una breve historia de destrucción 

Enviado por gonci   Seguir

3 Marzo 2024, 11:46

Una historia de destrucción
El ocaso se cierne

El rugido del apocalipsis resuena en mis oídos. El cielo, antaño un lienzo azul salpicado de estrellas, ahora es un infierno de nubes oscuras y relámpagos tapados por el humo de la destrucción. La tierra tiembla bajo mis pies, como vasijas rotas se desquebraja. los sonidos y ecos de la destrucción se mezclan con los sonidos de agonía y lamentos de dolor.
En medio del caos, veo un grupo de personas que parecen aferrarse a la esperanza dentro de tanta destrucción. van guiadas por alguien que los dirige, buscando refugio entre las ruinas de un edificio en ruinas que antaño fuera una biblioteca. Me mezclo entre ellos esperando encontrar una razón para tanta destrucción

El final de la vida llega
y parece que nadie se entera.
Seguimos con nuestra rutina
sin notar nada en el ambiente.
El sol se oscurece de forma anormal
y el cielo parece que vaya a estallar.
Las estrellas poco a poco se apagan
y hoy la luna se pinta de rojo sangre.

El mar se agita,
hay marejada alta.
Las flores se marchitan
y los terremotos nos sacuden.

La Biblioteca:

Las gruesas paredes de la biblioteca parecían ofrecer un tenue velo de protección contra la furia del exterior. El polvo y la oscuridad reinan en el interior, apenas se ilumina por las antorchas que portan los supervivientes. El hombre que nos guía, con voz temblorosa, comenzó a leer un antiguo libro. Sus palabras, cargadas de sabiduría, narran la historia de la humanidad y su inevitable caída.

los fragmentos del pasado:

A medida que el hombre nos leía, me sumergía en las páginas del pasado. A través de las historias narradas en los libros, que narraban el auge y la caída de antiguos imperios, la crueldad de las guerras, la desolación de la pérdida de la belleza del arte y de la bondad humana. Cada página me acercaba más a la comprensión del fin, pero también me brindaban un atisbo de lo que una vez fueron.



El aire se envenena,
el aire quema, las ratas huyen.
El ruido se hace ensordecedor
después de una erupción.
El silencio se hace eterno
y el pánico se hace supremo.










La batalla final:

Las fuerzas de la oscuridad, personificadas en los libros apocalípticos, se acercaban a la biblioteca. Armados con el conocimiento del pasado, nos preparamos para la batalla final. un enfrentamiento encarnizado entre la luz y la oscuridad, entre la esperanza y la desesperación.

Manadas de animales huyendo,
pájaros cayendo.
Plantas que se marchitan,
frutos que se pudren,
gusanos saliendo a la superficie


Amanecer incierto:

Al final, solo unos pocos sobrevivimos y salimos de la biblioteca al amanecer. el paisaje que encontramos era desolador, un páramo desolado, sin vida solo ruinas por todas partes.
Yo me separé del grupo de supervivientes, no quería llevar la carga de los demás ni que los demás llevasen la mía, y seguí mi camino.


Los creyentes se aferran a su fe,
los ateos se burlan.
Los coronados se elevan,
los pecadores se hunden.
El fin del mundo ha llegado
y nadie lo ha evitado.
Ahora la vida se ha acabado,
la muerte lo reina todo.

¿En serio, no podíamos haberlo evitado?

.
¿Sueño hostil?
Avanzando a tientas por el bosque hostil, me encontraba al borde de la desesperación. Los sonidos aterradores, las formas fantasmales y el hedor a carne quemada me envolvían en una atmósfera de terror y desolación. La pregunta de si estaba soñando, muerto o atrapado en un infierno me atormentaba sin descanso.

Solo, por la espesura del bosque
Adentrándome cada vez más en la niebla,
Sin ver más allá de la realidad,
Sin saber a dónde iré a parar

Altos pinos de acero me rodean,
Enjambres de matorrales y desechos
Van frenando mis pasos,
hojas como guillotinas
Vuelan por mis lados,
las estrellas, ya no brillan.

Percibo ruidos extraños,
sentimientos desconocidos,
siento frio en el alma y los huesos,
los recuerdos me torturan,
y serpientes de neón me agobian.


El miedo me atenaza como una garra de acero. Sentía un terror que me helaba la sangre y me paralizaba los miembros. No podía moverme, ni pensar, solo sentir el frío que me recorría la espalda y el pánico que me oprimía el pecho. La niebla espesa me envuelve como un sudario, ocultándome el camino. Lo que ayer fueron grandes y altos edificios, ahora solo son chatarra y despojos, recuerdos en la memoria de alguien, solo eso.
La noche oscura y su espesa niebla, no me dejan ver por donde voy ni hacia donde, solo escucho ruidos de acero rompiéndose de casas cayendo. Cuando terminará este caminar sin saber porque ni hacia dónde.



