendidos para ese momento. Algo que lo regresara al presente, a la realidad, y así enfrentar el triste y doloroso trance.

6

A lo lejos, el silencio de la tarde fue roto por el eco de una melodía. Tenue pero audible prestó atención a la letra de la canción, no reconoció el intérprete.
Pero se atrevió a tararear parte de la estrofa;

… “Te extraño más que nunca y no sé qué hacer, despierto y te recuerdo al amanecer, espera otro día por vivir sin ti…” (2)

Otro día, otro despertar, otro amanecer sin Helen.
-Que pasará mañana, que hoy estoy sin ti.

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Dama de Negro

Enviado por gabl  

15 Mayo 2017, 22:09

Relato.

"Dama de Negro"

Él no lloraba, solo ahogaba sus lágrimas enjugadas de dolor. Ese mismo dolor que le oprimía el pecho y no lo dejaba respirar. No dormía y sus ojos enrojecidos asomaban el sufrimiento que vivía.
Hubo un tiempo que escribía versos arrancados de la misma vida, heredados del diario transitar de los amoríos fugaces sin pasión y amor real.
Hoy está desolado como el desierto de arenas amarillas, sumido en recuerdos que amargan su existencia. La confusión mental no lo deja ordenar su pensamiento.
Despertó perdido en el tiempo. Bebió agua fresca a la vez que lavó su cara y mojó el cabello encanecido por el cambio causado por el amor perdido. Su único amor que se fue una mañana y se perdió en las horas de espera.
Trascurrieron varios años y una tarde que presagiaba lluvia, caminaba sin prisa cuesta arriba, por su frente como cascada en verano se deslizaban gotas de sudor que bañaban sus ojos obligándolo a cerrarlos y pasar su dedo índice por los párpados para secar el líquido que se acumulaba.
Lo trajo a la realidad una voz femenina que pronunció su nombre; ¡Armando!, ¿eres tú?
Giró su rostro buscando a la mujer. Ante él se plantó una dama vestida de negro adornaba su cuello un collar de finas perlas blancas. De sus labios destacaba el rojo intenso que resaltaba el rostro maquillado.
Él reconoció a esa mujer, y solo dijo, ¡no soy Armando!
“No puede ser, eres igual al Armando que creí reconocer”
-Lo siento Señora, tal vez me confundió.
-Y discúlpeme, debo llegar a mi casa.
“Déjame ayudarte con esas bolsas”
-No se preocupe, falta poco por andar.
¿Seguro que no eres Armando?
-No señora, está equivocada.
Retomó sus pasos al compás que le marcaba su corazón acelerado. Disimuladamente volvió la vista atrás y vio a la mujer, recostada en el auto, no lo perdía de vista.
Se alejó de ella. Y sus recuerdos retomaron su mente confundida. Pero esta vez rechazó envolverse en el amor que se fue una mañana perdiéndose en las horas de espera.

gbl
8/9/2016
Derechos Reservados de Autor

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Contigo y sin ti.