Un Resquicio de Esperanza:
De repente, un tenue destello de luz se abrió paso entre la niebla. Me dirigí hacia una suave fuente de luz. Al llegar, me encontré con una pequeña cabaña de madera medio derruida. La puerta entreabierta parecía invitarme a entrar. Aprete el paso todo lo que mi cuerpo y mis pulmones me permitieron, apenas podía ver entre penumbras la forma de una pequeña casa o cabaña. pude llegar antes que el aire con olor a desesperación dejase de inundar mis pulmones, justo cuando las formas fantasmales, salían de la oscura niebla.

No sé dónde estoy, ni como he llegado hasta aquí,
Mis ojos lloran de escozor por el humo,
y formas fantasmales me envuelven,
Hay algo en el aire que respiro, algo con olor ocre,
Que me hace sentir mareado.


El Refugio:

Con cautela, crucé el umbral de la cabaña. En el interior, encontré a una anciana de aspecto amable y sereno. Me ofreció un lugar junto al fuego y me brindó un plato de sopa caliente. La anciana me habló con palabras tranquilizadoras y me contó historias sobre la supervivencia y la esperanza.


Estoy perdido en este mundo hostil,
Solo, sin saber que hacer ni donde ir,
el miedo me apresa, me oprime
como una serpiente gigante,
que abre sus fauces encima de mí.
La Revelación:

Al escuchar las historias de la anciana, Comprendí que no estaba solo. Sus palabras me llenaron de una calidez que no había sentido en mucho tiempo. Me habló de la importancia de la esperanza y de cómo la humanidad había sobrevivido a los peores desafíos. La humanidad había sobrevivido al apocalipsis, aunque fragmentada y dispersa. La anciana me reveló que el bosque era un lugar de prueba, un filtro para aquellos que buscaban un nuevo comienzo. Me despedí y continué mi camino.

¿Estoy soñando? ¿estoy muerto?
¿Atrapado en un mundo infernal?
No lo sé.
Solo sé que tengo que seguir caminando.


Cuerpos, cuerpos y más cuerpos I

Caigo de rodillas, la tierra húmeda y caliente mancha mis ropas. Un sollozo ahogado brota de mi garganta, un sonido gutural que refleja el dolor que consume mi ser. La pregunta resuena en mi mente, un eco tortuoso: ¿Por qué?

Cielo negro, lleno de cenizas
El sol se rompe bajo el sonido de trompetas.
Aire que duele, con sabor ocre.
Agua que quema cae de las nubes quebradas.
Todo alrededor huele a sangre y sudor.

Odio, sufrimiento y dolor.
Buitres callados van extendiendo sus alas,
Sobre la carne quemada.
Mientras camino, solo veo destrucción.


Un silencio fantasmal se ha apoderado del mundo. Ya no hay gritos de infantes llorando, solo el crujir de las estructuras que aún se mantienen en pie. El hedor a muerte impregna el aire, una peste nauseabunda que me obliga a contener la respiración. Humo negro lleno de figuras fantasmales, sin forma determinada, solo la imaginación se la podría dar, pero creo que son la causa de tanta destrucción.



Mientras camino sin rumbo,
veo que no hay a donde ir.
Mis piernas se doblan por el dolor.
Mis manos tiemblan de terror.
Y noto las cicatrices en el corazón.

Cuerpos y cuerpos y más cuerpos.
donde llega la vista, solo veo cuerpos.
Cuerpos desgarrados, destrozados.
Cuerpos, cuerpos y más cuerpos, abandonados.

Mi alma, quiere escapar de mi cuerpo.
Mi mente no entiende.
¿que está sucediendo?
Quiero escapar de esta destrucción.

Pienso en Dios y en todas las cosas buenas que han desaparecido por egoísmo, por envidias por religión.
No hemos sabido respetar a la humanidad ni a nuestro planeta, ni hemos sabido apreciar jamás lo que teníamos, ahora, lo hemos destrozado todo y solo nos queda llorar con el alma tanta desolación y soledad.


Cunas destrozadas
Cochecitos de bebé estrellados.
Mesas con los platos puestos.
Habitaciones con las camas hechas.

Y cuerpos, cuerpos, muchos
cuerpos abandonados.
cuerpos destrozados.
cuerpos desgarrados.

Lloro sangre
Mi corazón no puede más.
Mi cuerpo ya no quiere.
no puede caminar.

Y yo me pregunto,
¿Por qué? ¿Qué hemos hecho tan mal?
¿Qué hemos hecho para merecer esto?
¿Es esta la venganza de Dios?


Cuerpos, cuerpos y más cuerpos II

Parece que Dios, está dormido o ha huido.
Mientras intento arrastrar mi cuerpo
Mis piernas, troncos de plomo,
se niegan a obedecer.
Mis pies, llagas abiertas,
apenas rozan el suelo.

Tengo que moverme, no puedo terminar así
en un mundo destrozado lleno de dolor
y lejos de todo amor.
Aún sigo escuchando los gritos y sollozos
el aire quema con olor a ocre
en medio de tanta destrucción.

Me vienen a la cabeza las historias de la amable viejecita, historias del Armagedón, que se desató sin ninguna razón, solo por el absurdo motivo de que unos pocos querían demostrar su poder y su superioridad sobre los demás. Porque yo soy mayor, yo tengo más que tú, mis misiles alcanzan más o tengo que probar la energía atómica. Malditos estúpidos, que jugaron con la vida de millones de inocentes, que arrasaron con la naturaleza y la belleza del planeta, que sembraron el odio y el miedo en el corazón de la humanidad. Malditos estúpidos, que no supieron valorar lo que tenían, que no aprendieron de la historia, que no escucharon la voz de la razón. Malditos estúpidos, que nos condenaron a todos a un futuro incierto y sombrío, que nos robaron la esperanza y la alegría, que nos dejaron un legado de cenizas y lágrimas.


Veo algo de luz a unos 400 metros de mí.
Entorno los ojos y puedo ver que es una hoguera,
¡¡Y gente alrededor, parece que están bailando!!?
Sí, están bailando alrededor del fuego
Y en el centro de ellos, Una figura alta gruñendo.

Me arrastro en su dirección, me araño la cara, las manos.
Mis pantalones ya solo son jirones de algo
que hace ya tiempo fuera ropa
ya ni me acuerdo desde cuando los llevo puestos.
Intento acercarme un poco más, pero un trozo de chatarra cae.

El ruido me asusta, y me quedo quieto escondido
Una manada de cuervos sale volando y
un buitre Aterriza a mi lado, No me gusta nada como me mira
¡¡¡largo, largo de aquí, aún no estoy muerto!!!
Lo espanto moviendo los brazos lo único medio sano que me queda.

Desde donde estoy, puedo ver lo que pasa,
Cuento 12 personas más la figura que gruñe
Están danzando una grotesca danza alrededor del que gruñe
Lanzando cánticos que no logro entender
Después de un rato, caen al suelo desmoronados.

El que gruñe se gira, parece que me ha visto
Me acurruco más aún entre los matorrales, que ya me hieren
Pero no, parece que no y vuelve a girarse y
a mirar a los que tiene caídos a sus pies
parece, dudar con que hacer.

Los demás renuevan los cánticos que sigo sin poder entender
Y comienzan una fiesta grupal donde todo es sexo y violencia.

Dios, donde estás, como puedes permitir esto.
¿Cómo pudiste permitir tanto odio y maldad?
Que pasó, por qué tanta destrucción,
¡Por qué permitiste a la maldad!
¿Sobreponerse al bien?

¿Por qué? Tanto odio, ¿por qué Tanto dolor?


Mientras observo la grotesca escena, una ola de náuseas me invade. Mi cuerpo, exhausto y dolorido, se rebela. Cierro los ojos con fuerza, deseando con cada fibra de mi ser despertar de esta pesadilla. Un zumbido comienza a resonar en mi cabeza, creciendo en intensidad hasta que se convierte en un rugido ensordecedor. De pronto, una luz cegadora me envuelve por completo.

Al abrir los ojos, me encuentro en un lugar completamente diferente. Un campo verde y exuberante se extiende ante mí, bañado por la luz dorada del sol. El aire es fresco y puro, y el canto de los pájaros llena mis oídos. Me incorporo, sintiendo una renovada energía en mis músculos. Me miro las manos las, y en lugar de las heridas y la mugre, veo una piel sana y tersa.

Un escalofrío me recorre la espalda. ¿Era todo un sueño? ¿O acaso he sido transportado a otra realidad? A lo lejos, diviso una figura que se aproxima. A medida que se acerca, reconozco a la anciana de mirada serena y sonrisa bondadosa.

"Bienvenido", me dice con voz suave. "Has pasado por una gran prueba, y tu fuerza interior te ha permitido superarla."

Confundido, le pregunto qué ha pasado. La anciana me explica que el mundo que presencié era una creación de mi propia mente, un reflejo de los miedos y la oscuridad que anidan en mi interior. "La destrucción que viste era el resultado del odio y la violencia que consumes a diario a través de las noticias, las redes sociales y las conversaciones con personas negativas", me dice.

"Pero ahora", continúa, "tienes la oportunidad de elegir un nuevo camino. Puedes enfocarte en la belleza que te rodea, en la bondad que existe en el corazón de las personas y en la esperanza de un futuro mejor."

En ese momento, comprendo que la anciana tiene razón. Tengo el poder de crear mi propia realidad, de elegir el tipo de mundo en el que deseo vivir. A partir de ese instante, decido enfocarme en lo positivo, en la luz que aún brilla en la humanidad. Y con esa determinación, emprenderé un nuevo camino, un camino de paz y de esperanza. Pero no sé qué me deparará el futuro. Solo sé que estoy dispuesto a luchar por un mundo mejor.



FIN

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