Enviado por gabl  

14 Mayo 2017, 21:51

Contigo y sin ti.
Un año más sin verte, así como la estrofa de la canción que tanto escuchamos juntos. El tiempo se llevó de mí tu rostro, tu sonrisa y borró de mis labios el sabor de tus besos.
La fragancia de tu cuerpo se evaporó en el ambiente sin vida, sin colores, sin matices alegres que destacaban tu presencia.
Hoy me reclamo el por qué te dejé partir, sin una palabra de despedida, sin un adiós, sin pronunciar un te quiero, o escucharte decir: ¡espérame, pronto volveré!
Pero no fue mi voluntad. Fuiste tú quien decidió emprender otros rumbos, cruzar otra frontera, amanecer en otra ciudad y desprenderte de lo deseado, de lo querido.
Quizás te alegre saber que la tempestad cesó, aunque aún esté empapado por la lluvia que se desató en mi corazón y que brotó por los ojos que dejaron de verte.
Puedo presentir que estás a punto de llorar leyendo estas líneas que por designio divino llegaron a tus manos.
¿Sabes por qué?
¡Fue el azar!
El destino que las llevó a ti.
Solo le pido a la vida que te colme de felicidad, que tu soledad no sea tan dura, que sea apacible y pasajera, que puedas acostumbrarte a vivir sin mí, sin recuerdos, sin añorar lo que quedó atrás…
Es hora de saborear el acostumbrado café de las cinco de la tarde, y como siempre servir dos tazas deseando que puedas llegar y acompañarme a degustar la deliciosa infusión.
Es el desvarío onírico que deambula en torno a esta locura transitoria que mitigan mis horas de descanso, haciendo que alucine y despierte desubicado del entorno real.
Pero dime; ¿cuánto cuesta adaptarse al castigo o pena impuesta o el transitar perdido y encontrarse ausente de la cotidianidad? ¿O sumirse en el silencio y escuchar voces que solo existen en la mente?
La página final del libro de mi vida está escrita, como epílogo de la historia que comenzó el día que se cruzaron nuestros signos. Pero aun así no creo que el Universo haya conspirado en contra de nosotros, tal vez esta realidad se hizo latente a medida que fraguabas separadamente el final de tu propia historia y el inicio de la mía como designio de fatalidad.
gbl
29/03/2017
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EL RELATO ES VERÍDICO REAL NARRADO...

Enviado por gabl  

14 Mayo 2017, 21:48

El relato es verídico, real. Narrado, por mi amiga de años, de la
infancia. Separados por la distancia. Nos veíamos ocasionalmente cada
tres o cinco años que ella venía a la capital. Aunque yo en algunas
ocasiones visité su ciudad de residencia, pero no sabía dónde
buscarla. Había perdido toda pista. Después de casi una década y
gracias a la tecnología nos contactamos a través de las redes
sociales. Y así planificamos reencontrarnos en su terruño.

Acordamos almorzar el mismo día que arribé a su ciudad. Apenas me dio
tiempo de tomar un baño, vestirme ligeramente y salir a su encuentro.
No fue difícil reconocernos. Como cambió su aspecto físico!, de una
esbeltez de modelo pasó a ser casi obesa, lo cual contrastaba con su
baja estatura, mas no su belleza, sus rasgos europeos heredados de su
padre, un inmigrante italiano que se quedó en Venezuela, destacaban en
su rostro cuidadosamente maquillado. Con toques rosado pálido
resaltando el contorno de sus ojos. Se atrevió a preguntarme como
estaba mi salud, que pese a mi edad, me veía atractivo… -”no te
sonrojes, que no te voy a seducir, es decir, somos como hermanos”
-dijo ella. Abrazándome nuevamente besó mis mejillas dejando estampado
el rojo carmesí de la pintura que cubría sus finos labios.
Envolviendo mi faz en una rica y suave fragancia que emanaba de su
cuerpo, que recordaba maderas aromáticas y dejaba un grato aroma
silvestre.

Transcurrió el almuerzo. Salimos a pasear. A enseñarme las
construcciones nuevas, centros comerciales, urbanizaciones, hoteles,
sitios de diversión, etc.

Dos días después, en vista que debía regresar a mi casa situada a
750 kilómetros de esta hermosa ciudad, habíamos decidido encontrarnos
en el puerto. Nos sentamos a orillas del mar, en plena arena. Se quitó
los lentes oscuros y sus ojos verdes grisáceos se dilataron al recibir
la luz solar, al tiempo que brotaban algunas lágrimas. Al pronunciar
mi nombre, sentí un dejo de tristeza en sus palabras. -“Tengo que
contarte de mí desordenada vida, sólo busco que alguien me entienda,
que no me juzgue ni condene mis actos. Es la parte oscura que cada ser
ocultamos y castiga pesadamente la conciencia, atormenta nuestros
corazones y nuestros sentimientos”.


Tornó su mirada al mar y pausadamente inició su relato al tiempo que
las olas en su vaivén rompían en la orilla dibujando caprichosas
figuras que desaparecían al sumirse en la húmeda arena.


-Hoy cuando estoy arribando a 62 años de edad de intensa vida plena
de placeres de la carne, desde mis 14 años, nada me asombra en esta
era del siglo XXI. Quien se queje de no tener pareja, de no saber
disfrutar del sexo, de no tener sexo a plenitud, no ha vivido para
vivir gozando del amor que en el diario transitar de nuestras días nos
podemos brindar los seres humanos.



-Que te pueden dañar las críticas de aquellos que están pendientes de
los actos del vecino, o tus mejores amigos que a tu espalda te llaman
perra, bicha y todos los epítetos que se le vengan a su pervertida
mente.

-Sí, pervertidos- dijo enfáticamente- porque se imaginan y comentan
situaciones que yo no haya realizado o cometido. Mi pecado es ser
apasionada, ver el sexo desde otro ángulo. Compartirlo con mi pareja.
Saciarme… Complacerme, complacer. Y por sobre todo dar amor, caricias,
posiciones atrevidas y sólo practicadas en la intimidad de mí ser
ocultas a los ojos y curiosidad de mi círculo social.

-Confieso que soy infiel, siendo fiel a mis deseos, a mis
necesidades, a mi cuerpo. Tenía sexo a mi antojo, en cualquier lugar,
en un apartado rincón, en el carro. Así vivía mi pasión. Envolvía y
apasionaba a mis compañeros de turno. Y así los corría de mi entorno.
Nunca le fui fiel a ninguno. Y gracias a mi posición económica y
social me temían. Mi ritmo libidinoso no lo soportaban por más fuertes
que aparentaban ser. Por dos o tres meses duraban mis parejas. De
relaciones consecuentes se convertían en esporádicas. No me gustaba
que me acosaran, que me celaran, ni muchos menos que se sintieran
dueños de mí. Tampoco aceptaba imposiciones humillantes y machistas.

- Me casé tres veces. Mi primer matrimonio duró un año. El segundo
siete meses y el tercero, ya por nuestra edad, llevamos diez años. Y
por el poco interés que tiene mi compañero por las relaciones
sexuales.

-A mi esposo le disuelvo una pastilla azul y así lo animo… Yo sigo
buscando. Tengo mis amantes secretos y mis fantasías.


-Mis esclavos sexuales!.

-Vivo mi vida y vivo el amor ocasional!



-Y quiero vivir, hasta que mi cuerpo me dé la señal. Y yo comprenda
que la vida no me dará más oportunidades, que llegó la hora final.

-Lamento no haber tenido hijos, así pasaría las tardes con mis
nietos. Tal vez contándoles las travesuras de sus padres, asumiendo mi
nuevo estado.

-Ser Abuela, para consentir y evocar en mis años dorados, la demencia y
el apetito sexual que mis años de juventud y madurez me brindaron a
plenitud.

-Y asumir con dignidad que estoy transitando por la etapa o la era que
me marcó y dejó huellas del diario batallar, que ahora la tercera
edad me obliga al retiro carnal y del pecado”.




Nos despedimos abrazándonos muy suavemente mientras sus lágrimas
mojaban mi hombro derecho. Sin palabras, nos miramos a los ojos, y
sellamos nuestra separación con un beso que la obligó a abrazarme más
fuerte. Deslicé mi mano a lo largo de su brazo, como una suave caricia
que finalizó en la punta de sus dedos. Se dio vuelta y la vi
desaparecer entre los transeúntes que a esa hora caminaban
pausadamente entre los pasillos del Centro Comercial frente a los
locales de los negocios allí establecidos.

En mis manos quedó su aroma, su esencia y en mi mente su estampa que
jugaba con el eco de su voz.


Germán A Barrios Leal
Enero 2012

Este relato es verídico, muy crudo, contado con rabia reprimida
y el arrepentimiento que le carcomía su alma, sus sentimientos. Le
pude convencer que no todo era maldad y pecado. Vivió su juventud y le dio a su cuerpo lo que le pidió. Hoy ha pasado más de un año, su arrepentimiento ha ido quedando en el pasado pero sé que nunca podrá olvidar sus actos...
El Autor.







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